Clausuraron un supermercado por roedores, productos vencidos y elementos fuera de rubro

Chubut18/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La inspección municipal detectó excremento de roedores en depósitos, alimentos vencidos a la venta y mercadería no habilitada dentro del local.

Roedores, vencidos y productos fuera de rubro cerraron
Roedores, vencidos y productos fuera de rubro cerraron

El operativo de Bromatología encontró más que una infracción aislada dentro del supermercado de avenida Alsina, en la zona de La Loma. La inspección detectó excremento de roedores en los depósitos posteriores, una gran cantidad de mercadería vencida expuesta al público y productos alimenticios que no estaban autorizados para la venta dentro de ese rubro. Con ese cuadro, la Secretaría Municipal de Control Urbano y Operativo de Comodoro Rivadavia dispuso la clausura del comercio este viernes al mediodía.

La decisión municipal se apoyó en un hallazgo que tocó dos planos sensibles al mismo tiempo: las condiciones sanitarias internas del local y la oferta directa al consumidor. No se trató sólo de un problema de orden o mantenimiento en zonas de depósito, sino también de mercadería al alcance del público en condiciones irregulares. Esa combinación elevó la gravedad de la inspección y empujó el cierre preventivo del establecimiento.


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El secretario de Control Urbano y Operativo, Miguel Gómez, describió el primer punto crítico con una frase concreta: “los inspectores del área Bromatología, se constituyeron en el lugar y detectaron excremento de roedores en los depósitos posteriores del establecimiento”. Esa constatación colocó el foco sobre el área menos visible para el cliente, pero decisiva para cualquier comercio que manipula y almacena alimentos. La presencia de rastros de roedores en ese sector convirtió la inspección en una señal de riesgo sanitario inmediata.

El segundo tramo del relevamiento agravó todavía más la situación porque trasladó el problema desde el depósito a la góndola. Gómez precisó que “en segundo orden, -continuó-, se constató la venta de sustancias alimenticias no autorizadas dentro del rubro, particularmente productos vinculados al sector de copetín y una gran cantidad de mercadería vencida expuesta al público”. La frase ordena tres irregularidades distintas, pero unidas por el mismo efecto: productos en circulación comercial pese a no reunir las condiciones exigidas.


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Ese detalle sobre el sector de copetín no quedó aislado dentro del acta verbal del funcionario. Sumado a los vencidos y a la situación detectada en depósitos, dibuja un comercio con fallas simultáneas en control interno, habilitación de productos y resguardo sanitario. El problema, entonces, no pasó por una sola mercadería observada en una revisión puntual, sino por una secuencia de incumplimientos que apareció repartida en distintas áreas del local.

La clausura, además, se produjo durante un operativo de rutina y no como respuesta a una denuncia extraordinaria, de acuerdo con la información del texto fuente. Ese dato agrega una lectura importante sobre la intervención oficial: la irregularidad surgió dentro de los controles habituales y no en un contexto excepcional. Bajo esa lógica, la inspección funcionó como una verificación concreta de condiciones sanitarias básicas y terminó revelando un cuadro mucho más delicado del que suele dejar un control ordinario.


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Gómez enmarcó esa tarea dentro de una política de fiscalización con un objetivo más amplio que la sanción sobre un solo comercio. El funcionario señaló que “este tipo de controles forman parte de los operativos rutinarios que se realizan con el objetivo de garantizar la seguridad alimentaria y la salud de la población”. Esa definición conecta la clausura con una preocupación que excede al local inspeccionado: la circulación segura de alimentos en espacios de venta masiva.

La imagen que deja el caso es especialmente sensible porque el supermercado pertenece a un rubro de consumo cotidiano, con mercadería de rotación permanente y contacto directo con vecinos de la zona. Cuando una inspección encuentra productos vencidos exhibidos al público y rastros de roedores en sectores de depósito, la intervención ya no roza un aspecto secundario del comercio. Pasa a tocar el núcleo del vínculo de confianza entre el local y quienes compran allí todos los días.


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También queda expuesto un límite operativo para el comercio clausurado. Antes de cualquier reapertura, el establecimiento deberá revertir las condiciones que motivaron la medida, porque la gravedad del hallazgo no se apoya en una formalidad administrativa sino en condiciones sanitarias y comerciales directamente observadas por los inspectores. Ese es el punto que transforma la clausura en algo más que un acto de control: una interrupción forzada de la actividad por fallas detectadas sobre mercadería y almacenamiento.

Fuente: Diario El Patagónico

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