
Las grandes empresas ya cargan sobre el consumidor el costo de la guerra arancelaria
Actualidad06/04/2026
REDACCIÓNUn relevamiento de KPMG mostró que cada vez más compañías trasladan los aranceles a precios finales, aun fuera de los bienes alcanzados por Trump.

El impacto de los aranceles de Donald Trump dejó de quedar encerrado en planillas de importación y empezó a sentirse con más claridad en la góndola. Un número creciente de grandes empresas ya decidió descargar sobre el precio final buena parte de ese costo extra, en un movimiento que transforma una disputa comercial en una presión más directa sobre el bolsillo del consumidor. La señal más fuerte del nuevo escenario no está sólo en la política de Washington, sino en la velocidad con la que las compañías dejaron de absorber pérdidas para rearmar sus listas de precios.
El dato más contundente del informe de KPMG marca que el 34% de las firmas encuestadas ya traslada a los consumidores más de la mitad del costo de los aranceles. La cifra pega más por su recorrido que por su valor aislado: en mayo de 2025 ese porcentaje era del 13%, y en septiembre había subido al 21%. El trabajo fue realizado entre 300 ejecutivos de compañías con ingresos superiores a US$1.000 millones, lo que le da al resultado el peso de una muestra sobre grandes jugadores del mercado y no sobre casos marginales.


OTRAS NOTICIAS:
La presión no parece agotarse en lo que ya pasó. Más de la mitad de los ejecutivos consultados, el 55%, anticipó aumentos de precios de hasta 15% en los próximos seis meses, lo que muestra que la corrección todavía no terminó. En otras palabras, muchas empresas ya pasaron del impacto inicial a una segunda etapa, donde el traslado a precios deja de ser una reacción puntual y se convierte en una política más estable frente a costos que consideran persistentes.
Hay otro rasgo del informe que vuelve más áspero el cuadro inflacionario: el traslado no se limita a los bienes alcanzados de manera directa por los aranceles. KPMG detectó que el 37% de las empresas aumentó precios en productos no afectados por esas medidas, y que otro 19% aplicó subas incluso por encima del impacto específico de los costos de importación. Eso significa que la lógica del ajuste se expande más allá del producto gravado y contamina el resto del portafolio comercial, como suele ocurrir cuando las compañías buscan recomponer márgenes en bloque y no línea por línea.
OTRAS NOTICIAS:
Ese cambio de conducta empresaria aparece resumido en una frase del propio informe. “La carga de los aranceles ahora recae directamente sobre el consumidor”, advirtió Brian Higgins, referente del área de manufactura industrial de KPMG en Estados Unidos. El ejecutivo agregó que, aunque al principio muchas firmas absorbieron el golpe en sus márgenes, ahora la mayoría está rediseñando su política de precios para convivir con presiones de costos que ya no leen como transitorias.
La consecuencia no se ve sólo en los precios, sino también en la actividad. El 82% de las compañías relevadas reportó una caída de sus ventas externas, mientras que el 61% reconoció una baja en el mercado estadounidense. Esa combinación vuelve más delicado el momento porque junta dos fuerzas que suelen chocar entre sí: subas de precios para defender rentabilidad y ventas en retroceso por enfriamiento de la demanda.
OTRAS NOTICIAS:
El cuadro se complejiza todavía más por el marco legal en el que se mueve esta política comercial. La Corte Suprema de Estados Unidos anuló en febrero los aranceles globales más amplios que Trump había impuesto bajo la IEEPA, al considerar que había excedido su autoridad, pero esa derrota no cerró la historia. El propio presidente reaccionó con nuevas medidas y avanzó después con otros aranceles, incluido un nuevo gravamen global del 10% bajo otra base legal, lo que mantiene viva la incertidumbre regulatoria que las empresas siguen mirando con recelo.
Por eso el centro del problema ya no pasa solamente por si un arancel entra o sale por decisión judicial, sino por la imposibilidad de planificar con horizonte claro. El informe de KPMG fue relevado entre febrero y marzo, justamente en un momento atravesado por el fallo de la Corte y por la búsqueda empresaria de recalcular inversiones, precios y estrategias de abastecimiento. Cuando las reglas cambian en medio del juego, la reacción más inmediata de muchas compañías suele ser una sola: cubrirse con precios más altos.
OTRAS NOTICIAS:
Sectores como el comercio minorista y los bienes de consumo aparecen entre los más expuestos a esa dinámica, porque trabajan con cadenas productivas largas, múltiples proveedores y productos difíciles de aislar del resto del costo operativo. Ahí los aranceles no operan como un recargo quirúrgico, sino como una señal que obliga a revisar toda la estructura de precios. El consumidor termina recibiendo el impacto no sólo del impuesto comercial en sí, sino también del miedo empresario a quedarse corto frente a la próxima corrección.
La foto que deja este relevamiento no es la de una economía que sólo discute comercio exterior, sino la de un mercado donde la inflación encuentra un nuevo canal de transmisión. Las grandes empresas ya no están discutiendo si absorber o no el golpe de los aranceles, sino cuánto pueden pasar al precio final sin quebrar del todo sus ventas. Lo que queda abierto es hasta qué punto esa estrategia podrá sostener márgenes sin seguir empujando un deterioro adicional del consumo en los próximos meses.
Fuente: Ámbito, Reuters, KPMG, SGB Media.





Quiénes accedieron a los créditos más altos: el ranking con nombres y cifras












