Bolivia quedó partida por los bloqueos y ya hay muertos, hospitales aislados y migrantes varados

Actualidad23/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Las protestas llevan 22 días y profundizaron una crisis que mezcla desabastecimiento, choques violentos y cortes totales de rutas.

El delegado de la Defensoría del Pueblo en Oruro, Juan Arroyo, explicó que las familias reciben ayuda humanitaria en las terminales.
El delegado de la Defensoría del Pueblo en Oruro, Juan Arroyo, explicó que las familias reciben ayuda humanitaria en las terminales.

Cientos de personas duermen desde hace días en terminales de transporte sin poder salir de Bolivia. Familias enteras quedaron atrapadas por los bloqueos de rutas que paralizan distintos puntos del país y ya provocaron cuatro muertes en medio de una crisis social que no encuentra salida política. El conflicto golpea especialmente a migrantes venezolanos y colombianos que intentaban regresar desde Chile por vía terrestre y ahora permanecen inmovilizados entre cortes, falta de combustible y caminos cerrados.

Los registros oficiales hablan de al menos 250 migrantes afectados por la interrupción total del tránsito. Muchos no cuentan con documentación regular y dependen exclusivamente del transporte terrestre para volver a sus países. El delegado de la Defensoría del Pueblo en Oruro, Juan Arroyo, explicó que las familias reciben ayuda humanitaria en las terminales mientras esperan una solución. “No pueden continuar viaje, al no tener papeles regresaban por tierra. Los colombianos dicen tener papeles y están en mejor situación”, señaló el funcionario.

La crisis atraviesa ya su día número 22 y mantiene aisladas varias regiones estratégicas, incluida la ciudad de La Paz. Los cortes alteraron la llegada de alimentos, medicamentos y combustibles, lo que provocó aumentos de precios y complicaciones sanitarias en hospitales. La Cámara Nacional de Industrias calculó pérdidas superiores a los 600 millones de dólares como consecuencia de la paralización del transporte y de la actividad económica.

El conflicto social comenzó vinculado al rechazo contra el gobierno de Rodrigo Paz, aunque rápidamente sumó reclamos asociados al deterioro económico y a la escasez de productos básicos. Uno de los detonantes principales fue la importación de gasolina de baja calidad, una situación que impactó de lleno sobre miles de trabajadores informales y sectores que dependen diariamente de la movilidad para sostener ingresos.

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La tensión escaló todavía más después de un episodio violento ocurrido en la región oriental de Santa Cruz. Allí, un vehículo de la Unidad Móvil de Patrullaje Rural protagonizó un choque contra una motocicleta que terminó con la muerte de una mujer y su hija. Un hombre quedó internado en terapia intensiva y el hecho desató una reacción inmediata de vecinos y manifestantes en Santa Fe de Yacapaní.

La furia derivó rápidamente en enfrentamientos contra instalaciones policiales. Una multitud incendió tres vehículos oficiales y obligó a efectivos antidrogas a abandonar el cuartel utilizando gases lacrimógenos. Durante esos disturbios murió un joven que recibió un disparo en medio de la represión y del caos desatado alrededor del edificio policial.

El viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, Ernesto Justiniano, anunció que se aplicará la ley tanto para investigar el accidente vial como para esclarecer la muerte del manifestante. Las autoridades intentan evitar que el episodio profundice todavía más una situación ya marcada por protestas permanentes y cortes sobre las principales rutas del país.

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La crisis también empezó a afectar directamente el acceso a la salud. La ministra boliviana Marcela Flores confirmó la muerte de un niño de 12 años que no logró recibir asistencia médica debido a los bloqueos. El caso impactó especialmente porque expuso las consecuencias humanitarias del aislamiento que sufren distintas localidades desde hace más de tres semanas.

Pese al agravamiento del escenario, el gobierno boliviano descartó por ahora el uso de la fuerza para despejar las rutas. El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, ratificó esa postura mientras en algunas zonas comenzaron a aparecer vecinos autoconvocados que intentan desmontar piquetes por cuenta propia. Esa situación ya empezó a sumar focos de tensión paralelos entre manifestantes y habitantes afectados por el desabastecimiento.

La combinación entre rutas cerradas, escasez de combustibles y violencia callejera mantiene al país bajo una presión creciente. Con hospitales complicados, transporte paralizado y miles de personas sin posibilidad de continuar viaje, el conflicto boliviano empezó a mostrar efectos que exceden la protesta política y golpean directamente sobre la vida cotidiana.

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