
Javier Moya describió un derrumbe del empleo en la construcción, advirtió que muchos obreros ya piden ayuda para comer y pidió preparar mano de obra para lo que venga.

La crisis de la construcción en Chubut entró en una fase más cruda y más social, donde el problema ya no pasa sólo por la falta de obra o la caída del empleo, sino por la necesidad inmediata de sostener a trabajadores que dejaron de cubrir lo básico. Esa fue la definición más fuerte que dejó Javier Moya, secretario general de UOCRA, en una entrevista propia realizada desde el móvil de #LA17, al describir un escenario de desocupación creciente, bolsas de trabajo saturadas y compañeros que hoy llegan al gremio a pedir una ayuda alimentaria. En ese cuadro, la capacitación dejó de ser un discurso de mediano plazo y empezó a funcionar como una de las pocas herramientas concretas para intentar no quedar afuera de lo que venga después.
Moya explicó que la actividad fue una de las más golpeadas desde el cambio de gobierno nacional y ubicó el punto de quiebre en la desaparición de la obra pública financiada por la Nación. Según planteó, ese vacío no puede ser compensado ni por el Estado provincial ni por los municipios, de modo que el impacto sobre el empleo fue directo y profundo. La frase con la que sintetizó ese proceso fue clara: “Fue un golpe muy duro el que recibió nuestra actividad”.


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Los números que puso sobre la mesa ayudan a dimensionar esa caída. Moya afirmó que hoy el gremio tiene 1.380 personas anotadas y agregó que en febrero registraban 590 para el subsidio, mientras que en marzo esa cifra trepó a 980. Esa aceleración, según su lectura, muestra que cada vez más trabajadores buscan en el sindicato un lugar donde ser escuchados y alguna forma de contención frente a una parálisis que se extendió mucho más de lo que se esperaba.
La parte más dura de la entrevista apareció cuando dejó de hablar de cifras y pasó a describir lo que encuentra todos los días en la sede gremial. Moya sostuvo que antes muchos afiliados llegaban con problemas para pagar servicios, pero que ahora la urgencia cambió de nivel y se volvió más elemental. “La gente no tiene para comer”, dijo, y enseguida agregó que también están viendo “gente en situación de calle”, una combinación que corre el foco desde la caída de la actividad hacia una crisis social abierta entre trabajadores de la construcción.
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Ese deterioro se explica, según el dirigente, por un doble freno que ya no recae sólo sobre la obra pública. Moya reconoció que la obra privada todavía existe, pero advirtió que bajó con fuerza respecto de años anteriores y que hoy no mantiene el mismo ritmo de edificios ni la misma absorción de mano de obra. Para explicar ese retroceso habló del costo del metro cuadrado, de una inflación fuerte medida en dólares y de desarrolladores que frenaron decisiones a la espera de que se acomoden los valores.
Frente a ese panorama, el gremio decidió concentrarse en un terreno donde todavía puede intervenir con alguna iniciativa propia: la formación laboral. En la reunión que mantuvieron con la Secretaría de Trabajo y con presencia del Gobierno provincial, UOCRA avanzó en una instancia de capacitación vinculada al steel frame, una tecnología constructiva que gana espacio dentro del sector. Moya explicó que ya se está formando a 19 mujeres en Trelew para prepararlas en esa nueva modalidad, bajo la idea de que los momentos de crisis también obligan a anticiparse a los cambios de oficio y a las demandas que aparecerán más adelante.
La apuesta del sindicato, en ese sentido, no se limita a esperar una reactivación genérica, sino a leer dónde puede abrirse trabajo concreto en el corto y mediano plazo. Moya mencionó que muchos hoy están mirando la obra petrolera en Sierra Colorada, pero señaló que el gremio intenta poner el foco en lo que vendrá después, sobre todo en tareas de mantenimiento que exigirán otro perfil de trabajador. Por eso insistió con la necesidad de adelantar capacitación y dejar armado un plantel que pueda responder cuando la actividad empiece a moverse de nuevo.
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El dirigente también destacó que esa búsqueda obliga a tejer acuerdos con otros sectores de la sociedad y no sólo a esperar decisiones desde arriba. En ese marco valoró la presencia de hoteleros en la reunión reciente y explicó que las mujeres que se están capacitando harán tareas en una obra que ese sector está por iniciar. La definición que dejó sobre ese punto muestra el camino que intenta recorrer el gremio: “ir generando acuerdos con distintos sindicatos” y también con espacios empresariales para abrir pequeñas oportunidades en medio de una crisis grande.
La esperanza de una recuperación más amplia, sin embargo, sigue atada a decisiones estatales que todavía no llegan. Moya sostuvo que la obra pública “en algún momento se tiene que dar” porque el Estado no puede quedar ausente de cuestiones estructurales como rutas, viviendas e infraestructura básica, y usó como ejemplo el deterioro visible de la traza entre la región y Buenos Aires. También mencionó la expectativa por el inicio de las 26 viviendas del gremio de Luz y Fuerza, una obra que atraviesa su etapa administrativa y que podría abrir algo de empleo cuando finalmente se ponga en marcha.
















