
Oxford investigó por qué elegimos vivir con animales y encontró una respuesta inesperada
Otros Temas29/07/2026
REDACCIÓNUn estudio con más de 400 casos registrados en 88 especies de primates sugiere que el vínculo con perros, gatos y otros animales podría formar parte de una herencia evolutiva compartida y no ser una conducta exclusivamente humana.

Compartir la vida con un perro o un gato suele entenderse como una elección afectiva propia de las personas. Sin embargo, una investigación internacional encabezada por la Universidad de Oxford plantea que esa necesidad de establecer vínculos con otras especies podría tener un origen mucho más antiguo. El trabajo sostiene que muchos comportamientos que hoy se asocian al compañerismo entre humanos y animales también aparecen de manera espontánea entre distintos primates.
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El estudio, publicado en la revista científica Primates, reunió 427 casos de interacción social entre 88 especies de primates y 127 especies de otros animales. Los investigadores analizaron registros científicos, material audiovisual y observaciones de especialistas para identificar patrones de comportamiento que se repiten en diferentes contextos y regiones del mundo.
Los resultados mostraron que estos vínculos no representan hechos aislados. El juego y el acicalamiento aparecieron como las formas más frecuentes de interacción, aunque también se registraron conductas de cuidado, proximidad física, intercambio de alimentos e incluso adopciones entre especies distintas.
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Uno de los datos más llamativos indica que el 66% de las interacciones comenzó por iniciativa de los primates, mientras que un tercio surgió de manera recíproca entre ambas especies. Apenas un número muy reducido de episodios fue iniciado exclusivamente por animales no primates, lo que refuerza la idea de una búsqueda activa de contacto social.
La mayor parte de las observaciones ocurrió en libertad. De los 427 casos analizados, 310 se registraron en ambientes naturales, donde los investigadores comprobaron que estos comportamientos aparecen sin intervención humana. Además, muchas de las relaciones se dieron entre especies evolutivamente cercanas, aunque también hubo ejemplos con perros, aves, reptiles, ardillas, insectos y otros animales.
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El análisis permitió detectar diferencias según la edad y el sexo de los protagonistas. Los ejemplares jóvenes fueron los que más jugaron con animales de otras especies, mientras que las hembras adultas mostraron una marcada tendencia a acicalarlos y cuidarlos. En cambio, los machos adultos participaron con mucha menor frecuencia en este tipo de conductas.
Entre los episodios documentados aparecen macacos que acicalan perros domésticos en Tailandia, langures que acarician ardillas gigantes en Sri Lanka, monos que juegan con cerdos en China y lémures que cuidan ejemplares de otras especies en Madagascar. También se registró el caso de capuchinos salvajes que adoptaron durante diez meses a una cría de tití en Brasil.
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El profesor Cyril C. Grueter, de la Escuela de Antropología y Etnografía de Museos de la Universidad de Oxford, resumió el alcance del trabajo al afirmar: "Durante mucho tiempo, se ha considerado que los humanos son únicos en la formación de relaciones sociales estrechas con otras especies. Nuestro estudio demuestra que muchos primates también muestran una notable curiosidad, tolerancia e incluso cuidado hacia animales que no pertenecen a su misma especie".
El investigador aclaró que "estos comportamientos no equivalen a la tenencia de animales tal como la conocemos, pero podrían representar algunos de los pilares evolutivos a partir de los cuales surgió la relación de compañerismo entre humanos y ellos". Esa hipótesis abre una nueva línea para comprender el origen de la empatía y de los vínculos que las personas establecen con los animales.
















