
Una pasajera boliviana viajaba desde Jujuy a Córdoba con droga camuflada en aluminio. El uso de tecnología portátil permitió descubrir el cargamento en la Ruta 34.

La pantalla del equipo tecnológico mostró una densidad que no coincidía con ropa ni objetos personales de viaje comunes. Los efectivos del Grupo Burruyacú detuvieron el ómnibus en el kilómetro 896 de la Ruta Nacional 34 para una inspección de rutina sobre el equipaje de bodega. Los gendarmes notaron de inmediato imágenes compatibles con sustancia oculta al pasar una de las valijas por el sensor de última generación.
La propietaria de la maleta sospechosa resultó ser una ciudadana de nacionalidad boliviana que ocupaba uno de los asientos del transporte de larga distancia. El micro cumplía un recorrido extenso que unía la terminal de San Salvador de Jujuy con la ciudad de Córdoba. La pasajera entregó sus documentos sin ofrecer resistencia mientras los uniformados profundizaban la requisa sobre el bolso detectado por el Escuadrón 55 “Tucumán”.
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El peso del equipaje vacío resultó excesivo y levantó sospechas inmediatas entre los peritos que realizaban el patrullaje en la localidad de 7 de Abril. Tras una inspección minuciosa del interior, los agentes detectaron un ingenioso doble fondo diseñado para burlar los controles visuales rápidos de los agentes viales. Los paquetes estaban envueltos en una mezcla de nylon color negro y aluminio para intentar neutralizar los sensores y el rastro del contenido químico.
La apertura del compartimiento oculto dejó a la vista una sustancia blanca polvorienta compactada en dos ladrillos rectangulares de gran tamaño. Los especialistas de la Unidad de Criminalística y Estudios Forenses de la fuerza realizaron la prueba de orientación de campo Narcotest sobre la carga. El resultado confirmó que se trataba de cocaína de máxima pureza, pesando exactamente 2 kilos 27 gramos.
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El procedimiento en el límite interprovincial demostró la efectividad del escáner portátil en puntos estratégicos de la frontera interna argentina. Los controles físicos y documentales se complementaron con esta herramienta tecnológica que marcó el punto de quiebre en la inspección preventiva. La capacidad de observar el interior de las estructuras rígidas evitó que el cargamento llegara a su destino final en el centro del país.
El magistrado federal que intervino en el caso ordenó la aprehensión inmediata de la mujer responsable del equipaje adulterado. También dispuso el secuestro de la totalidad de la droga y de cualquier otro elemento que sirviera para profundizar la investigación criminal. La pasajera quedó incomunicada y a disposición de la justicia bajo cargos de transporte de estupefacientes.
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El transporte público de pasajeros suele ser una vía explotada para el movimiento de pequeñas cantidades de droga entre provincias del norte. En este caso, el itinerario por la Ruta 34 ponía a la sospechosa a pocas horas de su arribo previsto a la terminal cordobesa. La mujer mayor de edad quedó vinculada a una causa federal que ahora busca rastrear quién entregó la maleta en la provincia de Jujuy.
El secuestro de los más de dos kilos representa un golpe operativo contra las redes de distribución que operan en las rutas nacionales tucumanas. Los gendarmes que realizaban tareas de patrullaje y control aseguraron la zona para evitar incidentes con el resto de los viajeros durante la requisa forense. El pesaje final de la carga quedó registrado en las actas oficiales del Ministerio de Seguridad de la Nación.
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Los investigadores analizan ahora si el destino de la sustancia era el consumo interno en la capital cordobesa o una escala para exportación. La justicia mantiene bajo resguardo el equipaje y los paquetes para intentar extraer huellas o indicios claros de su procedencia original. El caso permanece abierto mientras se espera la declaración indagatoria de la detenida en los tribunales federales de la región.

















