El extraño efecto de la guerra con Irán: sube el petróleo, pero cae la demanda

Actualidad03/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El cierre del estrecho de Ormuz disparó los precios, tensó a los mercados y convirtió a la energía en una presión global.

Petroleo imagen de archivo
Petroleo imagen de archivo

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán tiene un frente que no se mide solo en operaciones militares: el petróleo. El conflicto volvió a mostrar hasta qué punto la energía puede transformar una crisis regional en un problema económico mundial, con impacto sobre precios, transporte, inflación, alimentos y decisiones políticas. La clave está en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más sensibles del comercio global de crudo y gas.

El punto más delicado es que por esa vía pasa, en tiempos normales, cerca de una quinta parte del petróleo y el gas comercializados en el mundo. AP informó que el bloqueo y las restricciones en Ormuz mantienen paralizada una parte central del flujo energético del Golfo Pérsico, mientras Estados Unidos sostiene un bloqueo sobre puertos iraníes y Teherán limita el paso de buques comerciales.

Esa dinámica generó una suba fuerte en los precios internacionales. CBS informó que el Brent llegó a superar brevemente los 126 dólares por barril, su nivel más alto en cuatro años, mientras los mercados reaccionaban a las dudas sobre una reapertura del estrecho y una salida duradera al conflicto. Antes del inicio de la guerra, el Brent cotizaba cerca de los 70 dólares por barril.


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La Agencia Internacional de Energía describió el escenario como la mayor disrupción de suministro en la historia reciente del mercado petrolero. Según su informe de abril, la oferta global cayó 10,1 millones de barriles diarios en marzo, en medio de ataques a infraestructura energética y restricciones al movimiento de tanqueros por Ormuz.

El dato más llamativo es que la crisis no solo reduce la oferta: también destruye demanda. La IEA estimó que el consumo global de petróleo caerá en 2026, un giro fuerte respecto de la previsión anterior. El organismo señaló que la escasez, los precios altos y los problemas logísticos ya impactan en Asia y Medio Oriente, especialmente en combustibles, petroquímica y transporte aéreo.

Ahí aparece el aspecto más complejo del conflicto: el petróleo funciona como arma de presión, pero también como boomerang. Irán puede usar Ormuz como herramienta estratégica, aunque esa misma decisión golpea a economías importadoras, aliados regionales, consumidores estadounidenses y productores del Golfo que dependen de esa ruta para exportar.

La presión sobre Washington también crece por el costo interno. AP señaló que el cierre del estrecho elevó los precios del petróleo y de la nafta, en un contexto sensible para la administración estadounidense. CBS informó que el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos llegó a 4,39 dólares por galón, con una suba marcada en apenas una semana.

Mientras tanto, Irán ofreció reabrir el estrecho si Estados Unidos levanta el bloqueo y pone fin a la guerra, aunque esa propuesta dejaría para más adelante la discusión sobre el programa nuclear iraní. Según AP, ese punto reduce las chances de aceptación por parte de Washington, porque el tema nuclear fue uno de los argumentos centrales de la ofensiva.

La disputa energética ya excede el precio del barril. La ONU advirtió que la presión sobre el suministro se traslada a combustibles, alimentos y bienes básicos. El secretario general António Guterres resumió el efecto en una frase dura: “Estas presiones se están convirtiendo en tanques de combustible vacíos, estantes vacíos y platos vacíos”.


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La reacción de la OPEP+ tampoco alcanza para compensar el problema. Siete países productores, entre ellos Arabia Saudita y Rusia, acordaron un aumento modesto de producción desde junio, pero AP lo describió como una decisión principalmente simbólica frente al bloqueo de Ormuz, que dejó fuera del mercado millones de barriles diarios.

El petróleo, además, no aparece solo como consecuencia del conflicto sino como una de sus causas profundas. Un análisis de la London School of Economics sostuvo que la guerra está moldeada por el crudo no únicamente en términos estratégicos, sino también porque las rentas petroleras reducen costos políticos y económicos para los actores involucrados.

La crisis deja una conclusión incómoda: aunque el conflicto se presente en clave militar o nuclear, su impacto más extendido puede sentirse en estaciones de servicio, boletos aéreos, alimentos, fertilizantes y presupuestos familiares. El petróleo volvió a demostrar que una guerra localizada puede convertirse en una crisis global cuando toca una arteria central de la economía mundial.

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