
Bajó la pobreza infantil, pero más de la mitad de los chicos siguió siendo pobre
Actualidad22/04/2026
REDACCIÓNUn informe de la UCA mostró que la pobreza infantil bajó en 2025, aunque el 53,6% de los niños y adolescentes siguió en esa condición y crecieron las alertas por alimentación y salud.

La baja de la pobreza infantil en 2025 no alcanzó para cambiar el cuadro de fondo que atraviesa a millones de familias en la Argentina. Aunque el indicador mostró un retroceso respecto del año anterior, el dato sigue dejando un escenario severo: más de la mitad de los niños y adolescentes continuó viviendo en condiciones de pobreza. En ese marco, la Universidad Católica Argentina pidió no leer la mejora como una señal de resolución estructural.
El informe, elaborado a partir de la Encuesta de la Deuda Social Argentina, ubicó la pobreza infantil en 53,6%durante 2025. La cifra marca una baja frente al 59,7% registrado en 2024, pero sigue mostrando que el deterioro social golpea con fuerza sobre las infancias. A la vez, la indigencia alcanzó al 10,7%, un nivel que expone que una porción importante de chicos y adolescentes vive en hogares que ni siquiera logran cubrir consumos básicos.


La medición no se limitó al ingreso y buscó captar también otras privaciones que condicionan la vida cotidiana. Para eso, la UCA utilizó un índice de pobreza multidimensional que incluye variables vinculadas con la alimentación, el saneamiento, la vivienda, la salud, el acceso a la información y la educación. A partir de esa mirada más amplia, el reporte concluyó que la pobreza entre chicos y adolescentes sigue siendo una realidad extendida y persistente.
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Desde esa perspectiva, el estudio advirtió que la mejora observada en 2025 no puede interpretarse como una salida consolidada. “No debemos confundir una mejora coyuntural con la solución de un problema estructural”, planteó el reporte, al remarcar que detrás de la baja del indicador general siguen existiendo privaciones profundas. En la misma línea, la universidad sostuvo que “estos datos reflejan la persistencia de déficits estructurales que condicionan el desarrollo de las infancias, incluso en un contexto de cierta mejora en algunos indicadores sociales”.
Uno de los puntos más delicados del informe aparece en la alimentación. La UCA señaló que tres de cada diez niños y adolescentes no logran alimentarse de manera adecuada, una carencia que atraviesa el presente, pero también afecta el desarrollo futuro. En números concretos, el 28,8% experimentó inseguridad alimentaria en 2025, mientras que el 13,2% sufrió su forma más severa.
El reporte indicó además que esta problemática golpea con mayor fuerza en los hogares de menores ingresos y en el Gran Buenos Aires. Si bien la universidad reconoció que hubo cierta mejora frente a 2024, también dejó en claro que la situación todavía no volvió a los niveles previos a la última crisis. “Si bien estos valores muestran una mejora respecto de 2024, no logran retornar a los niveles previos a la crisis y se mantienen por encima de la década de 2010”, sostuvo el trabajo.
En ese escenario, la asistencia alimentaria alcanzó un nivel récord. Según el estudio, el 64,8% de los chicos y adolescentes recibió algún tipo de ayuda vinculada con la alimentación, un dato que para la UCA refleja tanto una mayor cobertura como la incorporación de hogares que antes no necesitaban recurrir a este tipo de programas. Más que una señal de fortaleza del sistema, el número deja ver la ampliación de una demanda social cada vez más extendida.
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El informe también puso el foco en el papel de la asistencia social para recomponer ingresos en los hogares más vulnerables. La cobertura de políticas como la Asignación Universal por Hijo alcanzó al 42,5% de los niños en 2025, por debajo del 45,8% del año anterior. Esa variación convive con un cuadro en el que la ayuda estatal sigue siendo central para sostener consumos básicos en una parte importante de la niñez argentina.
Otro de los datos más preocupantes del relevamiento aparece en el acceso a la salud. La UCA advirtió que casi dos de cada diez menores dejaron de asistir al médico, al odontólogo o a ambos por problemas económicos durante 2025. El indicador llegó al 19,8% y mostró una incidencia todavía más marcada entre los adolescentes, donde trepó al 27,5%, mientras que entre los menores de 5 años se ubicó en 11,3%.
Dentro de ese universo, la atención odontológica aparece como la más relegada. “La atención odontológica es la más postergada, lo que evidencia una deuda histórica de las políticas sanitarias con la salud bucal, a pesar de su impacto en la nutrición, la autoestima y la calidad de vida”, advirtió el informe. El dato deja al descubierto una postergación que muchas veces queda fuera del debate central, pero que influye de manera directa sobre el bienestar cotidiano de los chicos.
Así, el estudio de la UCA muestra un alivio parcial en el indicador de pobreza, pero no un cambio de tendencia capaz de modificar el problema de fondo. La baja estadística convive con niveles altos de inseguridad alimentaria, dificultades para acceder a la salud y una dependencia creciente de la asistencia social. En ese contexto, la mejora de 2025 aparece más como una corrección dentro de una crisis prolongada que como el inicio de una recuperación definitiva.














