
La convocatoria internacional ya está en marcha, pero el festival se juega mucho antes: selección, gestión, apoyos y nuevas marcas culturales para Madryn.

Las películas todavía no llegaron a la pantalla, pero MAFICI ya entró en movimiento. En Puerto Madryn, la preparación de una nueva edición del festival no empieza cuando se apagan las luces y arranca la primera función, sino mucho antes, en una trama de visionados, contactos, gestión y decisiones que ocupan casi todo el año. Esa maquinaria volvió a activarse con la apertura de la convocatoria internacional y con un desafío que este año pesa más: sostener el crecimiento del festival en un contexto muy adverso para el cine argentino.
La organización del festival describe un calendario mucho más extenso que los días visibles de proyección. Vale Malatino contó que, una vez terminada cada edición, sigue una etapa posterior marcada por la comunicación con ganadores, jurados y asociaciones, además de todas las formalidades vinculadas a los premios. Por eso explicó que el descanso real se reduce a muy poco tiempo: diciembre y enero, porque desde febrero vuelve a ponerse en marcha la preparación de una nueva edición.


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La convocatoria para este año permanecerá abierta hasta el 1 de junio y se desarrolla a escala mundial a través de plataformas utilizadas por realizadores e industria audiovisual. Ese ingreso de material no se resuelve con una revisión de último momento, porque llegan cientos de películas y el proceso de lectura audiovisual exige una dinámica anticipada. Malatino señaló que, si no empiezan a mirar ahora, no llegan, y detalló que el trabajo se reparte con un equipo de programadores que filtra, preselecciona y hace avanzar los materiales hacia distintas instancias.
Ese recorrido de selección también muestra la amplitud que fue ganando el festival. MAFICI no concentra su propuesta solo en una competencia oficial, sino que arma una programación extensa con óperas primas de ficción, documental ambiental y cortometrajes en sus distintas categorías, a la vez que suma panoramas internacionales, Patagonia, espacios temáticos y actividades en escuelas y barrios. Esa diversidad obliga a pensar el festival como una plataforma cultural mucho más amplia que una cartelera de sala.
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La relación con el público también aparece como una de las razones por las que el festival sigue empujando nuevos formatos. Malatino remarcó que piensan MAFICI desde hace catorce años "para achicar distancias, para que sea Madryn el epicentro de un lugar de encuentro, del cine", y en esa idea conviven funciones, charlas y experiencias que dejan memoria concreta en la ciudad. La edición pasada quedó asociada a nombres como Cecilia Roth, Marcelo Piñeiro, Celeste Cid, Fernán Mirás y Santiago Korovsky, pero también a una respuesta del público que convirtió esas visitas en parte de la historia reciente del festival.
Ese antecedente elevó la vara para lo que viene. Malatino admitió que ahora sienten el reto de alcanzar o superar lo que dejó la edición anterior, tanto por la presencia de artistas como por hitos culturales ya instalados en Madryn, entre ellos el tótem turístico y cultural vinculado a Caballos salvajes. A la vez, volvió a aparecer una imagen que sintetiza el espíritu con el que piensan el festival: recuperar el autocine frente al Golfo Nuevo, una experiencia que definió como una sala natural con una magia distinta a la del cine tradicional.
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El entusiasmo por esa nueva edición convive con un contexto de fuertes limitaciones. La referente del festival describió la situación del cine argentino como "sumamente difícil", atravesada por el no financiamiento de películas y por la crisis que rodea al INCAA. Dentro de ese marco, explicó que MAFICI intenta sostenerse con apoyos, reconocimientos y mucha gestión, aunque dejó en claro que no alcanza con la voluntad del equipo y que el festival necesita acompañamiento para no perder continuidad.
Esa fragilidad no impide que el proyecto siga ampliando su huella. La organización trabaja para que las manos y firmas que artistas invitados dejaron en placas especialmente diseñadas se conviertan en un paseo del cine abierto a la ciudad. Allí aparece otro rasgo del festival: no busca solamente programar películas durante unos días, sino dejar marcas permanentes en el espacio público, sumar patrimonio simbólico y construir una relación duradera entre el cine y Puerto Madryn.
A ese trabajo se agrega otro dato que la propia organización valora mucho: la expansión de la audiencia fuera de la ciudad a través de su plataforma de exhibición. Según relató Malatino, varios realizadores se sorprendieron por la cantidad de comentarios y devoluciones que recibieron desde distintos lugares, algo que amplía el alcance del festival mucho más allá de la experiencia presencial. Esa circulación también explica por qué el esfuerzo no se limita a montar funciones, sino a crear un ecosistema donde las películas encuentren nuevos públicos.
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La nueva edición de MAFICI ya empezó a jugarse, aunque todavía falten meses para su apertura formal. Lo que se define en esta etapa no es solo una programación, sino la capacidad de un festival independiente para seguir siendo una referencia cultural de la ciudad, atraer cine del mundo y dejar algo propio en cada edición. El punto pendiente pasa por sostener esa ambición con recursos, apoyos y gestión suficiente para que Puerto Madryn vuelva a tener, una vez más, un festival a la altura de la expectativa que ya construyó. Fuente:

















