
Un informe internacional revela que el clima extremo, la saturación de destinos y la búsqueda de experiencias conscientes ya influyen en la forma de viajar.

Durante años, el turismo sustentable fue presentado como una aspiración: una forma ideal de viajar, asociada a viajeros especialmente conscientes, destinos remotos o experiencias alternativas. Pero esa mirada empezó a cambiar. Hoy, la sustentabilidad dejó de ser solo una intención y comenzó a convertirse en una serie de decisiones concretas: elegir mejor la fecha, evitar destinos saturados, reducir consumos, buscar alojamientos certificados y adaptarse a un clima cada vez más imprevisible.
El nuevo escenario fue reflejado por el Travel & Sustainability Report 2026 de Booking.com, elaborado a partir de una encuesta a 32.500 viajeros de 35 mercados. El estudio muestra que la idea de viajar de manera más sustentable ya no se limita al impacto ambiental directo, sino que incorpora factores sociales, climáticos y de planificación.


Uno de los datos más llamativos del informe es la brecha entre discurso y acción. Aunque los viajeros jóvenes expresan mayor intención de viajar de forma sustentable, son los adultos mayores quienes adoptan más prácticas concretas durante sus viajes. El 75% de la Generación Z y el 71% de los millennials dicen tener intención de viajar de manera más sustentable, frente al 47% de los boomers. Sin embargo, estos últimos lideran en acciones como reducir residuos, consumir menos energía, comprar en comercios locales y viajar fuera de temporada.
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Esa paradoja generacional muestra que la sustentabilidad no siempre se mide por la declaración de principios. En los hechos, los baby boomers son quienes más planean reducir residuos durante sus viajes, con un 67%, frente al 48% de la Generación Z. También encabezan la decisión de reducir consumo de energía, comprar en tiendas locales y evitar la temporada alta.
Los más jóvenes, en cambio, marcan tendencia en otro terreno: la búsqueda de experiencias con sentido. Según el informe, el 31% de la Generación Z y el 29% de los millennials participaron en actividades vinculadas con comunidades locales o culturas originarias, porcentajes superiores a los registrados entre Gen X y boomers. También lideran en experiencias relacionadas con conservación ambiental o vida silvestre.
El cambio climático aparece como uno de los factores que más está modificando el comportamiento turístico. El 74% de los viajeros afirma que considera el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos al elegir tanto el destino como el momento del viaje. Además, el 31% canceló o modificó planes durante el último año por eventos climáticos o desastres naturales.
Olas de calor, incendios forestales, tormentas e inundaciones ya no son solo noticias lejanas para el turismo. Empiezan a influir en los calendarios de viaje, en la elección de destinos y en la percepción de seguridad. Más de la mitad de los encuestados dijo que ciertos lugares se volvieron demasiado calurosos para visitarlos en la época en la que pensaban viajar.
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En ese contexto, el turismo sustentable se cruza con una nueva palabra clave: adaptación. Viajar de manera más consciente no implica únicamente compensar huella de carbono o evitar plásticos de un solo uso. También significa elegir destinos menos expuestos al clima extremo, cambiar fechas, buscar temperaturas más moderadas y reducir la presión sobre lugares que ya no soportan la misma intensidad de visitantes.
El fenómeno del overtourism también empezó a impactar en las decisiones del viajero promedio. A nivel global, el 43% de los encuestados planea evitar destinos turísticos saturados, mientras que el 42% prevé viajar fuera de temporada y el 25% buscará lugares con temperaturas más frescas. Entre quienes eligen destinos más tranquilos, el 44% lo hace para no contribuir a la masificación turística.
Ese cambio marca una transformación cultural. Evitar multitudes ya no responde solo a una preferencia personal por la tranquilidad, sino también a una conciencia creciente sobre el impacto del turismo en las comunidades locales. Ciudades como Venecia, Barcelona o Ámsterdam instalaron durante años el debate sobre la saturación turística, pero ahora esa preocupación empieza a trasladarse a la conducta de quienes planifican sus vacaciones.
La elección del alojamiento también se volvió parte de la decisión sustentable. Booking.com informó que en 2025 se reservaron más de 100 millones de noches en alojamientos con certificación de sustentabilidad otorgada por terceros. El dato muestra que el interés por este tipo de opciones dejó de ser marginal y empieza a incorporarse al consumo turístico masivo.
Hospedarse ya no es únicamente una cuestión de precio, ubicación o comodidad. Para un número creciente de viajeros, también importa el impacto del lugar elegido: cómo administra la energía, qué prácticas ambientales aplica, cómo se vincula con la comunidad local y si ofrece información clara y verificable sobre sus criterios de sustentabilidad.
Aun así, persisten barreras importantes. El informe señala que el 42% considera que encontrar opciones más sustentables demanda demasiado tiempo y esfuerzo; el 38% cree que son demasiado caras; y el 37% no confía en que las alternativas etiquetadas como sustentables realmente lo sean. Esa falta de claridad muestra que el desafío no es solo ofrecer mejores opciones, sino explicarlas mejor.
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La sustentabilidad turística, entonces, deja de ser una etiqueta aspiracional y se convierte en un sistema de decisiones cotidianas. Apagar el aire acondicionado al salir de una habitación, elegir transporte público, evitar actividades que dañen la fauna, consumir en comercios locales, viajar fuera de temporada o buscar alojamientos certificados son acciones pequeñas que, acumuladas, empiezan a cambiar la lógica del sector.
El giro más profundo, sin embargo, está en la forma de entender el viaje. La nueva pregunta ya no parece ser cuánto se viaja, sino cómo se viaja. El turismo sustentable propone moverse con más información, más conciencia del entorno y más respeto por las comunidades que reciben visitantes.
En esa transición aparece también una nueva idea de lujo: tener tiempo, espacio y autenticidad. No se trata necesariamente de viajar más lejos ni más seguido, sino de viajar mejor. Con menos saturación, menos improvisación y más conexión con los lugares. Quizás ahí esté el verdadero cambio de época: el turismo del futuro no se medirá solo por la cantidad de destinos recorridos, sino por la calidad del vínculo que cada viajero construya con ellos.








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