Mafalda llega en serie y Campanella vuelve a la animación con un sueño pendiente

Otros Temas21/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La histórica creación de Quino tendrá su primera serie animada en Netflix, con Juan José Campanella al frente y Gastón Gorali como una de las piezas centrales del proyecto.

Mafalda en Netflix
Mafalda en Netflix

La vuelta de Mafalda no se explica solo como una adaptación más, sino como una operación cultural de enorme escala para la Argentina. La historieta de Quino, que atravesó generaciones y fronteras sin depender de modas ni plataformas, ahora se prepara para dar el salto a una serie animada con ambición global. Detrás de ese movimiento aparecen nombres con peso propio y una historia previa que ayuda a entender por qué este proyecto tomó forma recién ahora.

Uno de los protagonistas de esa cocina es Gastón Gorali, co-guionista, productor y cofundador de Mundo Loco CGI, el estudio que lleva adelante el desarrollo junto a Juan José Campanella. En una entrevista reciente, Gorali reconstruyó cómo empezó a madurar la idea y dejó ver que el impulso no surgió de una moda pasajera, sino de una relación larga con la obra de Quino. La serie, además, marca el regreso de Campanella a la animación después de la experiencia de Metegol.

El punto de partida de esta historia no estuvo en una reunión de negocios, sino en un recuerdo concreto dentro del estudio. Durante la producción de Metegol, Quino visitó el lugar y se encontró con un equipo de artistas, programadores y técnicos que lo recibió con una ovación. Gorali recordó esa escena con una frase que expone el peso simbólico del momento: “El estudio estaba lleno de animadores, programadores, técnicos y artistas de todo el mundo. Cuando Quino entró, todos se pararon en una ovación. Fue conmovedor”.


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Años después, el libro integral de Mafalda seguía apoyado en la recepción del estudio, ya gastado por el sol y por el paso de tantas manos. Ese objeto cotidiano terminó funcionando como disparador de una idea más grande. Gorali contó que un día lo miró y pensó: “Es esto, ¿cómo no estamos llevando esto a nuevas generaciones?”, una pregunta que lo llevó a levantar el teléfono y llamar a Campanella.

La respuesta del director confirmó que no se trataba de una elección menor dentro de su carrera. Según relató Gorali, cuando le acercó la propuesta recibió una contestación cargada de memoria personal: “Sí, esto es lo primero que yo amé, lo primero que descubrí”. Ese vínculo emocional fue decisivo para que Campanella aceptara volver a un terreno exigente, después de haber dicho tras Metegol que no quería dirigir animación otra vez por el desgaste que implicaba.

El proyecto no avanzó de manera improvisada ni con una simple traslación de las tiras al formato audiovisual. El equipo trabajó sobre las dos mil tiras creadas por Quino, las ordenó en una base de datos y las clasificó por temáticas para construir una arquitectura narrativa nueva. Gorali explicó ese proceso con precisión: “Tomamos las dos mil tiras que hizo Quino, las catalogamos todas en una base de datos y trabajamos por temáticas con cada una de las tiras y por supuesto, se crea por sobre eso”.

La adaptación, entonces, no busca una copia literal del material original, sino una traducción respetuosa a una lógica serial. En ese esquema, Campanella ocupa el lugar de showrunner y guionista principal, acompañado por un equipo de escritores argentinos. Gorali también confirmó el estado actual del trabajo y el horizonte de lanzamiento: “Está en plena producción. Sale el año que viene la primera temporada de 10 capítulos”.

Más allá del desafío técnico, la apuesta se sostiene en una certeza que explica la vigencia del personaje. Para Gorali, la fuerza de Mafalda no depende del contexto en el que fue creada, sino de una capacidad extraordinaria para dialogar con públicos muy distintos. Lo sintetizó con otra definición fuerte: “Eso habla de la calidad del material, de la vigencia y de la genialidad de la obra de Quino”.


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La nueva serie aparece así como un puente entre dos momentos de la cultura argentina. Por un lado, recoge una obra clásica que ya había construido un reconocimiento internacional cuando no existían las redes ni la circulación digital actual. Por otro, la proyecta hacia una plataforma global como Netflix, con la intención de presentar ese universo a espectadores que no crecieron con las tiras impresas pero pueden encontrar en Mafalda la misma mezcla de inteligencia, ironía y sensibilidad.

También hay una dimensión simbólica para el propio estudio que impulsa el proyecto. Gorali ligó esta producción con una línea de trabajo que antes ya había pasado por Fontanarrosa con Metegol, y ahora encuentra en Quino otro gran nombre de la cultura nacional. En esa lectura, la serie no solo busca funcionar como estreno atractivo, sino como una nueva muestra de hasta dónde puede llegar una producción argentina cuando trabaja con material propio y con ambición internacional.

Con la primera temporada ya en marcha, Mafalda vuelve a ocupar un lugar central en el presente sin dejar de ser la misma. La serie todavía no llegó a la pantalla, pero ya instaló una expectativa inusual para la animación argentina y para el catálogo latinoamericano de Netflix. Esta vez, el desafío no pasa por demostrar si el personaje sigue vivo, sino por comprobar cómo su mundo puede respirar en otro formato sin perder la voz que lo volvió inolvidable.

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