
El jefe de Gabinete defendió el rumbo oficialista ante Diputados, con Milei en el recinto y denuncias judiciales sobre su patrimonio.

La acusación más fuerte de Manuel Adorni llegó dentro de una sesión cargada de señales políticas: habló de una “operación golpista” para explicar el retraso que, según su mirada, sufrió la reconstrucción económica impulsada por el Gobierno de Javier Milei. El jefe de Gabinete eligió ese argumento ante la Cámara de Diputados, con el Presidente, ministros, legisladores libertarios y militantes ubicados en los palcos. La escena mezcló respaldo oficialista, defensa del plan económico y una presión opositora atravesada por las denuncias judiciales sobre su patrimonio.
El funcionario no se limitó a presentar un balance administrativo de gestión. Su discurso colocó al kirchnerismo, a empresarios a los que definió como “prebendarios” y a sectores de medios de comunicación como responsables de una ofensiva que, según sostuvo, impactó sobre el riesgo país, las tasas, el crédito y el bolsillo de los argentinos. Esa lectura buscó correr el centro del debate desde los resultados cotidianos de la economía hacia una confrontación política con actores externos al Gobierno.


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La presencia de Javier Milei en el recinto reforzó el carácter político del informe. El Presidente asistió junto a parte del Gabinete en respaldo a Adorni, quien llegó al Congreso mientras enfrenta cuestionamientos públicos e investigaciones por el incremento de su patrimonio. Medios nacionales señalaron que la exposición se produjo en una jornada de fuerte tensión institucional, con preguntas opositoras sobre viajes, gastos, propiedades y vínculos personales del funcionario.
Adorni abrió su defensa económica con una descripción severa de la herencia recibida por la administración libertaria. “Recibimos un país en crisis: cepo y brecha cambiaria del 200%, déficit fiscal altísimo, Estado sobredimensionado, pobreza infantil del 60%, piquetes, violencia, sistemas de salud y educación devastados, y aislamiento internacional”, planteó ante los diputados. La frase ordenó su intervención alrededor de una idea central: el Gobierno se presenta como gestor de una emergencia heredada y no como responsable principal de las tensiones actuales.
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El jefe de Gabinete también defendió el programa antiinflacionario y vinculó el ajuste fiscal con la supuesta estabilización macroeconómica. Afirmó que la inflación descendió del 211% al 31% en dos años y sostuvo que el oficialismo logró superávit fiscal, redujo el gasto público al nivel más bajo en una década y eliminó estructuras estatales que calificó como innecesarias. “A pesar de esto, no nos desviamos: logramos superávit fiscal por primera vez en más de un siglo, bajamos el gasto público al mínimo en diez años, eliminamos estructuras estatales innecesarias y privilegios”, dijo.
El tramo más áspero apareció cuando buscó explicar por qué los resultados del plan oficialista no llegaron de manera plena a la vida cotidiana. “Hubo un retraso en nuestro camino de la reconstrucción que se explica, en gran parte, por un fenómeno que vivimos con histórica crudeza durante la segunda mitad del año pasado, la operación golpista que el kirchnerismo de izquierda ejecutaron en plena campaña electoral”, afirmó. Esa acusación permitió al Gobierno ligar las dificultades económicas a una supuesta acción coordinada de la oposición, empresarios y medios.
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La explicación incluyó una lectura financiera del proceso electoral. Adorni sostuvo que “el riesgo país se disparó en función de una posible victoria del kirchnerismo en las urnas” y agregó que eso “trajo serias dificultades para la gente de a pie y afectó negativamente el bolsillo de los argentinos”. Con esa línea, el funcionario intentó ubicar la suba del riesgo y el deterioro de condiciones económicas como consecuencia de una expectativa política adversa, más que como una falla interna del programa oficial.
El discurso también apuntó contra la actividad legislativa de la oposición. “Como si esto fuera poco, la oposición se dedicó a operar financieramente en contra del gobierno y a impulsar leyes en el Congreso de la Nación con el único propósito de romper el equilibrio fiscal”, lanzó. Luego añadió: “Todavía sufrimos los efectos de aquel ataque, pero eso no nos debió un centímetro de nuestro camino”, en una frase que buscó mostrar continuidad del rumbo pese al conflicto.
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El contexto judicial rodeó toda la exposición aunque el eje discursivo del jefe de Gabinete se concentró en la economía y la confrontación política. Infobae publicó que Adorni respondió preguntas vinculadas a su patrimonio, viajes y su relación con Marcelo Grandío, mientras que otras coberturas nacionales remarcaron que su comparecencia se daba bajo una presión creciente por denuncias de presunto enriquecimiento ilícito. Ese plano quedó instalado como telón de fondo de una presentación que el oficialismo buscó transformar en respaldo político.
El cierre económico del funcionario apuntó a instalar una mejora en curso. “Gracias a que hicimos los deberes, ya pasamos la peor parte de la tormenta. Las tasas están bajando y el crédito está expandiéndose. La inflación, a pesar de los efectos de este ataque, continuará su camino a la baja. La actividad económica está mejorando”, sostuvo. La frase condensó el mensaje central del Gobierno: atribuir los costos persistentes a una ofensiva opositora, defender el ajuste como condición de estabilidad y sostener que la recuperación ya empezó.
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La sesión dejó una posición oficial más nítida que conciliadora. Adorni convirtió su informe ante Diputados en una defensa cerrada del rumbo económico y en una acusación directa contra el kirchnerismo, empresarios y medios. La discusión continuará atada a dos planos que el Gobierno intentó separar pero que llegaron juntos al recinto: el balance del programa libertario y las preguntas sobre la situación judicial del jefe de Gabinete.
Fuente: NA, El País, Infobae.






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