
Sapag dijo que Vaca Muerta evita un rojo de US$20.000 millones en plena crisis energética
Actualidad05/04/2026
REDACCIÓNBajo la crisis que disparó la guerra y el bloqueo de Ormuz, Jorge Sapag sostuvo que el shale neuquino evita importaciones millonarias y sostiene divisas.

La discusión sobre Vaca Muerta volvió a correrse este domingo del terreno estrictamente petrolero para meterse de lleno en el frente más sensible de la economía argentina: los dólares. Jorge Sapag planteó que, si el país tuviera que salir a comprar afuera el gas y el petróleo que hoy produce localmente, las reservas del Banco Central no alcanzarían. En esa cuenta ubicó el costo en no menos de US$20.000 millones, una cifra que usó para medir el peso concreto que el yacimiento tiene sobre la macroeconomía.
La afirmación apareció atada a un contexto internacional que dejó de ser un telón de fondo para convertirse en parte del argumento central. Sapag vinculó el papel de Vaca Muerta con la crisis energética global que, según describió, se profundizó a partir del bloqueo del estrecho de Ormuz, en medio de un conflicto que golpeó el flujo energético mundial. “El bloqueo del estrecho de Ormuz genera una crisis energética. Hay países que ya están trabajando en distintos aspectos de generar energía como el carbón o la energía nuclear”, señaló.


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Desde esa lectura, el ex gobernador neuquino no habló sólo de recursos disponibles bajo tierra, sino de una plataforma capaz de amortiguar un shock externo. Sostuvo que hoy el yacimiento aporta alrededor del 70% del gas y del petróleo que produce la Argentina, y ubicó esa magnitud como un factor de contención frente a un mercado internacional alterado. En su formulación, ese volumen le da al país una base propia para sostener consumo, producción y márgenes de maniobra en un momento de presión global.
Sapag llevó esa defensa un paso más allá al afirmar que el no convencional neuquino permite resolver lo que definió como un problema de tres puntas. “Es la que permite resolver el denominado triple trilema energético, que es tener energía segura, asequible a precios razonables y, además, con cuidado ambiental”, remarcó. La frase condensó una idea que excede la coyuntura bélica: para él, la discusión no pasa sólo por abastecer, sino también por hacerlo con precios manejables y con una base de sustentabilidad.
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El otro costado que subrayó fue el impacto sobre la caja externa. “Ayuda a la balanza de pagos, a tener divisas y a ahorrarlas porque si tuviéramos que importar el gas y el petróleo no alcanzarían las reservas del Banco Central para hacerlo”, sostuvo al describir el efecto del complejo energético sobre el equilibrio de la economía. Esa combinación entre producción local, sustitución de importaciones y alivio sobre reservas fue el corazón de su mensaje, bastante más que una defensa abstracta del potencial geológico.
A partir de ese presente, Sapag proyectó una escena de mayor escala para los próximos años. Con el ritmo actual de récords mensuales de producción, estimó que el sector podría aportar hacia 2030/2031 unos US$30.000 millones netos al país en la balanza comercial. No lo presentó como una promesa desligada de las condiciones actuales, sino como una continuidad posible de un proceso que, a su juicio, ya muestra volumen, consenso y efecto económico.
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En su reconstrucción política del fenómeno, el origen del proyecto no aparece como una iniciativa nacida directamente en la Casa Rosada, sino como una estrategia provincial que con el tiempo cambió de escala. Recordó que el impulso a los no convencionales comenzó en Neuquén para captar recursos estratégicos y que luego “se convirtió en una estrategia de Estado que adoptaron los distintos gobiernos nacionales”. Esa continuidad, en su planteo, explica por qué hoy la discusión alrededor de Vaca Muerta dejó de girar alrededor de su conveniencia y pasó a concentrarse en cuánto más puede rendir.
Sobre ese punto, Sapag describió un cambio de clima respecto de los años de mayor disputa. Dijo que hoy la dirigencia está “calibrando” la magnitud de esa riqueza para llevarla a su máxima potencia y contrastó ese momento con los choques de 2013. “Es ganar por donde se lo mire; ningún dirigente de ningún partido político podría estar oponiéndose, como nos ocurrió en 2013”, afirmó, en una definición que mezcló respaldo político, balance histórico y conveniencia económica.
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También volvió sobre uno de los episodios más discutidos de la historia reciente del sector: la expropiación de YPF. Sapag recordó que le transmitió a Cristina Kirchner sus reparos sobre aquella decisión y sostuvo: “Le manifesté que la expropiación de YPF iba a demorar las inversiones. Nosotros creíamos que había otras salidas y otras soluciones, pero se eligió ese camino”. Aun así, aclaró que el desarrollo actual se está logrando, según su mirada, bajo parámetros de sustentabilidad social, ambiental y económica.
La intervención del ex mandatario neuquino dejó así una idea más concreta que simbólica. Para Sapag, Vaca Muerta no funciona sólo como reserva energética ni como emblema de exportación futura, sino como una pieza que hoy ya le evita a la Argentina una sangría externa difícil de absorber en un contexto internacional inestable. El punto pendiente, bajo esa lógica, ya no pasa por demostrar su valor estratégico, sino por sostener el ritmo que permita convertir ese alivio actual en una fuente estructural de divisas.
Fuente: NA.
















