
Intentan acortar la terapia contra la tuberculosis ante las 1.000 muertes anuales en el país
Actualidad20/05/2026
REDACCIÓNEl aumento del 80% en los contagios reflota una enfermedad que muchos asocian al pasado. Científicos ensayan terapias para evitar el abandono de la medicación.

Unos 1.000 fallecimientos anuales y cerca de 16.000 contagios consolidan el peligroso regreso de la tuberculosis a la sociedad argentina. Los registros sanitarios muestran que la incidencia de esta patología respiratoria creció un 80% en los últimos cinco años en el territorio nacional. Este incremento desarma la falsa percepción pública de que se trata de una infección erradicada o perteneciente exclusivamente al siglo pasado.
La transmisión de la bacteria ocurre simplemente por vía aérea cuando un individuo infectado tose, estornuda o escupe en espacios compartidos. A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud estimó que 10,7 millones de personas enfermaron por esta causa durante el período 2024. Los expertos sanitarios advierten que las aglomeraciones urbanas y la falta de ventilación óptima aceleran la circulación del microorganismo a escala global.
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El esquema terapéutico tradicional representa un verdadero obstáculo para los sectores vulnerables debido a que exige tomar cuatro drogas combinadas duranteiseis meses. Sostener semejante disciplina farmacológica resulta sumamente complejo para pacientes que atraviesan contextos sociales precarios o carecen de controles médicos regulares. Las fallas en la continuidad de las tomas deterioran la efectividad del abordaje y exponen las debilidades del sistema de asistencia pública.
La interrupción prematura de la medicación provoca que el microorganismo genere defensas biológicas mutantes muy difíciles de combatir. El surgimiento de cepas de tuberculosis multirresistente obliga a los médicos a recurrir a fármacos de segunda línea, los cuales acarrean mayores efectos adversos para el organismo. Estos tratamientos de rescate demandan plazos de internación muchísimo más extensos y multiplican los costos operativos de los hospitales públicos.
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Un equipo de científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires ensaya una alternativa para modificar este panorama adverso. La doctora en Química Luciana Balboa, investigadora del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida, lidera un proyecto que busca potenciar las células inmunes del paciente. Al respecto, la especialista detalló: “En nuestro proyecto estamos trabajando en una terapia innovadora, que apunta a mejorar un aspecto del metabolismo, para de ese modo ayudar a los antibióticos y acortar el tratamiento”.
La propuesta científica prescinde de la incorporación de nuevos agentes antimicrobianos y prefiere corregir la disfunción celular de la bacteria Mycobacterium tuberculosis que favorece la cronicidad. Esta línea de trabajo utiliza como plataforma una droga que ya se aplica contra el asma, según los informes difundidos por el área de UBA Ciencia. El aprovechamiento de una molécula previamente testeada acorta los tiempos de validación y aporta valiosa información sobre la seguridad del procedimiento en humanos.
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El verdadero alcance de la afección permanece oculto en la población general bajo la forma de infecciones latentes que no muestran síntomas inmediatos. La propia Luciana Balboa lanzó una advertencia categórica sobre la omnipresencia del patógeno al afirmar que “hay un cuarto de la población mundial que estamos o hemos sido infectados con Mycobacterium tuberculosis. La mayoría no lo sabemos”. El desarrollo de la patología activa ocurre habitualmente cuando las personas sufren caídas severas en sus defensas debido a cuadros de mala alimentación.
El valor de estos hallazgos preclínicos le valió al grupo un destacado reconocimiento en la 19° edición del Premio Nacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”. La distinción otorgó visibilidad a una serie de desafíos concentrados específicamente en la tuberculosis pleural y la respuesta inmunológica del tejido afectado. Los científicos analizan el comportamiento del patógeno dentro de las estructuras celulares para bloquear su persistencia a largo plazo.
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La investigación local se complementa con esquemas de colaboración internacional destinados a identificar biomarcadores específicos para predecir la eficacia de nuevas vacunas. Este avance científico todavía necesita atravesar etapas posteriores en laboratorios antes de alcanzar su aplicación clínica definitiva en pacientes reales. La meta final consiste en evitar que la enfermedad gane terreno por abandono terapéutico o resistencia farmacológica en los centros de salud.
Fuente: NA.
















