Con el 10% anual casi agotado en tres meses, el Gobierno necesita que abril enfríe los precios

Política05/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Marzo volvió a moverse cerca del 3% y el primer trimestre ya rozó la meta anual oficial. Por eso la Casa Rosada apuesta a un abril más calmo.

Luis Caputo
Luis Caputo

El margen para mostrar alivio se achicó mucho más rápido de lo previsto. Los precios acumularon entre 9% y 10% en el primer trimestre, una cifra que ya roza casi por completo el 10,1% anual que el propio Gobierno dejó plasmado en el Presupuesto 2026. Con ese dato sobre la mesa, abril dejó de ser apenas otro mes del calendario y pasó a convertirse en una prueba concreta para la principal promesa económica de Javier Milei.

Las estimaciones privadas de marzo coincidieron en un punto incómodo para la Casa Rosada: la inflación volvió a quedar cerca del 3% mensual. Equilibra la calculó en 3,3%, Empiria en 3,2%, Libertad y Progreso en 2,9%, C&T en 2,7% y OJF también en 2,7%. La dispersión no cambia el cuadro central, porque todas las mediciones describen un mes sin alivio visible y con un ritmo parecido, o apenas peor, al de febrero.

Dentro de esa foto, el combustible aparece como uno de los motores más pesados de marzo. El trabajo de Equilibra atribuyó la aceleración de 0,4 puntos frente a febrero exclusivamente al alza de los combustibles, vinculada a la guerra en Medio Oriente. La señal es importante porque explica, al mismo tiempo, por qué el Gobierno eligió intervenir allí sin tocar formalmente su discurso general de disciplina fiscal y de no intervención.


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Lo que busca ahora el equipo económico es una baja más notoria que las vistas en los últimos meses. El índice mensual no perfora el 1,5% que había marcado en mayo del año pasado, y la desinflación que el oficialismo exhibía como logro estable empezó a mostrar tropiezos a partir de mediados de 2025. Por eso el Presidente salió a sostener que la inflación “se va a caer como un piano”, una frase que no funciona sólo como pronóstico, sino como necesidad política ante un sendero que se volvió más empinado.

La primera herramienta elegida para intentar torcer abril fue el frente energético. El Gobierno decidió congelar los impuestos a los combustibles y aceptar una pérdida de recaudación equivalente a entre 150 y 200 millones de dólares por mes, una concesión que muestra hasta qué punto está dispuesto a cuidar el índice sin resignar del todo su relato de superávit. El movimiento, aun así, quedó a mitad de camino: no aumentó esos impuestos como marca la normativa, pero tampoco los bajó, algo que hubiera amortiguado mejor el salto del 20% que tuvieron los combustibles durante marzo.


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La otra pata de ese intento aparece en los biocombustibles y en el acuerdo de hecho con las petroleras. La Secretaría de Energía flexibilizó requisitos técnicos de calidad para permitir un mayor uso de bioetanol y, además, redujo el precio del biodiésel por el retroceso del tipo de cambio. Al mismo tiempo, y sin una intervención oficial explícita, el Estado aprovechó su presencia en YPF para empujar un entendimiento “entre privados” que evita trasladar durante 45 días las variaciones internacionales del petróleo al surtidor.

Ese esquema funciona como una clase de crédito a futuro para el consumidor. Las petroleras no suben ahora, pero cuando el petróleo afloje tampoco retrocederán de inmediato los precios locales, de modo que la contención de hoy se paga con margen perdido mañana. Para el Gobierno, sin embargo, la prioridad está clara: necesita que abril muestre una desaceleración visible y que el dato mensual le devuelva algo de aire después de un arranque de año mucho más exigente de lo que esperaba.

A favor del oficialismo juega que varios de los motores que empujaron marzo no tendrían el mismo peso este mes. Combustibles, educación y transporte en el AMBA no repetirían en abril la presión que sí ejercieron pocas semanas atrás. A eso se suma un tipo de cambio planchado en torno a los $ 1.400, la compra de dólares por parte del BCRA y la expectativa de que la cosecha gruesa de soja empiece a reforzar la oferta de divisas en el corto plazo.


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También hay otro componente que el Gobierno observa en silencio: los salarios siguen corriendo por detrás de los precios. Esa pérdida de poder adquisitivo enfría parte del consumo y ayuda a contener remarcaciones en algunos rubros, aunque el costo social de ese freno quede del otro lado de la foto. En alimentos, por ejemplo, LCG estimó una variación de 2,3% en marzo y señaló que en dos semanas hubo incluso descensos, un dato que alimenta la expectativa oficial de un abril menos cargado.

El frente externo vuelve a colarse a través de la guerra y de sus efectos sobre la energía, mientras una posible suba de tasas en Estados Unidos puede golpear el clima financiero que necesita el plan para sostener dólar quieto, combustibles contenidos y expectativas ordenadas. Abril puede darle al Gobierno el primer retroceso fuerte en casi un año, pero también puede exponer lo frágil que sigue siendo un esquema que depende de muchos factores a la vez para que el alivio finalmente aparezca. 

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