Autos cada vez más viejos: el parque automotor envejece y suma costos ocultos

Actualidad04/05/2026Sergio BustosSergio Bustos

El parque automotor argentino atraviesa un proceso silencioso pero sostenido: los autos que circulan por calles y rutas son cada vez más viejos. Lejos de revertirse, la tendencia se profundiza y empieza a mostrar efectos que van más allá del simple paso del tiempo.

autos clasicos
Envejece el parque automotor nacional.

Un informe reciente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes confirmó que la edad promedio de los vehículos volvió a subir en 2025, alcanzando los 14,8 años. El dato refleja una continuidad en el deterioro del parque, que ya había pasado de 14,1 años en 2023 a 14,3 en 2024.

El fenómeno se explica, en gran parte, por la dificultad para acceder a unidades nuevas. Aunque las ventas de 0 km crecieron un 47% el último año, ese repunte no alcanzó para revertir la tendencia. Para frenar el envejecimiento, el mercado debería haber superado el millón de patentamientos, una meta que quedó lejos.


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El resultado es un parque cada vez más envejecido. Hoy, casi el 70% de los autos en circulación tiene más de 10 años, y más de una cuarta parte supera las dos décadas de antigüedad. Esto no solo marca un atraso en términos tecnológicos, sino que también abre una serie de problemas asociados.

Uno de los principales impactos aparece en el plano ambiental. Los vehículos más antiguos tienen estándares de emisiones más altos, lo que limita la posibilidad de reducir la contaminación. Aun con controles como la Verificación Técnica Vehicular, el margen de mejora es acotado si no se renueva la flota.

Pero las consecuencias no se quedan ahí. Los autos más viejos presentan mayores fallas mecánicas, requieren más mantenimiento y elevan el riesgo de accidentes. El desgaste acumulado y la falta de actualización tecnológica inciden directamente en la seguridad vial.


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El costo económico también se multiplica. Para los propietarios, mantener un vehículo antiguo implica gastos crecientes en reparaciones. A su vez, las aseguradoras enfrentan mayores costos por siniestros, ya que la reparación de estos autos suele ser más compleja y cara.

En muchos casos, incluso, los accidentes que antes se podían reparar hoy terminan en destrucción total. La combinación de falta de repuestos y altos costos de mano de obra hace que resulte más conveniente dar de baja el vehículo que arreglarlo.

Este escenario genera un efecto en cadena. A medida que aumentan los costos de los seguros, muchos usuarios optan por reducir la cobertura para abaratar gastos, lo que incrementa la exposición frente a eventuales siniestros.


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El impacto también se extiende a la infraestructura y al sistema de salud. Más accidentes implican mayores costos en rutas, tanto públicas como privadas, y también en la atención médica, lo que termina trasladándose a distintos niveles del gasto público y privado.

Frente a este panorama, algunos sectores plantean alternativas. Una de las ideas es fomentar el desguace de vehículos antiguos para recuperar autopartes y, al mismo tiempo, incentivar la compra de unidades más nuevas.

Sin embargo, ese esquema requiere un impulso adicional que hoy no parece viable. La implementación de un plan de recambio, similar a un canje, implicaría recursos que el Estado no está en condiciones de destinar en el corto plazo.

Mientras tanto, la tendencia continúa. Los autos siguen envejeciendo en las calles argentinas y el desafío de renovar el parque automotor queda, por ahora, sin una solución concreta.

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