Por qué recomiendan no imprimir el ticket del cajero después de retirar dinero

Actualidad28/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Aunque parezca un gesto menor, pedir el comprobante en papel después de usar un cajero puede exponer datos sensibles y abrir la puerta a fraudes o robos de identidad.

Cajero automático
Cajero automático

Lo que para muchas personas sigue siendo una costumbre automática, para especialistas en ciberseguridad y para el propio sistema financiero se volvió una práctica que conviene revisar. Imprimir el ticket después de retirar dinero o hacer una operación en un cajero automático puede parecer una medida útil para llevar control, pero también implica dejar circulando información sensible que, en manos equivocadas, puede convertirse en un riesgo.

El problema no está solo en el papel en sí, sino en lo que ese comprobante muestra. El ticket puede incluir datos vinculados a la operación realizada, referencias sobre la cuenta, movimientos recientes, parte de la identificación de la tarjeta y otros elementos que ayudan a reconstruir hábitos o datos bancarios del usuario. Cuando ese comprobante termina en un cesto de basura, en la vía pública o incluso guardado sin cuidado, deja de ser un simple respaldo y pasa a ser una posible fuente de información para terceros.

Según el material difundido, muchos usuarios descartan esos tickets en los mismos tachos que están dentro de la sucursal o cerca del cajero, una costumbre que facilita que personas con intenciones delictivas accedan al contenido. A partir de ahí, crecen las chances de fraude, intentos de vaciamiento de cuentas o maniobras de suplantación de identidad, especialmente cuando esa información se cruza con otros datos obtenidos por medios digitales o presenciales.


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Por eso, la principal recomendación ya no pasa por guardar el papel, sino por directamente evitar imprimirlo. El cambio de hábito apunta a reemplazar el comprobante físico por el control digital de movimientos a través de home banking, aplicaciones bancarias o alertas automáticas. Esa alternativa reduce la exposición de datos personales y además permite revisar operaciones con más rapidez, sin depender de papeles que pueden perderse, romperse o terminar en manos ajenas.

El Banco Central también sostiene una serie de pautas que van en la misma dirección. Entre ellas, recomienda no operar en terminales que presenten anomalías visibles, cambiar las claves de acceso de manera periódica y no compartir nunca esa información con otras personas. Además, aconseja no aceptar ayuda de desconocidos en el entorno del cajero, incluso cuando se acerquen con una actitud cordial o aparentemente desinteresada.

Las medidas de protección, sin embargo, no se agotan en el momento de retirar dinero. Otra herramienta importante es activar las alertas de consumo o notificaciones bancarias, ya que permiten detectar movimientos extraños casi en tiempo real y reaccionar rápido ante cualquier irregularidad. En paralelo, también se insiste en no anotar claves en soportes físicos ni guardarlas junto a tarjetas, porque esa combinación puede facilitar el acceso directo a los fondos en caso de pérdida o robo.


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La digitalización de los servicios financieros modificó bastante la forma de operar, pero no desplazó del todo a los cajeros automáticos. Siguen siendo una herramienta central para quienes manejan efectivo o no usan con frecuencia los canales digitales. Justamente por eso, la seguridad alrededor de estas terminales sigue siendo un tema sensible: no alcanza con tener una cuenta protegida en línea si después se dejan datos expuestos en un comprobante impreso o se opera en condiciones poco seguras.

Para quienes igual prefieren conservar el ticket como respaldo, la recomendación es no tirarlo entero ni dejarlo legible. La forma más segura de descartarlo es destruirlo completamente, ya sea con un triturador de papel o rompiéndolo manualmente hasta que la información resulte irreconstruible. Esa práctica, simple y concreta, ayuda a cerrar una vía de exposición que muchas veces se subestima por tratarse de un papel pequeño y aparentemente inofensivo.

En definitiva, el consejo de no imprimir el ticket del cajero no responde a una moda ni a una exageración, sino a una lógica básica de seguridad bancaria. Cuantos menos rastros físicos queden de una operación, menos posibilidades existen de que alguien acceda a información útil para una maniobra delictiva. En tiempos en que los fraudes combinan datos digitales y descuidos cotidianos, cambiar este hábito puede ser una de las formas más sencillas de proteger la cuenta.

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