Textiles bajo presión por importaciones a valores irrisorios en plena caída fabril

Actualidad06/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un informe privado detectó que el 76% de los kilos importados del sector textil llegó con valores subdeclarados, en un mercado ya golpeado.

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Una remera declarada a u$s0,01, unos $14, alcanza para explicar por qué el sector textil volvió a encender una alarma que ya no discute sólo competitividad, sino también verosimilitud. El dato apareció en un informe privado citado por Ámbito, que describe un avance masivo de la subfacturación en importaciones de la cadena textil. Lo que asoma detrás de ese registro no es una rareza estadística, sino una distorsión que corre el piso de precios en todo el mercado.

El número más pesado del trabajo no está en la anécdota de una prenda casi regalada, sino en la escala del fenómeno. Según el relevamiento, el 50% de las operaciones textiles se hizo bajo subfacturación, pero cuando la medición se traslada al volumen físico el peso del problema sube al 76% de los kilos importados. Esa diferencia muestra que el corazón del desajuste no pasa sólo por la cantidad de despachos, sino por el volumen real de mercadería que entra al país con valores muy por debajo de los de referencia.


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La radiografía por eslabones deja todavía menos margen para minimizar el problema. El informe citado por el medio señala subfacturación del 75% en materias primas, 81% en hilados, 74% en tejidos planos, 93% en tejidos de punto, 51% en confecciones y 67% en prendas. En total, el cálculo habla de 330 millones de kilos subfacturados dentro de toda la cadena de valor.

Los ejemplos concretos ayudan a entender por qué la discusión dejó de ser técnica y pasó a ser política. Abrigos de fibra sintética que entre 2023 y 2024 se declaraban a u$s11,84 ahora figuran a u$s2, y prendas de algodón que antes ingresaban a u$s21 hoy aparecen a u$s1. Sobre ese fondo, la frase recogida por Ámbito condensa la objeción más brutal: “Puede haber márgenes de facturación discutibles, pero decir que importaste una remera a $14 no es ni siquiera verosímil”.


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El punto de fricción con el Gobierno aparece donde los industriales ubican el origen del cambio de conducta. El artículo afirma que la aceleración de estas maniobras coincide con la eliminación de valores criterio y con el desarme de controles aduaneros que antes funcionaban como umbral mínimo. Esa lectura no figura como una denuncia aislada: la Federación de Industrias Textiles Argentinas ya había alertado en febrero que más del 70% de las importaciones ingresaba con valores inferiores a los antecedentes del sector.

El daño, además, no queda encerrado en la discusión empresaria porque también toca la recaudación. Ámbito vincula la subfacturación con una caída de los ingresos asociados al comercio exterior, y los datos oficiales de ARCA muestran que en marzo los derechos de importación y otros crecieron apenas 16,5% nominal, una variación que quedó muy por debajo de la inflación interanual. Cuando el valor declarado se achica, no sólo se abarata artificialmente la mercadería: también se reduce la base sobre la que se cobran IVA, Ganancias, tasa estadística y derechos de importación.


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Ese efecto fiscal convive con otro más visible para la producción: la industria textil compite contra precios que no puede igualar sin romper su propia estructura. El mismo texto fuente encadena esa presión con una manufactura que sigue sin encontrar piso, y la UIA informó que la actividad industrial cayó 3% interanual en febrero y acumuló ocho meses consecutivos de retroceso. En ese marco, el ingreso de mercadería declarada a valores irrisorios deja de ser un problema comercial puntual y se transforma en una palanca adicional de deterioro fabril.

La discusión también expone una asimetría en la forma en que el Gobierno administra precios e incentivos. El artículo plantea que la Casa Rosada actúa con pragmatismo cuando busca contener combustibles o ordenar el tipo de cambio, pero mantiene una línea rígida frente a evidencias de competencia desleal en importaciones. Allí aparece otra cita del sector que funciona menos como lamento y más como diagnóstico de interlocución rota: “Lo hemos planteado, pero lo cierto es que en Economía no le prestan demasiada atención a estas cuestiones”.


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La gravedad del cuadro no depende solamente de cuántas prendas baratas cruzan la Aduana, sino de qué tipo de economía terminan moldeando esos valores. Si una remera puede ingresar declarada a un centavo de dólar, el problema ya no es únicamente quién vende más barato, sino qué parte del comercio exterior empieza a operar por fuera de cualquier parámetro razonable. Lo que queda abierto es si el Gobierno seguirá leyendo eso como un efecto colateral tolerable de su apertura comercial o si, frente a una industria en retroceso y una caja fiscal más flaca, finalmente decidirá volver a mirar la frontera.

Fuente: Ámbito.

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