
La inflación bajó en abril, pero más de la mitad de las familias no pudo comprar alimentos
Actualidad06/05/2026
Sergio BustosLa desaceleración de la inflación durante abril no logró traducirse en una mejora concreta para los hogares argentinos. Aunque el índice de precios mostró una suba menor que en marzo, distintos indicadores sociales reflejan un escenario de fuerte deterioro económico, marcado por la caída del consumo, el endeudamiento y las dificultades crecientes para acceder a alimentos básicos.

Según un informe elaborado por el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), el 56,8% de las familias no logró cubrir la canasta básica alimentaria durante abril. El dato expone el impacto de la pérdida de poder adquisitivo sobre los sectores medios y bajos, incluso en un contexto donde la inflación comenzó a moderarse.
El relevamiento también mostró que, entre quienes sí pudieron acceder a la canasta alimentaria, el 71,4% necesitó algún tipo de asistencia estatal. En la mayoría de los casos, las ayudas provinieron de programas alimentarios o transferencias sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH).


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El IPC registró una suba mensual del 2,6%, lo que representó una desaceleración de 0,7 puntos porcentuales respecto de marzo. El informe atribuye parte de esa baja a factores estacionales vinculados al inicio del ciclo lectivo y a una moderación en tarifas de vivienda y servicios.
También se observó una desaceleración en alimentos y bebidas, que pasaron de una suba del 3,6% en marzo al 2,1% en abril. Sin embargo, desde el IETSE advirtieron que la reducción no obedece a una mejora estructural de la economía, sino a una menor demanda provocada por la caída de ingresos y el freno del consumo.
En lo que va de 2026, la inflación acumulada ya alcanza el 12,1%, superando ampliamente la previsión anual contemplada en el Presupuesto nacional. Paralelamente, la Canasta Básica Total para una familia tipo llegó a $1.876.722, mientras que la Canasta Básica Alimentaria se ubicó en $1.029.591.
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La situación social aparece reflejada además en hábitos alimentarios cada vez más deteriorados. El informe indicó que el 11,4% de los hogares redujo su alimentación a una sola comida diaria o atravesó situaciones de hambre. A su vez, el 21,5% aseguró haberse quedado sin alimentos en algún momento del mes y el 32,1% manifestó haber sentido hambre sin poder satisfacer esa necesidad.
En paralelo, más de la mitad de los hogares recortó la cantidad de comidas diarias. Según el relevamiento, el 52,8% eliminó principalmente la cena como estrategia para afrontar la pérdida de ingresos y el aumento del costo de vida.
El endeudamiento destinado a comprar alimentos también se consolidó como una práctica extendida. El estudio señaló que el 88% de las familias debió recurrir a crédito, préstamos o compras fiadas para cubrir consumos básicos. Además, advirtió que ese mecanismo comienza a mostrar signos de agotamiento, con tarjetas saturadas y mayores niveles de morosidad.
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El impacto económico también se reflejó en la actividad comercial. Durante abril, el comercio minorista de alimentos registró una caída interanual del 8,5% en volumen, lo que evidencia que los hogares continúan reduciendo cantidades incluso cuando el gasto nominal se mantiene por efecto de la inflación.
El informe sostuvo que la desaceleración inflacionaria convive con una marcada debilidad del mercado interno y una creciente fragilidad social. En ese contexto, el IETSE advirtió que la estabilidad de precios pierde consistencia cuando el alivio inflacionario se sostiene sobre caída del consumo, pérdida salarial y aumento del endeudamiento familiar.















