
El peso se fortalece como nunca, pero ya asoma la duda que inquieta al mercado
Actualidad04/05/2026
Sergio BustosEl mercado cambiario argentino atraviesa un momento atípico. Lejos de las devaluaciones que marcaron décadas, el peso se posiciona como uno de los activos más fuertes del año, impulsado por una inusual abundancia de divisas que redefine el escenario económico.

En el primer cuatrimestre de 2026, el dólar mayorista cerró en 1.391 pesos, por debajo del valor de inicio de año. Este comportamiento implicó una apreciación nominal del 4,9%, en un contexto donde la inflación acumuló 9,4% en el primer trimestre, lo que profundizó la caída del tipo de cambio en términos reales.
Detrás de este fenómeno aparecen factores concretos que explican la oferta récord de dólares. El primero es el sector agroexportador, con una campaña que se proyecta en 144 millones de toneladas y exportaciones estimadas en 34.500 millones de dólares, impulsadas además por precios internacionales más altos que el año anterior.


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El segundo motor es el energético. Vaca Muerta se consolida como una fuente constante de divisas, con exportaciones proyectadas entre 8.000 y 9.000 millones de dólares en 2026. A diferencia del agro, este flujo se sostiene durante todo el año, sin estacionalidad marcada.
El tercer componente es financiero. Las empresas argentinas emitieron deuda en el exterior por 9.900 millones de dólares desde fines de 2025, de los cuales una parte significativa ya ingresó al mercado local, reforzando la oferta de divisas.
Frente a este escenario, el Banco Central intervino de manera activa. Desde enero acumuló compras por más de 7.000 millones de dólares, acercándose rápidamente a su meta anual. Sin embargo, incluso con esa intervención, el peso continuó apreciándose, lo que refleja la magnitud del ingreso de dólares.
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El propio ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que sin la acción del Banco Central el tipo de cambio sería aún más bajo. La autoridad monetaria absorbió gran parte del excedente para evitar una caída mayor del dólar, en un contexto de holgura cambiaria poco habitual.
Pero detrás de la fortaleza del peso aparecen tensiones. La inflación sigue siendo elevada, con un acumulado interanual del 32,6%, y sectores de la economía comienzan a sentir el impacto del atraso cambiario, especialmente aquellos que no cuentan con ventajas competitivas naturales.
El fenómeno no se explica únicamente por factores locales. Otras monedas de la región también se fortalecieron frente al dólar, aunque en esos casos el impulso responde más a movimientos financieros que a un ingreso estructural de divisas.
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La diferencia argentina radica en la combinación de exportaciones récord y financiamiento externo. Sin embargo, esa misma combinación plantea interrogantes sobre su duración, ya que algunos de estos factores son transitorios o dependen de condiciones externas.
Las proyecciones del mercado anticipan un segundo semestre con menor holgura. Si bien se espera que continúe el ingreso de dólares por exportaciones y financiamiento, también aparecen compromisos de deuda y posibles cambios en el escenario internacional que podrían modificar la tendencia.
Además, factores externos como el encarecimiento de los fletes o eventuales tensiones geopolíticas pueden afectar el flujo neto de divisas, reduciendo el impacto positivo de los volúmenes exportados.
El desafío hacia adelante será sostener este equilibrio sin afectar la competitividad ni generar distorsiones en la economía real. La fortaleza del peso, celebrada por algunos sectores, convive con preocupaciones crecientes en otros.
El escenario abre una pregunta que todavía no tiene respuesta clara: si este ciclo marca un cambio estructural en la economía argentina o si se trata de una fase excepcional que, tarde o temprano, encontrará su límite.















