El perito médico del caso Dalmasso aseguró que Nora sufrió una "muerte espantosa"

Policiales24/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

En el jury a los fiscales, Martín Subirachs detalló la precariedad con la que trabajaron en la escena hace 18 años y descartó por completo la hipótesis de violación.

Nora Dalmasso
Nora Dalmasso

El cuerpo de Nora Dalmasso sufrió una “muerte espantosa” provocada por una mecánica de doble asfixia que combinó la presión física manual y el uso de un accesorio de vestir para asegurar el desenlace. Así lo describió el perito médico Martín Subirachs al reconstruir los últimos instantes de la víctima frente al tribunal que evalúa el desempeño de los investigadores originales. La precisión sobre el doble estrangulamiento busca explicar la violencia con la que actuó el asesino dentro de la vivienda de Río Cuarto en aquel noviembre de 2006.

El manejo de la evidencia principal, el cinturón encontrado en el cuello de la mujer, se realizó sin los protocolos internacionales mínimos debido a la carencia total de recursos técnicos básicos. “Saqué el nudo con las manos y lo guardé en una bolsa común”, confesó el forense ante la sorpresa de los presentes en la tercera audiencia del jury de enjuiciamiento. El profesional justificó este accionar por la ausencia de un kit criminalístico especializado que permitiera procesar un escenario de tal magnitud con elementos estériles.


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Respecto a la situación íntima de la víctima antes del deceso, la pericia médica descartó la existencia de lesiones o desgarros compatibles con un ataque sexual violento. El equipo forense se inclinó por una teoría de “relaciones sexuales consentidas” ocurridas en las horas previas al fallecimiento, lo que rompe con la hipótesis de la violación que sostuvo la acusación durante años. “No teníamos signos médicos para afirmar que se haya tratado de una violación”, sentenció Subirachs para fundamentar el informe que entregaron a la justicia.

A pesar de las críticas por la falta de insumos, el testigo rescató la gestión del fiscal Javier Di Santo al momento de proteger la integridad biológica de la habitación. Según su testimonio, fue una “decisión brillante de Di Santo” ordenar que todas las personas que ingresaron a la casa se sometieran a una extracción de sangre para cotejo genético. Esta medida permitió confirmar posteriormente que la escena no presentaba perfiles de ADN contaminados por los propios funcionarios o los médicos que trabajaron sobre el cadáver.


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La falta de materiales específicos obligó a los especialistas a improvisar soluciones sobre la marcha para evitar que se perdieran rastros genéticos fundamentales en el nudo del cinto. Subirachs explicó que prefirió utilizar sus propias manos antes que arriesgarse a emplear una tijera de uso doméstico que pudiera haber estado en la cocina de la familia. “Si yo utilizaba una tijera domiciliaria o un elemento de la casa Macarrón, iba a contaminar la escena”, aclaró el profesional sobre la lógica de emergencia que aplicó en aquel momento.

Durante el relevamiento minucioso del cadáver, los médicos forenses lograron extraer cabellos que conservaban el bulbo piloso, una pieza de información biológica de altísimo valor para cualquier laboratorio. Estas muestras fueron halladas directamente en la mano de Nora, lo que sugería una posible maniobra defensiva o un contacto directo con el agresor antes de perder el conocimiento. Sin embargo, el destino final de esos cabellos es un misterio para el perito, quien admitió desconocer qué ocurrió con ese material tras ser entregado a la cadena de custodia judicial.


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La declaración del médico se produjo en el proceso que evalúa la conducta de los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro por su rol en la investigación. El jury busca determinar si hubo negligencia grave en los casi veinte años de un caso que sigue sin culpables y con pruebas que fueron manipuladas de forma rudimentaria. “Nosotros nunca tuvimos un maletín para ir a la escena del crimen, no teníamos insumos”, repitió el testigo para ilustrar las limitaciones estructurales que condicionaron el éxito de la pesquisa desde el primer día.

El equipo de especialistas que analizó el cuerpo determinó que el estrangulamiento a mano y con el cinturón fue parte de un mismo proceso agresivo que no dejó margen de supervivencia. Para los forenses, la secuencia física fue lo suficientemente clara como para establecer la causa del deceso, pero no aportó datos suficientes para identificar a un autor material. “Por eso pusimos la parte de abuso sexual consentido”, cerró el profesional al explicar por qué la terminología técnica de su informe final difirió de las sospechas iniciales de la opinión pública.


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La incertidumbre sobre el paradero de las pruebas físicas y la precariedad operativa del inicio plantean nuevas dudas sobre la efectividad de las etapas posteriores de la causa judicial. El tribunal del jury deberá ponderar ahora si estos fallos de origen fueron responsabilidad directa de los fiscales o una deficiencia sistémica del servicio forense cordobés de la época. Mientras tanto, el rastro de los cabellos con bulbo extraídos de la mano de la víctima sigue perdido entre legajos y depósitos judiciales tras casi dos décadas de impunidad.

Fuente: NA.

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