
En Puerto Madryn, estudiar Turismo en U.N.P.S.J.B. dejó de ser solo una opción académica para convertirse en una puerta directa al mundo laboral. A más de una década de su creación, la carrera de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco empieza a mostrar resultados concretos: graduados que ya trabajan en el territorio, estudiantes que se proyectan y un crecimiento sostenido que no pasa desapercibido.

Lejos de quedarse en el aula, la formación se conecta con una ciudad donde la actividad turística es constante. Puerto Madryn no solo recibe visitantes, también forma a quienes después los reciben, y ese ida y vuelta empieza a consolidarse con el paso de los años. La directora de la carrera, Mariela Blanco, lo resume desde su experiencia docente y de gestión.
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“Ha crecido mucho y se sigue incrementando la cantidad de ingresantes”, señala, al describir un proceso que se sostiene en el tiempo. La propuesta incluye dos trayectos, una Tecnicatura de tres años y una Licenciatura de cinco, que comparten una base común. Esa estructura permite que los estudiantes definan su recorrido sin perder continuidad.
El impacto no se mide solo en números. También aparece en historias concretas como la de Micaela Lefinao Navarro, que atravesó todo el trayecto académico y hoy trabaja en la administración del Área Natural Protegida Península Valdés. Su paso por la universidad se combinó con prácticas y pasantías que terminaron abriendo puertas.
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“Comencé como informante… y hoy estoy trabajando en gestión y planificación”, cuenta sobre un proceso que la llevó del contacto directo con visitantes a un rol más estratégico. Ese cambio refleja uno de los ejes de la carrera: formar perfiles capaces de intervenir tanto en territorio como en la toma de decisiones.
El recorrido académico también deja huella en quienes todavía están cursando. Mateo Porchelo transita el último tramo de la licenciatura y ya piensa en seguir formándose. Para él, completar ambas instancias no es solo un objetivo personal, sino una herramienta concreta para ampliar oportunidades.
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“Ser Licenciado te abre las puertas”, afirma, y menciona desde la posibilidad de emprender hasta el acceso a roles de mayor responsabilidad. La formación, además, empieza a despertar interés por la investigación, un campo que gana terreno dentro del turismo.
En una ciudad atravesada por la actividad turística durante todo el año, la inserción laboral aparece como una ventaja evidente. Hotelería, agencias, áreas protegidas y gestión pública son algunos de los espacios donde los egresados encuentran lugar. Pero también hay un desafío más amplio: diversificar la oferta.
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Desde la carrera apuntan a generar nuevas experiencias que permitan sostener el movimiento turístico más allá de las temporadas fuertes. “Desarrollar nuevas oportunidades… nos va a permitir cortar la estacionalidad”, explica Blanco. La idea no es saturar el mercado, sino profesionalizarlo.
El plan de estudios, por su parte, combina teoría y práctica desde el inicio. Los estudiantes atraviesan materias vinculadas a las ciencias sociales y al turismo, junto con prácticas que se mantienen a lo largo de toda la carrera. Esa dinámica exige compromiso, pero también construye experiencia real.
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Quienes ya pasaron por ese proceso coinciden en un punto: no hay un único camino. Cada trayectoria es distinta y está atravesada por dudas, tiempos propios y decisiones personales. “Cada proceso es de cada uno”, resume Micaela, al recordar su recorrido.
A diez años de su creación, la carrera no solo celebra su crecimiento, sino también el lugar que empieza a ocupar en la ciudad. En un destino donde el turismo es parte de la identidad, formar profesionales locales ya no es un complemento: es una necesidad que empieza a consolidarse.

















