Abel Guzmán ante los alegatos por el crimen del peluquero en Recoleta

Policiales05/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El peluquero admitió el disparo pero alegó un desborde por dinero y formol. Este martes la fiscalía pide la pena máxima por encerrar a sus compañeros.

Abel Guzmán
Abel Guzmán

Abel Guzmán se sentó frente a los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N°24 para admitir que fue él quien apretó el gatillo aquella noche. No intentó negar la autoría del hecho ocurrido en el local de Beruti 3017, pero sí buscó instalar una narrativa de desborde emocional frente a lo que calificó como una presión laboral insoportable. Este martes comienzan los alegatos, una instancia donde la acusación intentará demostrar que el peluquero no actuó por impulso, sino con una frialdad planificada.

La defensa del imputado se apoya en una frase que el propio Guzmán soltó durante las audiencias previas para intentar alivianar su situación. “Me enojé, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias”, declaró el hombre que mató a Germán Medina para eludir la figura de homicidio agravado por alevosía. Para los investigadores, esa supuesta falta de control se contradice con el hecho de que el atacante portara una pistola cargada en su lugar de trabajo aquel 20 de marzo de 2024.


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El trasfondo del ataque revela una trama de roces constantes que escaló hasta una cifra millonaria antes del desenlace fatal. Alrededor de 55 millones de pesos era lo que Guzmán reclamaba como indemnización para dejar su puesto, en una discusión que incluía también el uso de formol en los alisados. A pesar de que el sueldo mensual del acusado llegaba a los 3 millones de pesos, la relación con sus pares se había vuelto insostenible por el uso de productos químicos prohibidos por el dueño del local.

Uno de los puntos más complejos que se discutirá es la privación ilegítima de la libertad agravada por haber mantenido encerrados a los presentes antes del disparo. Los testimonios indican que el agresor se aseguró de que nadie pudiera abandonar la peluquería de Recoleta antes de sacar el arma de su cintura. Esta maniobra técnica es la que permite a la fiscalía sostener que hubo una preparación del escenario para asegurar el resultado mortal sin riesgos para el tirador.


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El dueño del comercio, quien también es querellante en la causa, recordó ante el tribunal que el agresor los amenazó gritando que “nos iba a volar la cabeza a todos”. Según su relato, después de que “Germán no dijo ni una palabra y le disparó”, Guzmán volvió a cargar la pistola para perseguirlo por los pasillos del local. Facundo Verdini logró refugiarse en un baño y desde allí realizó el llamado al 911 mientras el asesino buscaba una ventana para escapar.

La fuga posterior se extendió por más de 70 días, un tiempo en el que el peluquero logró evadir a la policía hasta ser localizado en el partido de Moreno. En el juicio, el acusado justificó su desaparición diciendo: “Me escapé, tenía miedo de quedar preso y me angustié por todo lo que hice”. Este tramo del expediente será utilizado por la acusación como una muestra clara de la conciencia de criminalidad que tenía el imputado inmediatamente después de abandonar la escena del crimen.


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La fiscalía expondrá sus argumentos en primer turno, poniendo el foco en la ventaja que tomó el agresor al dispararle a un compañero que estaba sentado y desarmado. Se debatirá si el hecho de pedir una charla y sacar la pistola ante la negativa de Verdini constituye un plan ejecutado con ventaja. La querella sostiene que “él nos encerró ahí porque nos quería matar a todos”, frase que resume la convicción de que el objetivo de Guzmán excedía la figura de un solo homicidio.

En la peluquería de la calle Beruti, la rutina terminaba cuando el equipo se reunía a conversar antes del cierre, pero esa noche la dinámica cambió para siempre. Medina trabajaba junto a Guzmán en una relación que, aunque tensa, no hacía prever semejante desenlace para el resto de los empleados que presenciaron el ataque. La reconstrucción mediante las cámaras y declaraciones del personal permitió a los jueces observar cómo el imputado manejó los tiempos de la escena hasta el disparo final.


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El veredicto final del tribunal dependerá de cómo se valore la mecánica del ataque frente a la confesión de arrebato que intenta instalar la defensa. Los jueces deberán decidir si la discusión económica y el conflicto por los insumos justifican una reducción en la calificación o si la alevosía es el único encuadre posible. La etapa de testimonios terminó y ahora la palabra queda en manos de los abogados, quienes definirán el futuro de un hombre que admite el crimen pero discute su gravedad jurídica.

Fuente: NA.

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