
Villarruel le devolvió con un insulto a Lemoine y la interna libertaria escaló
Política15/04/2026
REDACCIÓNLa vicepresidenta le respondió con dureza a la diputada oficialista después de que la mandara a callar. La pelea volvió a exponer la fractura libertaria.

La pelea entre Victoria Villarruel y Lilia Lemoine volvió a quedar expuesta sin filtros y con insultos cruzados. Esta vez, la vicepresidenta respondió públicamente luego de que la diputada libertaria la acusara de no haber sido leal y de no poder mantenerse en silencio dentro del gobierno. La frase elegida por Villarruel elevó el tono del choque: sostuvo que Lemoine “escupe huevadas al por mayor”.
El cruce arrancó lejos del Senado y de Diputados, en una publicación de Instagram. Allí, el concejal de Morón Ariel Aguilera mostró en video cómo cortaba fotos de campaña de Javier Milei junto a Villarruel para separarlos, al tiempo que expresaba su respaldo a la vicepresidenta frente a lo que definió como una campaña de ataques y difamaciones. Ese gesto político, que en principio quedó alojado en una historia, salió rápido de ese marco cuando la propia Villarruel decidió repostearlo.


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La secuencia tomó otra velocidad cuando el abogado Hernán Saivane capturó esa publicación y la llevó a X, donde etiquetó al Presidente, a la secretaria general de la Presidencia y a Lemoine. En ese mensaje planteó que, si Villarruel no comparte el rumbo del Gobierno, debía dejar su cargo. Ese traslado de Instagram a X convirtió un respaldo lateral en una discusión abierta dentro del ecosistema libertario, que encontró en Lemoine una respuesta inmediata y mucho más agresiva.
La diputada recogió la publicación y fue directo al ataque. Escribió que a Villarruel “se la votó para ser vicepresidente de Javier Milei” y que “solo tenía que ser mínimamente leal, humilde y callarse 4 años”, antes de rematar con otra descalificación personal: “No pudo. No le dan las neuronas”. Después profundizó esa línea al afirmar que a la titular del Senado “la domina el vicio del poder” y que se creyó en la cima, una construcción que ya no apunta sólo a cuestionar su conducta política sino también a degradarla dentro del propio espacio oficialista.
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La respuesta de Villarruel llegó después de que la socióloga Laura Etcharren saliera a defenderla y cuestionara el pedido de silencio lanzado por Lemoine. La vicepresidenta arrancó agradeciendo esa defensa, pero enseguida usó ese mismo mensaje como plataforma para contestar con dureza. Allí describió a la diputada como una figura con “falta de condiciones para representar el rol para el que fue votada dentro de una lista sábana” y completó el golpe con la frase más filosa del intercambio: “Pedir silencio a los demás cuando ella escupe huevadas al por mayor es una más de sus tantas inconsistencias”.
El episodio no aparece aislado y tampoco puede leerse como una simple riña de redes entre dirigentes con estilos distintos. El texto fuente ubica esta disputa dentro de un diálogo ya totalmente fracturado entre Milei y su vice, un dato que agranda el sentido político de cada mensaje y vuelve más delicado cualquier cruce público. Cuando Villarruel repostea una publicación que la presenta como una figura enfrentada al Presidente y cuando una diputada oficialista le exige silencio por cuatro años, lo que queda a la vista ya no es una diferencia menor sino una ruptura interna expuesta sin disimulo.
La historia entre ambas, además, arrastra varios antecedentes que explican por qué el tono actual no sorprendió del todo. En 2024, Lemoine había cuestionado a Villarruel por no pronunciarse ante la visita de diputados libertarios a represores detenidos en Ezeiza y lanzó al aire una frase de fuerte agresividad. Más tarde la llamó “garrapata” y “sanguijuela”, la acusó de “chupar la popularidad del otro” y en julio de 2025 volvió a embestirla cuando se viralizaron comentarios de la vice contra Milei en Instagram.
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Ese recorrido previo explica por qué este nuevo capítulo tiene un espesor mayor al de una discusión ocasional. Cada intervención suma una capa de deterioro entre dos dirigentes que, al menos formalmente, integran el mismo frente político y ocupan lugares de representación nacional. La pelea también exhibe un rasgo que en el oficialismo se repite cada vez más: disputas de poder, reproches por lealtad y descalificaciones personales expuestas en tiempo real ante la militancia digital y el público general.















