
Uno de cada cuatro porteños ya es mayor de 60 y el cambio recién empieza
Actualidad29/04/2026
Sergio BustosEl dato ya no admite interpretaciones: en la Ciudad de Buenos Aires, uno de cada cuatro habitantes tiene más de 60 años. Lejos de ser una proyección, el envejecimiento poblacional es una realidad concreta que empieza a modificar la vida urbana, las políticas públicas y las decisiones económicas.

Ese fue uno de los ejes centrales de un encuentro realizado esta semana en el Planetario, donde especialistas y funcionarios coincidieron en que el cambio demográfico dejó de ser un fenómeno del futuro. Hoy ya impacta en cómo se organizan las ciudades y en cómo las personas proyectan su vida.
El ministro de Desarrollo Humano y Hábitat porteño, Gabriel Mraida, puso en números ese escenario: “el 25% de los porteños son mayores de 60 años”. La cifra no solo refleja el envejecimiento, sino también la velocidad con la que se está produciendo este proceso.


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El fenómeno tiene dos motores claros: nacen menos personas y, al mismo tiempo, se vive mucho más. En el último siglo, la esperanza de vida aumentó cerca de 30 años, lo que genera una transformación sin antecedentes a nivel global.
Las proyecciones refuerzan esa tendencia. Para 2030, se espera que haya más de 1.000 millones de personas mayores de 65 años en el mundo. En ese contexto, Buenos Aires aparece como una de las ciudades donde ese proceso ya se adelantó.
Andrea Falcone, fundadora de The Shift, advirtió que no tomar decisiones frente a este escenario tiene consecuencias. “Cuando el liderazgo no define el rumbo, lo hace la inercia”, señaló, al plantear que la adaptación no puede postergarse.
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El impacto no es solo social, también económico. El especialista Rafael Rofman sintetizó el problema con una idea directa: las sociedades necesitan generar riqueza antes de envejecer, porque después las posibilidades de sostener ese sistema se reducen.
En la misma línea, Claudio Zuchovicki cuestionó el modelo tradicional de retiro. “¿Alguien espera vivir de su jubilación? No, nadie”, afirmó, al remarcar que el cambio demográfico obliga a repensar cómo cada persona construye su futuro financiero.
Desde la salud, el médico Guillermo Capuya aportó otra mirada. Explicó que la longevidad no solo implica vivir más años, sino hacerlo en mejores condiciones. Para eso, insistió en que la prevención debe ser vista como una inversión y no como un gasto.
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El debate también incluyó el aspecto cultural. El psiquiatra José Abadi planteó que esta etapa de la vida ya no puede pensarse como un retiro pasivo, sino como un momento activo donde todavía hay espacio para crear, vincularse y proyectar.
El encuentro dejó una conclusión compartida: el envejecimiento poblacional no es un problema aislado, sino un cambio estructural que ya está en marcha. En ciudades como Buenos Aires, donde un cuarto de la población supera los 60 años, la discusión dejó de ser teórica.
Para los organizadores, el desafío es claro. Adaptarse a tiempo puede convertir este proceso en una oportunidad. Ignorarlo, en cambio, puede profundizar tensiones económicas y sociales en los próximos años.















