En la industria láctea “están muy complicados, con los altos stock por falta de ventas"

Actualidad11/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La parte más apretada de la cadena láctea pampeana ya no está solamente en el tambo. El cuadro que describió el director de Ganadería de La Pampa, Marcelo Lluch, ubica hoy el problema más severo en la industria, donde se acumulan productos, se enfrían las ventas y empieza a bajar la compra de leche. En una provincia con 22 industrias lácteas, esa retracción pega sobre un entramado que sostiene empleo local y que, según el funcionario, arrastra un deterioro que se profundizó durante el último año.

Empresa láctea
Empresa láctea

Lluch vinculó ese cuadro con una estructura de costos que se disparó al ritmo de los insumos y con un precio de la leche que no acompañó. “Hoy todos estos problemas que acarrea el petróleo, que los vemos en los combustibles, en fertilizantes, también a ellos le está elevando fuertemente los costos y la leche hace un tiempo que viene estancada”, señaló al describir una actividad que perdió margen incluso antes de discutir una recuperación del consumo. A esa presión se suma otro dato que vuelve más incómoda la coyuntura: la baja liquidez de las empresas también limita cualquier mejora en el valor que reciben los productores.

El funcionario fue todavía más directo cuando comparó los distintos eslabones del circuito. “Dentro de todo el sector lácteo, el productor primario tampoco es el peor eslabón hoy, la industria está mucho más complicada”, afirmó, y enseguida explicó que la foto semanal en las plantas repite la misma escena. “Están muy complicados con los altos stock por falta de ventas. Es un problema grave, entonces se están achicando, están empezando a comprar menos leche también”, agregó, con una definición que desplaza el foco desde la tranquera hacia la capacidad real de la industria para absorber producción.


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Ese freno no impacta igual en todas las empresas. Las más chicas se mueven sobre todo en el mercado local, con volúmenes reducidos y una escala mucho más frágil, mientras que las más grandes salen a buscar mercado fuera de la provincia y chocan con una competencia más dura que antes. Lluch explicó que varias firmas pampeanas colocaban bien en la Patagonia, pero ese canal también se volvió más difícil porque otras industrias de mayor tamaño, sin espacio en grandes centros urbanos, empezaron a disputar territorios donde antes no entraban.

La base productiva, mientras tanto, sostiene un volumen relativamente estable, aunque con una concentración cada vez más marcada. La provincia produce entre 7,5 millones y 10 millones de litros mensuales, con un pico de 10,2 millones en octubre del año pasado, y hoy reúne 118 tambos con unas 22 mil vacas lecheras. Lluch recordó que cuando asumió en 2021 había 130 tambos con prácticamente la misma cantidad de animales, y usó esa comparación para exponer una tendencia que ya se consolidó: “Se han concentrado. Lamentablemente muchas de estas políticas hacen que desaparezca el chico y el grande sea cada vez más grande”.


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El precio al productor, además, no ofrece demasiado alivio frente a esa presión. Lluch ubicó el valor primario en 480/485 pesos por litro, con una baja reciente de 4 o 5 pesos respecto del mes anterior, y descartó que pueda sostener una escalada importante en el corto plazo porque las empresas no tienen resto para pagar más. En esa dinámica, parte del excedente termina en usinas de mayor tamaño, con La Serenísima como captadora de lo que otras empresas ya no toman, un movimiento que confirma que el problema no pasa por falta de leche sino por la dificultad para colocarla y financiarla.

A ese combo se suma una limitación más vieja, pero cada vez más costosa: la falta de mano de obra para sostener la rutina del tambo. Lluch dijo que siempre se busca personal y que no resulta sencillo encontrar gente con continuidad para un trabajo que exige horarios precisos y constancia, porque cualquier desajuste pega directo en la producción. “Si uno ordeña una hora más tarde, son menos litros de leche porque la vaca se estresa”, explicó, antes de enlazar esa dificultad con una apuesta tecnológica que la provincia mira como posible salida parcial.


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Esa apuesta está en la Universidad Nacional de La Pampa, que puso en marcha el primer tambo robotizado de la provincia y espera que empiece a funcionar en breve, una vez cerradas las últimas habilitaciones. Para Lluch, el valor de esa experiencia no pasa solo por mostrar una novedad, sino por formar técnicos y difundir herramientas que mejoren la organización del trabajo sin vaciar los establecimientos de personal. “No suplanta al personal, sino que el personal tiene una actividad mucho más gerencial, más diferenciada, y tiene mejor calidad de vida”, sostuvo.

El sistema, según detalló, permite que la vaca entre sola al ordeñe, que la máquina lea su identificación electrónica y que el equipo ajuste alimentación y rutina de acuerdo con cada animal. Esa lógica rompe con el esquema rígido de horarios y abre una discusión que en La Pampa ya no gira tanto alrededor de la fascinación tecnológica como del repago concreto de la inversión. “Una de las cuestiones que están pidiendo los productores es justamente que les muestren los números”, dijo Lluch, al plantear que el ensayo universitario solo tendrá efecto real si además prueba que el modelo cierra económicamente.

Ese pedido de números aparece en otra parte de su análisis, fuera del segmento estrictamente lechero, pero conectado con la misma preocupación por sostener producción sin perder eficiencia. Al referirse al stock ganadero, cuestionó las fotos de fin de año como herramienta de diagnóstico y defendió la campaña de vacunación de aftosa de marzo-abril como una medición más fiel del rodeo provincial. En esa línea recordó que La Pampa alcanzó su mayor eficiencia en 2023, con más de un millón de terneros logrados sobre 1,4 millón de vacas, y resumió el criterio que hoy intenta sostener en todo el esquema productivo: “Lo importante hoy es no bajar la eficiencia”.

FUENTE: Diario La Arena

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