
El argentino volvió a sostenerse en un partido al límite, dejó atrás dos definiciones perdidas y cerró en Bucarest el mayor título de su carrera.

Mariano Navone dejó de correr de atrás en el momento más pesado de la semana y terminó levantando en Bucarest el primer título ATP de su carrera. El bonaerense venció al español Daniel Mérida por 6-2, 4-6 y 7-5 y transformó una final incómoda, cambiante y llena de sobresaltos en la victoria más importante de su recorrido profesional. No fue sólo un trofeo: fue el punto en el que una serie de buenas semanas encontró por fin un cierre grande.
El resultado le dio forma a una cuenta que Navone traía abierta desde hacía tiempo en el circuito. Llegó a Bucarest con dos finales ATP perdidas sobre la espalda, una de ellas justamente en este mismo torneo en 2024, y ahora encontró una salida distinta en su tercera definición en la categoría. El título, por eso, no quedó reducido al valor estadístico de un campeonato nuevo: también cerró una deuda que empezaba a pesarle cada vez que el cuadro lo depositaba en domingo.


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La final nunca le permitió instalarse del todo en una zona cómoda, ni siquiera cuando parecía encaminada. Navone dominó el primer set, dejó escapar el segundo y en el tercero volvió a quedar apretado cuando Mérida se adelantó 3-1, antes de que el argentino encadenara cuatro juegos seguidos para recuperar el mando. Cuando sacó 5-3 para cerrar el partido tampoco pudo resolverlo, de modo que el título llegó después de otro giro más y no a partir de una recta final tranquila.
Ese vaivén terminó exponiendo una diferencia importante entre el Navone que había quedado a mitad de camino en otras finales y el que apareció esta vez en Rumania. Después de desperdiciar sus primeras oportunidades y de cometer una doble falta en uno de sus match points, no salió del partido ni se entregó al desorden del cierre. Volvió a quebrar, sostuvo la calma en el duodécimo game y recién ahí pudo sellar, en dos horas y 17 minutos, un triunfo que exigió más cabeza que desahogo.
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La victoria también quedó atravesada por el desgaste con el que llegó al último partido. El sábado, en semifinales, Navone había sobrevivido a un duelo de tres horas y 32 minutos contra Botic van de Zandschulp, en el que salvó dos match points antes de meterse en una nueva definición. Ese antecedente inmediato volvía todavía más pesada la exigencia física del domingo, porque el argentino no venía de una semana lineal sino de una acumulación de partidos al límite.
Del otro lado tampoco había un rival liviano ni una final de transición. Mérida llegó desde la clasificación, disputó en Bucarest la mejor semana de su carrera y alcanzó su primera final ATP después de haber aterrizado en el torneo sin victorias a nivel tour. Ese recorrido obligó a Navone a jugar contra un rival en crecimiento, con rodaje acumulado y sin la presión que suele recortar el margen de los favoritos en una definición de este tipo.
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El título, además, le cambió de inmediato la posición desde la que seguirá la gira sobre polvo de ladrillo. La ATP marcó que, con esta consagración, Navone subió hasta el puesto 42 del ranking en vivo y volverá al Top 50 por primera vez desde febrero del año pasado. La victoria, entonces, no le dejó solamente una foto con el trofeo: le devolvió también una franja de ranking que había perdido y que en esta clase de semanas vuelve a pesar en sorteos, cuadros y expectativas.
Lo de Bucarest quedó, además, enmarcado en un fin de semana poco habitual para el tenis argentino en el circuito ATP. Mientras Navone peleaba y ganaba en Rumania, Román Burruchaga alcanzaba la final de Houston y Marco Trungelliti hacía lo propio en Marrakech, una coincidencia que empujó a tres argentinos a definiciones de torneos ATP en los mismos días. El dato amplificó el valor de la consagración de Navone, porque no apareció aislada sino dentro de una producción argentina muy visible en el arranque de la gira de arcilla.
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Navone salió de Bucarest con algo más estable que una alegría de una semana. Ya no carga con la marca de las finales perdidas ni con la sensación de haber quedado siempre a un paso cuando el torneo se cerraba, y eso modifica de arranque el punto desde el que jugará lo que viene. Ahora la presión cambia de lugar: ya no pasa por estrenar un título ATP, sino por sostener el nivel que por fin le permitió convertir una gran semana en un campeonato.
Fuente: NA, ATP Tour, Reuters.

















