
El Espacio Incaa de Puerto Madryn retoma sus funciones 2026 este viernes 10 de abril con “Nuestra tierra”, una película atravesada por memoria, violencia y justicia.

La cartelera del Espacio Incaa de Puerto Madryn volverá a encenderse este viernes 10 de abril a las 21 horas y lo hará con una película que llega cargada de peso político, recorrido internacional y una historia real de enorme densidad. La reapertura de la programación 2026 no eligió un título de paso ni una apuesta menor para su primer movimiento del año. La sala del Teatro de la Rosada arrancará esta nueva etapa con “Nuestra tierra”, el nuevo trabajo de Lucrecia Martel.
La elección del film marca también el tono de esta vuelta. El espacio local retoma funciones con una obra que ya atravesó festivales de gran escala como Venecia, Toronto, Nueva York, Camden y San Sebastián, y que además obtuvo el premio a Mejor Película en el BFI London Film Festival. Esa trayectoria previa coloca a la primera función del año en un lugar singular, porque no se trata solo de un estreno esperado, sino de una película que llega a Madryn después de haber construido prestigio en el circuito internacional.


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“Nuestra tierra” pone en el centro un episodio brutal ocurrido en 2009, cuando un hombre y dos cómplices intentaron desalojar a integrantes de la comunidad indígena Chuschagasta, en el norte argentino. En ese contexto, y mientras reclamaban la propiedad de la tierra, asesinaron al referente comunitario Javier Chocobar. El crimen, además, quedó registrado en video, un dato que vuelve todavía más estremecedor el punto de partida de la película.
El film no se detiene solo en el asesinato ni en el impacto inmediato del hecho. La película sigue la espera de la comunidad por justicia y reconstruye el largo trayecto que llevó hasta el juicio oral, que recién comenzó en 2018, casi una década después del crimen. En ese recorrido aparece una de las tensiones más fuertes del relato: durante todos esos años, los responsables siguieron libres mientras la comunidad sostenía protesta, memoria y reclamo.
Martel articula ese proceso a partir de una combinación de materiales que empuja la película hacia un territorio más amplio que el del expediente judicial. La obra enlaza voces y fotografías de la comunidad con imágenes de tribunales para mirar el caso dentro de una historia más larga de colonialismo y despojo de tierras. Esa construcción no reduce el asesinato a un hecho aislado, sino que lo inserta dentro de una trama histórica, política y territorial que viene de mucho antes.
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El valor de la película también se sostiene en el tiempo que demandó su elaboración. La gacetilla remarca que se trata del resultado de más de 14 años de trabajo y de una investigación exhaustiva, un dato que ayuda a entender la dimensión del proyecto y el modo en que la directora siguió el derrotero de la comunidad hasta el juicio. Esa persistencia le da al film una densidad poco frecuente y lo vuelve, al mismo tiempo, una pieza cinematográfica y un archivo de una larga espera.
La primera función del año en el Espacio Incaa aparece así asociada a una decisión curatorial clara. Volver con una película de Lucrecia Martel, atravesada por conflicto territorial, violencia contra una comunidad indígena y una demora judicial de casi nueve años, significa abrir la temporada con una obra que interpela y no solo entretiene. La reapertura del ciclo 2026 encuentra su fuerza justamente en esa combinación entre cine de autora, tema urgente y proyección pública de un caso que excede largamente la pantalla.
El regreso del espacio también recupera para la ciudad un punto de acceso cercano a un tipo de cine que muchas veces circula de manera más restringida. La función será en el Teatro de la Rosada, ubicado en Paulina Escardó 187, y la boletería abrirá 15 minutos antes de la proyección. La propuesta mantiene además una política de entradas con precios accesibles y descuentos para jubilados, un detalle importante para sostener la sala como un espacio abierto a públicos diversos.
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La nueva temporada del Espacio Incaa de Madryn arrancará, entonces, con una película que llega cargada de prestigio, pero también de conflicto y memoria. La historia de Javier Chocobar, la espera de la comunidad Chuschagasta y la mirada de Martel convierten a esta primera función en algo más que un regreso de cartelera. El viernes, la pantalla volverá a abrirse en la ciudad con una obra que pone en primer plano una pregunta persistente sobre tierra, poder y justicia en la Argentina.
















