
La inflación volvió a acelerarse en marzo y el Gobierno apuesta a que abril cambie la tendencia
Actualidad14/04/2026
REDACCIÓNEl IPC marcó 3,4%, subió medio punto frente a febrero y dejó al índice en 32,6% interanual. Ahora el foco oficial está puesto en una desaceleración durante abril.

El nuevo dato de inflación volvió a correr el eje de la discusión económica hacia un problema que el Gobierno esperaba tener más controlado a esta altura del año. El Indec informó que en marzo el Índice de Precios al Consumidor fue de 3,4%, un registro que no solo superó al de febrero, sino que también profundizó una secuencia de meses sin alivio claro en la dinámica de precios. El número dejó al acumulado anual en 9,4% y a la variación interanual en 32,6%, con un salto que volvió a tensionar las expectativas oficiales.
La suba de marzo implicó una aceleración de 0,5 puntos porcentuales frente al 2,9% de febrero. Ese movimiento confirmó que el proceso de desaceleración que el oficialismo venía esperando no logró afirmarse durante el tercer mes del año. Más aún, el dato prolongó una secuencia que ya acumula diez meses consecutivos sin que la inflación baje, un recorrido que empezó a tomar forma desde el 1,9% registrado en julio de 2025.


Dentro de la lectura oficial, marzo quedó explicado por una combinación de factores externos y estacionales que presionaron sobre los precios en varias ramas sensibles. Entre ellos, el texto destaca el aumento del petróleo en medio del conflicto en Medio Oriente y los ajustes en combustibles, además del impacto típico de la vuelta a clases. Esa mezcla terminó empujando costos en rubros ligados al transporte y a los alimentos, y dejó una presión adicional sobre el índice general.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, había anticipado antes de la publicación que el dato de marzo iba a ubicarse por encima del 3%. Durante una presentación en la Bolsa de Comercio de Rosario, señaló que el mes había recibido “un shock con el petróleo” y explicó que la suba internacional del crudo se reflejaba de manera directa tanto en los combustibles como en otros sectores clave de la economía. En ese mismo contexto, también dejó planteada la expectativa oficial para lo que viene al afirmar: “A partir de abril, se viene un proceso de desinflación y crecimiento, se vienen los mejores meses”.
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La apuesta del Gobierno, entonces, quedó desplazada de marzo hacia abril. El diagnóstico oficial es que el pico reciente podría empezar a ceder en las próximas semanas, sobre todo si se sostiene una menor presión en alimentos y bebidas no alcohólicas, uno de los rubros que más complicaron la trayectoria del IPC en meses anteriores. La expectativa no parte solo de una expresión política, sino también de algunos relevamientos privados que, en el comienzo de abril, detectaron una moderación en el ritmo de aumentos.
Uno de esos estudios fue el de LCG, que en la primera semana de abril registró una caída de 0,4% en los precios de alimentos y bebidas en supermercados de alcance nacional respecto de la semana previa. Según ese informe, el retroceso compensó parcialmente la aceleración observada a fines de marzo y permitió que el promedio mensual de las últimas cuatro semanas bajara a 1,6%, es decir, 0,7 puntos porcentuales menos que en la medición anterior.
En una línea similar se ubicó EconViews, cuya medición para la primera semana de abril arrojó una variación promedio de 0% en la canasta de alimentos y bebidas en supermercados. El trabajo destacó una baja de 2,2% en verduras y una suba de 0,6% en bebidas, mientras que el acumulado de las últimas cuatro semanas se ubicó en 2,3%. Esos números alimentaron la expectativa oficial de que abril podría empezar a mostrar un comportamiento menos presionado que el de marzo.
De todos modos, el panorama no quedó completamente despejado. En la segunda semana del mes, Analytica volvió a registrar aumentos en alimentos y bebidas en cadenas de supermercados, con una variación de 0,3%. El informe precisó además que las menores subas semanales se dieron en NEA y Patagonia, con 0,2%, mientras que Cuyo mostró el incremento más alto, con 0,5%. Entre los alimentos, los mayores aumentos se dieron en pescados y mariscos(3,6%) y en azúcar, dulces y chocolates (2,5%), mientras que las frutas bajaron 1%.
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Ese comportamiento mixto deja claro que la desaceleración esperada todavía no aparece como un dato cerrado, sino como una posibilidad en construcción. En el mercado, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ya había mostrado que los analistas más seguidos por la autoridad monetaria esperaban una inflación de 3,1% para marzo y una baja a 2,7% para abril. Aun así, ese mismo sondeo ubicó el retorno al 2% mensual recién en agosto, lo que sugiere que incluso en un escenario de mejora el alivio seguiría siendo gradual.
Lo que se abre ahora es una etapa de observación más exigente sobre si marzo fue un desvío empujado por shocks puntuales o si la inflación sigue encontrando obstáculos para aflojar de manera más consistente. Tanto los datos oficiales como las proyecciones privadas coinciden en que la trayectoria futura seguirá dependiendo de varios factores al mismo tiempo: el ancla fiscal, la política monetaria, el movimiento del tipo de cambio y la evolución de factores externos como la energía. Después del 3,4% de marzo, el Gobierno necesita que abril haga algo más que mejorar el clima: necesita empezar a torcer una tendencia que ya lleva demasiado tiempo sin ceder.














