
Habló la mamá de Ángel: "Yo no maté a mi hijo. Es más, lo protegí y lo busqué"
Policiales10/04/2026
REDACCIÓNNegó haber agredido al nene de 4 años, apuntó contra el padre biológico y mencionó un embargo por alimentos en plena investigación.

La investigación por la muerte de Ángel, el nene de 4 años fallecido en Comodoro Rivadavia, sumó en las últimas horas un elemento que puede adquirir valor propio dentro del expediente. En su descargo público, Mariela Altamirano rechazó las acusaciones que la rodean y expuso un dato vinculado a la manutención del chico, al asegurar que tenía una cuota alimentaria descontada de su sueldo. Esa referencia, inserta en un relato marcado por denuncias cruzadas y antecedentes familiares, abrió una línea distinta dentro de un caso que hasta ahora se había concentrado sobre todo en la discusión por las responsabilidades penales.
La mujer quedó en el centro de la investigación junto a su pareja, pero todavía no fue imputada, ya que la audiencia de imputación no se realizó. Esa precisión no es menor en términos judiciales, porque define el estado procesal real de la causa y evita atribuir una condición que aún no fue formalizada. Mientras tanto, el fiscal Facundo Oribones pidió información a autoridades de Misiones y Corrientes, provincias donde habría vivido la madre de Ángel, para reunir detalles sobre denuncias previas en su contra.


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En ese escenario, Altamirano buscó instalar una defensa cerrada sobre un punto central: "Yo no maté a mi hijo. Es más, lo protegí y lo busqué". También insistió con otra frase que repitió varias veces ante la prensa: "Yo no maté a mi hijo". Su estrategia pública no se limitó a negar la acusación social que cayó sobre ella, sino que intentó reconstruir una imagen de madre que procuraba recuperar a su hijo para convivir con él y apartarlo de un entorno que describió en términos muy duros.
La mención sobre el dinero destinado a Ángel apareció en ese mismo marco. Altamirano sostuvo: "Yo estaba pasando cuota alimentaria por el nene. No es que ellos me pedían a mí o que yo le pedí a ellos plata: ellos me enviaron una carta de embargo y me empezaron a sacar del sueldo. Yo nunca tuve problema de pasarle plata a mi hijo, porque es mi hijo". Esa afirmación introduce la posible existencia de documentación laboral, judicial o administrativa que podría servir para reconstruir el vínculo entre las partes, el nivel de conflicto previo y el modo en que se canalizaban las obligaciones alrededor del chico.
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Su versión sobre lo ocurrido el domingo también buscó fijar una secuencia exculpatoria. Contó que decidieron despertar a Ángel para llevarlo al baño, que advirtieron que se había orinado y que luego volvió a acostarse, primero en su cama y después con ella. Más tarde, según relató, notaron que no respiraba, comenzó a hacerle maniobras de reanimación, llamó a la ambulancia y salió junto a su marido a pedir ayuda a los vecinos en medio de la desesperación.
Ese relato convive con un dato médico que alteró de lleno la lectura del caso. Aunque en un primer momento desde el hospital se habló de un paro cardiorrespiratorio sin signos evidentes de violencia externa, el informe preliminar de la autopsia indicó que el nene presentaba lesiones internas en la cabeza. A partir de ese hallazgo, el padre biológico, Luis López, fijó una acusación frontal al señalar: "A mi hijo lo mataron", una frase que expuso con crudeza la dimensión del conflicto y la distancia absoluta entre las versiones.
La trama previa a la muerte de Ángel ya venía cargada de episodios judiciales y familiares complejos. Según el material difundido, el chico había pasado casi toda su vida con su padre y con Lorena Andrade, pareja de López, mientras que su madre se había ido a Córdoba y recién volvió a Chubut el año pasado. Pese a ese recorrido, en noviembre la Justicia inició un proceso de revinculación que le otorgó facultades de tenencia a Altamirano, una decisión que hoy queda inevitablemente atravesada por las denuncias previas mencionadas en la causa y por el resultado preliminar de la autopsia.
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La propia Altamirano intentó además correr parte de la mirada hacia López y lo acusó de haber ejercido violencia durante el embarazo y en los primeros meses de vida del nene. Dijo que la atacaba con un cuchillo, que amenazaba con quitarse la vida si ella lo dejaba y que la situación terminó con su salida forzada de la casa y la separación de su hijo. En su versión, ese pasado explica tanto su ida a Córdoba como el trasfondo de una pelea familiar que, mucho antes de la muerte de Ángel, ya estaba lejos de cualquier normalidad.
La tensión también afloró en el hospital, donde hubo un cruce entre las partes mientras el nene permanecía internado. Altamirano dijo que una médica advirtió el nivel de conflicto y pidió que dejaran teléfonos de contacto para informar cualquier novedad, y aseguró además que López insistía para que se dijera que el niño había ingresado con signos de violencia. Sobre ese episodio, sostuvo: "López estaba atacando a la doctora para que diga que mi hijo entró con signos de violencia", mientras ella remarcó que desde el área pediátrica se había comunicado otra evaluación inicial.







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