
Detectaron 172 casos de meningitis en lo que va del año y hay preocupación
Actualidad12/05/2026
REDACCIÓNEl Boletín Epidemiológico confirmó que los contagios superan la media de los últimos años. Advierten que la vacuna a los 11 años es la que menos se aplica.

Una fiebre alta que parece un resfrío común puede transformarse, en cuestión de pocas horas, en un cuadro fulminante con consecuencias neurológicas permanentes o riesgo de muerte. Los médicos de las guardias argentinas están lidiando con un incremento de infecciones que superan las estadísticas de los últimos cuatro años, lo que obliga a extremar las precauciones ante cualquier síntoma sospechoso. Este escenario pone de relieve la peligrosidad de una enfermedad que no da tiempo a las dudas ni a los diagnósticos demorados por parte de las familias.
El último relevamiento del Boletín Epidemiológico Nacional arroja que se registraron 172 casos en lo que va de 2026, una cifra que se ubica por encima de la mediana de 152 infectados acumulados para la misma fecha entre 2022 y 2025. El número frío oculta una realidad sanitaria compleja que ya se manifestó con fuerza en provincias como Salta, donde se confirmaron ocho pacientes en las últimas semanas con distintas etiologías. La vigilancia epidemiológica se mantiene activa ante la sospecha de que la tendencia de contagios pueda profundizarse antes del cierre del semestre.
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La inflamación de las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal suele tener al meningococo como uno de sus agentes más agresivos y letales en la infancia. Esta bacteria, conocida técnicamente como Neisseria meningitidis, circula a través de distintos serogrupos como el A, B, C, W e Y, con una incidencia que castiga especialmente a los bebés menores de un año. Los especialistas advierten que la enfermedad meningocócica invasiva no solo es una amenaza para los más chicos, sino que mantiene niveles de riesgo elevados hasta los cinco años de vida.
Identificar los síntomas a tiempo se vuelve una tarea difícil para los padres porque los signos iniciales suelen ser inespecíficos, como náuseas, sensibilidad a la luz o rigidez en el cuello. En los lactantes, el cuadro es todavía más engañoso y puede presentarse simplemente como un llanto persistente, somnolencia extrema o el rechazo total al alimento que ingieren diariamente. “Reconocer estos signos y consultar de forma precoz es clave para iniciar el tratamiento adecuado y reducir el riesgo de secuelas”, explicó Enrique Casanueva, médico infectólogo pediatra y referente del Hospital Universitario Austral.
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El sistema de salud detectó una grieta peligrosa en la cobertura de inmunización que se ensancha a medida que los chicos crecen y dejan de asistir a los controles pediátricos obligatorios. Mientras que la primera dosis de la vacuna meningocócica alcanza un aceptable 83,5% a los tres meses de vida, el cumplimiento de las familias se desploma al llegar a la etapa escolar secundaria. Apenas el 51,9% de los adolescentes de 11 años concurre a aplicarse la dosis única prevista por el Calendario Nacional, dejando a un gran sector de la población sin protección efectiva.
Este bache en la protección de los jóvenes no solo los pone en riesgo a ellos, sino que los convierte en los principales motores de contagio dentro de la comunidad urbana. Los adolescentes y adultos jóvenes presentan las tasas más altas de portación de la bacteria en sus gargantas, funcionando como reservorios que transmiten el patógeno en ámbitos escolares o deportivos. “La vacunación oportuna permite no solo proteger a quien recibe la dosis, sino también disminuir la transmisión entre contactos cercanos”, advirtió el especialista sobre la importancia de cerrar estas brechas territoriales.
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La aparición del serogrupo B sumó un nuevo factor de preocupación en la pediatría argentina durante los últimos dos años de vigilancia sanitaria intensiva. Las estadísticas oficiales indican que el 95% de los casos de meningococo en menores de un año correspondieron a este serogrupo específico entre 2022 y 2024. Este dato obliga a los equipos médicos a revisar las estrategias de prevención vigentes y a recomendar consultas frecuentes para evaluar la vulnerabilidad de cada lactante frente a cepas que no siempre están cubiertas.
Sobrevivir a una meningitis bacteriana no siempre significa una recuperación completa, ya que las marcas que deja la infección en el organismo pueden durar toda la vida. Se estima que la mortalidad de estos cuadros ronda el 15%, pero hasta un 20% de los sobrevivientes desarrolla discapacidades permanentes como pérdida de la audición o trastornos neurológicos severos. “Más allá de su baja frecuencia, la gravedad de la enfermedad radica en que puede ser aguda y fulminante en niños previamente sanos”, recordó Casanueva al analizar el impacto de la patología.
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El acceso gratuito a las vacunas contra el neumococo y el Haemophilus influenzae tipo b cambió la historia de la medicina moderna, pero el exceso de confianza actual amenaza con borrar esos avances. La sociedad parece haber naturalizado la ausencia de ciertas enfermedades infecciosas, olvidando que la prevención requiere un compromiso activo y constante de los adultos responsables. “Nos hemos acostumbrado tanto a ellas que corremos el peligro de no saber apreciarla y sostenerla”, reflexionó el profesional sobre la necesidad de valorar la inmunización. Sostener las coberturas antes de que el invierno agrave el panorama epidemiológico es el próximo paso necesario para evitar que los contagios se conviertan en una tendencia irreversible.
Fuente: NA.
















