
La Universidad del Chubut arrancó el año con un crecimiento de 900 a 2.000 alumnos en el ingreso
Chubut09/04/2026
REDACCIÓNLa universidad provincial atraviesa un año de fuerte crecimiento en matrícula y prepara una Semana de la Ciencia abierta para vincular investigación, barrios y comunidad.

La Universidad del Chubut arrancó el año con un dato que cambió su escala en la provincia: pasó de matrículas que se movían entre 900, 1.100 y 1.200 estudiantes a un ingreso de alrededor de 2.000 alumnos y alumnas. Ese salto, planteado por las autoridades de la sede de Puerto Madryn, no quedó aislado como una cifra de inscripción, sino que fue presentado como parte de un movimiento más amplio en el que la institución ya trabaja a pleno en docencia, extensión e investigación. La escena que hoy intenta mostrar la UDC es la de una universidad que ganó volumen en un contexto económico duro y que ahora busca convertir ese crecimiento en presencia territorial concreta.
Esa expansión, según explicó Marcelo Ortega, delegado de la sede local, se apoya también en una diferencia estructural respecto de otras casas de estudio que dependen del financiamiento nacional. En la entrevista realizada en #LA17, sostuvo que “tener un presupuesto por parte de la provincia es distinto” y que esa base permite ir resolviendo parte de las dificultades con el correr del tiempo. A eso sumó otro elemento que para la universidad hoy resulta central: la articulación con lo público, con lo privado y con una red interinstitucional que, según dijo, vuelve “un poco más llevadero” el funcionamiento general en una coyuntura atravesada por restricciones.


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El crecimiento de la matrícula, además, no fue leído sólo como un dato administrativo, sino como un síntoma social. Ortega planteó que el contexto socioeconómico empuja a muchos estudiantes a quedarse en la provincia y a elegir trayectos formativos que combinen accesibilidad con salida laboral más rápida. Su explicación fue concreta: hay jóvenes que antes podían irse a estudiar afuera y hoy toman otra decisión para “ahorrar un peso”, eligiendo carreras como Enfermería, que en la UDC ofrecen un título intermedio de tres años y la posibilidad de ingresar antes al mercado de trabajo.
La oferta académica que hoy aparece mejor posicionada dentro de esa demanda es justamente la que articula formación profesional con necesidades sociales directas. Ortega mencionó el movimiento que generaron carreras nuevas como Terapia Ocupacional y la continuidad de trayectos ya consolidados como Enfermería y Guardaparque, dentro de una universidad que intenta fortalecer perfiles vinculados al cuidado, la salud y el ambiente. En esa combinación entre necesidades del territorio y tiempos más breves de titulación parece asentarse una parte importante del interés que este año sorprendió incluso a la propia institución.
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La otra cara de ese mismo proceso es la decisión de abrir la universidad hacia afuera y presentar la investigación como una herramienta pública antes que como un circuito cerrado de especialistas. Esa idea quedó expuesta en la convocatoria a la Semana de la Ciencia, una actividad que la UDC realizará el viernes 10 de abril, de 15 a 18 horas, en su edificio de Alem 1573, dentro del espacio de la biblioteca, abierta a toda la comunidad. La iniciativa no fue presentada como un acto académico tradicional, sino como una instancia de intercambio para mostrar qué se está investigando, qué resultados ya existen y qué preguntas siguen abiertas.
En ese punto, Rodrigo Jaldo, integrante del equipo técnico de investigación, precisó que la jornada reunirá proyectos ligados a temas muy diversos, pero todos vinculados con problemas concretos del territorio. Enumeró investigaciones sobre ambiente, salud de la población, acceso a la educación de personas con discapacidad y patrimonio paleontológico de la provincia, y explicó que la intención es “presentar y después intercambiar, debatir” sobre esos trabajos. El trasfondo de esa propuesta es más amplio que una exhibición de proyectos: la universidad quiere discutir también “el rol de la ciencia, el rol de la universidad en este contexto de financiamiento” y defender el valor de la producción de conocimiento con anclaje local.
Uno de los trabajos que mejor expresa esa orientación territorial es el relevamiento sociosanitario que empezará a desplegarse junto a juntas vecinales de la ciudad. Jaldo explicó que el estudio buscará construir un mapeo de necesidades barriales en torno a acceso a la salud, barreras de accesibilidad vinculadas a discapacidad, consumos problemáticos y violencias, entre otros ejes. Ese proyecto suma además otra definición importante: escuchar la voz de quienes viven en los barrios para evitar diagnósticos elaborados desde afuera, con planes que llegan ya cerrados y sin diálogo con la experiencia cotidiana de la comunidad.
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La universidad también intenta correrse de una idea restrictiva de investigación como actividad reservada a docentes o especialistas. Jaldo señaló que los equipos están abiertos a participantes externos, tanto profesionales como personas sin formación previa, bajo una lógica de ciencia ciudadana que busca incorporar saberes, recorridos y aportes surgidos de la propia vida social. Su invitación fue explícita: “cualquier vecino o cualquier vecina que quiera hacer ciencia, que quiera participar en un proyecto de investigación, aunque no tenga experiencia, puede acercarse”.















