
La carne ya no manda en la mesa: fuerte caída del consumo y cambio de hábitos
Actualidad24/04/2026
Sergio BustosEl plato cotidiano de los argentinos viene cambiando sin anuncios formales, pero con señales claras en el consumo. La carne vacuna, históricamente central en la dieta, pierde espacio frente a otras opciones más accesibles en un contexto de aumentos que superaron ampliamente la inflación general.

Los datos más recientes muestran una caída sostenida en el consumo. En el último año, cada persona dejó de comer en promedio cinco kilos de carne vacuna, al pasar de 49,5 a 44,5 kilos anuales. La variación no aparece aislada, sino acompañada por un corrimiento hacia alternativas más económicas.
En paralelo, el consumo de carne de cerdo creció. La suba fue de 1,5 kilos por habitante en el mismo período, hasta alcanzar los 19,3 kilos anuales. También se registró un aumento en los lácteos, con una mejora del 7% en la ingesta, lo que refuerza la idea de un cambio progresivo en los hábitos alimentarios.


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La explicación principal se encuentra en los precios. Mientras la inflación interanual se ubicó en torno al 33%, la carne vacuna registró un incremento del 64%. En contraste, el cerdo subió 25% y los lácteos apenas un 13%, lo que amplió la brecha y empujó decisiones de consumo más ajustadas al bolsillo.
Este escenario no solo responde a factores internos. El informe también advierte sobre el impacto de tensiones internacionales, especialmente en Medio Oriente, que empiezan a influir en los costos logísticos. La suba del petróleo repercute directamente en los fletes, un componente relevante en la cadena de alimentos.
Ese impacto se refleja de manera distinta según el producto. En la leche, el transporte representa cerca del 6% del precio final, mientras que en el trigo incide en aproximadamente el 8% de los costos. Estos factores, aunque indirectos, terminan trasladándose al consumidor.
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Al analizar cómo se forma el precio de la carne vacuna, se observa que más de la mitad corresponde a costos de producción. El 51% del valor final se explica por este componente, seguido por un 28% de impuestos y un 21% de ganancias. Dentro de la cadena, la cría aporta el mayor peso, con el 35%, mientras que la comercialización en carnicerías representa el 20%.
En otros alimentos básicos, la estructura muestra diferencias. En el pan, los costos concentran el 61% del precio, con una fuerte incidencia de la panadería en el valor final. En la leche, en cambio, la rentabilidad aparece más ajustada: los costos alcanzan el 71%, los impuestos el 26% y la ganancia apenas el 3%.
Otro punto que destaca el informe es el rol de los granos. Aunque suelen ocupar el centro del debate, su incidencia directa en los precios finales es limitada. El maíz representa el 6% en la carne vacuna y el 12% en la porcina, mientras que el trigo explica alrededor del 10% en el pan.
Con este escenario, el cambio en la mesa de los argentinos no parece transitorio. La combinación de precios, costos y contexto internacional redefine qué se consume y en qué cantidad, en una dinámica donde la carne vacuna pierde protagonismo frente a opciones más accesibles.














