El caso Adorni ya desbordó la defensa oficial y recalienta la interna libertaria

Política05/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La Rosada mostró respaldo político, pero el problema siguió creciendo sobre tres frentes a la vez: Justicia, Congreso y la disputa de poder dentro del oficialismo.

Milei y Adorni de espaldas imagen generada por LA17
Milei y Adorni de espaldas imagen generada por LA17

La semana dejó una postal incómoda para el Gobierno: cuanto más buscó blindar a Manuel Adorni, más visible quedó que el conflicto ya no pasa sólo por su situación personal. El respaldo de Javier Milei y Karina Milei no alcanzó para enfriar la pelea entre sectores del oficialismo, y el tema volvió a derramarse sobre áreas donde el poder real se juega todos los días: los tribunales, el Congreso y el reparto de influencia dentro de la Casa Rosada. El propio cable de Noticias Argentinas plantea que la interna “volvió a tomar temperatura” aun cuando las distintas tribus coincidieron en sostener al funcionario.

El trasfondo inmediato es el caso Adorni, que sigue abierto por la investigación sobre los vuelos privados a Punta del Este y por la discusión sobre quién afrontó esos costos. La Justicia ordenó medidas para determinar quién pagó ese viaje, y en los últimos días aparecieron nuevas facturas y testimonios que volvieron a poner el foco en Marcelo Grandio, amigo del jefe de Gabinete. En paralelo, Milei lo recibió en Olivos y volvió a exhibirlo en actividades oficiales, una señal de respaldo que buscó ordenar hacia afuera lo que hacia adentro sigue sin resolverse.


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Ese respaldo, sin embargo, no cerró la discusión política. El texto fuente ubica de un lado a Karina Milei junto a Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem, y del otro a Santiago Caputo, en una convivencia cada vez menos coordinada y con pocas coincidencias de fondo. Otros reportes publicados en los últimos días van en la misma dirección y describen que el desgaste del caso Adorni volvió a activar la disputa entre el karinismo y el sector que responde al asesor presidencial, una pelea que ya no se limita a una diferencia de estilos sino al control de resortes concretos del Gobierno.

Uno de los capítulos más sensibles de esa pelea apareció con la filtración del video de Adorni caminando con Marcelo Grandio en una pista de aterrizaje de San Fernando. Según el material base, dentro del oficialismo circularon dos lecturas enfrentadas: en el entorno de Karina se empujó la idea de una “venganza” ligada al corrimiento de Sebastián Amerio del área de Justicia, mientras que otras voces libertarias rechazaron esa hipótesis y apuntaron a filtraciones surgidas de la PSA. La importancia política de ese episodio no está solamente en la filmación, sino en que funcionó como disparador visible de una guerra de sospechas entre sectores que comparten gobierno pero ya no actúan con la misma lógica.


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El segundo terreno donde la interna quedó expuesta fue Justicia. La salida de Sebastián Amerio y la llegada de Juan Bautista Mahiques al ministerio consolidaron un movimiento de poder que distintas crónicas le atribuyen a Karina Milei, con el objetivo de quedarse con una caja de herramientas decisiva en tribunales y concursos. LA NACION describió que el desplazamiento de Amerio sorprendió al universo de Santiago Caputo y que, con Mahiques y Santiago Viola, la secretaria general se quedó con el control del área; al mismo tiempo, otras coberturas señalaron que el desembarco del nuevo ministro amplificó la incomodidad del otro sector oficialista.

En ese punto, el cable suma otra capa de conflicto: las diferencias por los nombres de jueces y fiscales que empezaron a aparecer en los pliegos para cubrir vacantes federales. Esa tensión no parece menor, porque el Gobierno prometió enviar al Senado un lote importante de candidaturas y, según LA NACION, la lista responde a la impronta de Mahiques y no a la arquitectura que había dejado el esquema anterior. Cuando la interna se traslada a los pliegos judiciales, la pelea deja de ser una cuestión de egos y pasa a tocar la construcción de poder de mediano plazo.


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El tercer frente quedó abierto en el Congreso con la pelea por la Ley de Financiamiento Universitario. El material base sostiene que dentro de La Libertad Avanza hubo reproches contra quienes apostaron a obtener un fallo judicial favorable para evitar el costo de sostener un acuerdo legislativo, y esa lectura tomó fuerza después de que la Cámara Contencioso Administrativo Federal confirmara la cautelar que obliga al Gobierno a aplicar la norma. La resolución judicial, informada por varios medios el 31 de marzo y el 1 de abril, no sólo obligó a recalcular la estrategia oficial frente al sistema universitario, sino que además abrió un nuevo pase de facturas sobre quién empujó una salida que finalmente no le dio resultado al Gobierno.

Dentro de ese cuadro, Adorni aparece como algo más que el funcionario cuestionado del momento. El cable sostiene que Karina Milei lo considera un hombre propio, “probo” y, sobre todo, “muy leal”, mientras que en el universo de Caputo también lo valoran porque funcionó como un dique frente a las aspiraciones de los Menem sobre la Jefatura de Gabinete. La disputa, entonces, no gira sólo sobre si el jefe de Gabinete resiste o cae, sino sobre qué equilibrio interno se rompe si su posición se debilita.

Lo que hoy se ve en la Rosada es una pelea más ancha, donde el caso Adorni actúa como acelerador de una pulseada por lugares, cobertura judicial, estrategia parlamentaria y control político del Gobierno. Mientras el oficialismo insiste en mostrar unidad, la crisis deja al descubierto algo bastante más profundo: el problema ya no es sólo defender a un funcionario, sino administrar una interna que cada semana encuentra un nuevo terreno para hacerse visible.  

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