
El presidente del Consejo de Adultos Mayores advirtió sobre falta de especialistas y cobertura, y sostuvo que las decisiones se siguen tomando en Buenos Aires.

Las quejas por la atención del PAMI en Puerto Madryn volvieron a meterse en la agenda pública con una descripción tan breve como inquietante: hay reclamos, hubo reuniones, pero las soluciones no aparecen. En una entrevista propia realizada desde el móvil de #LA17, Oscar Furci, presidente del Consejo de Adultos Mayores provincial, expuso que los problemas que arrastran los afiliados locales chocan con un límite estructural que no se resuelve en la ciudad ni en la provincia. El eje de su planteo estuvo menos en la denuncia aislada y más en señalar dónde se corta hoy cualquier posibilidad de respuesta efectiva.
Furci explicó que el tema volvió a partir de un reclamo vecinal que apuntó otra vez contra la mala atención del organismo. Esa recurrencia, justamente, fue uno de los elementos más pesados de su intervención: no habló de un episodio nuevo ni de una dificultad puntual, sino de un cuadro que ya se repite y que sigue sin salida. La entrevista dejó ver que el problema ya está instalado en la experiencia cotidiana de muchos jubilados y pensionados de la ciudad.


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El dirigente confirmó que el día anterior mantuvieron una reunión con la directora local de PAMI, pero aclaró que ese paso no alcanzó para destrabar el fondo de la cuestión. Allí apareció una de sus definiciones más fuertes: “vamos a tener que buscar la vuelta de cómo llegar a nivel nacional”. Esa frase ordena toda la lectura del conflicto, porque plantea que la instancia local escucha, recibe y conversa, pero no tiene la capacidad real de resolver los puntos más sensibles que afectan hoy a los afiliados.
Cuando Furci detalló cuáles son esos puntos sensibles, el problema tomó una forma mucho más concreta. Habló de “la falta de especialistas, la falta de cobertura” y agregó que en ese recorrido institucional apenas logran llegar hasta Comodoro Rivadavia, sin encontrar después un canal que abra una solución de fondo. Su conclusión fue tajante: “no tenemos ningún piso de solución para los problemas que nos están aquejando hoy acá en Madryn” desde el ámbito nacional.
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El diagnóstico que trazó sobre el funcionamiento del organismo también fue directo y sin matices. Furci sostuvo que “el PAMI es una organización verticalista, las decisiones se toman en Buenos Aires”, una caracterización que explica por qué, aun existiendo interlocutores intermedios en la provincia, la respuesta concreta queda frenada antes de llegar a quienes la necesitan. La consecuencia práctica de ese esquema fue resumida por él mismo con una frase seca: “Acá no se puede hacer nada”.
Esa impotencia administrativa tiene, en este caso, una dimensión más seria por el tipo de población afectada. Furci pidió que algún legislador nacional de Chubut ayude a abrir una puerta para llegar al doctor Leguizamo, director nacional de PAMI, y planteó que ya no alcanza con reuniones de rutina ni con derivaciones internas que no cambian la situación. En ese punto dejó una frase que condensa toda la urgencia del sector: “los adultos mayores lo que menos tenemos es tiempo”.
El problema no se agota entonces en una deficiencia prestacional, sino en el modo en que esa deficiencia impacta sobre personas que no pueden esperar indefinidamente a que una cadena burocrática se acomode. La falta de especialistas no es una abstracción para alguien que necesita un turno; la falta de cobertura tampoco es una categoría técnica cuando de eso depende una práctica, una consulta o un tratamiento. Lo que Furci puso sobre la mesa fue precisamente esa distancia entre el funcionamiento formal del organismo y la experiencia concreta de quienes lo usan.
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La propia conversación al aire reforzó esa sensación de encierro institucional. Desde el programa se señaló que el tema ya había sido abordado más de una vez y que, aun así, las respuestas siguen estancadas en el mismo lugar: una oficina local que no decide, una escala regional que no alcanza y un nivel nacional al que no resulta sencillo acceder. En esa estructura, el afiliado queda atrapado entre reclamos conocidos y una cadena de mando que no se traduce en soluciones palpables.
















