
El oficialismo pierde el podio de imagen positiva mientras pero la oposición no se refuerza el crecimiento
Política24/05/2026
REDACCIÓNUn análisis de 14 estudios nacionales confirma que el rechazo a la gestión de Javier Milei escaló al 58%. Sin embargo, la falta de una alternativa sólida mantiene a los libertarios con una ventaja ajustada de cara a 2027.

La hegemonía absoluta que Javier Milei ostentaba en los rankings de popularidad a principios de año terminó por desmoronarse. Los datos procesados tras el análisis de 14 consultoras nacionales revelan que el Presidente ya no lidera todas las tablas de imagen positiva, un espacio donde ahora lo superan su aliada Patricia Bullrich y, en registros puntuales, el gobernador bonaerense Axel Kicillof. El mandatario registra hoy un 38,1% de imagen positiva frente a un 56,1% de negativa, un saldo que se vuelve más incómodo ante la falta de brotes verdes en la actividad económica.
El fenómeno de erosión comenzó afectando a los sectores que se sumaron al oficialismo recién en el balotaje, pero los estudios recientes indican que el impacto ya alcanza al núcleo duro libertario. La aprobación de la gestión de gobierno se sitúa en un 38,1%, mientras que la desaprobación trepó al 58,2%. Esta caída sostenida coincide con un cambio en la percepción de culpabilidad sobre la crisis: el efecto de la herencia recibida se disipó y la sociedad comienza a señalar de forma mayoritaria a la administración actual por el presente económico.


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La mirada sobre la situación actual es mayoritariamente crítica, con un 58,3% que percibe que el país está “mal o peor que el año pasado”. A diferencia de los primeros meses de gestión, donde el ajuste se toleraba bajo la promesa de una mejora futura, el pesimismo también se trasladó a las expectativas. El optimismo se desplomó al 32,9%, mientras que un 45,4% de los encuestados manifiesta una visión negativa sobre lo que vendrá, lo que enciende alarmas en la Casa Rosada.
En este escenario de debilidad oficial, surge un dato llamativo en el espectro ideológico opuesto. Myriam Bregman, diputada del Frente de Izquierda, muestra una mejora sostenida en su valoración personal, subiendo escalones en un contexto de polarización extrema. Si bien este crecimiento todavía no se traduce en una intención de voto decisiva, marca una tendencia de búsqueda de voces que contrasten frontalmente con el discurso del Ejecutivo.
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A pesar de estos números que muestran un gobierno a la defensiva, la oposición sigue sin encontrar una figura que aglutine el descontento. La variante más fuerte continúa siendo el peronismo identificado con el kirchnerismo, con Axel Kicillof a la cabeza en imagen e intención de voto. No obstante, el gobernador bonaerense choca con un techo de rechazo consolidado que le impide, por ahora, superar el umbral necesario para transformarse en una amenaza letal para el oficialismo.
La pelea por la intención de voto como espacio político mantiene a La Libertad Avanza al frente con un 34,9%, seguida de cerca por el peronismo con el 30,7%. El resto de las fuerzas, como el PRO o el Frente de Izquierda, se mantienen en niveles de un solo dígito. Milei sigue prevaleciendo sobre sus competidores en eventuales escenarios de balotaje, muchas veces favorecido por el electorado que lo elige por considerarlo “menos malo” que las alternativas disponibles.
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El ministro de Economía, Luis Caputo, enfrenta el desafío de revertir estas tendencias antes de que el apoyo social termine de licuarse. La inflación y la recesión son los motores principales de una desaprobación que ya no encuentra consuelo en el discurso de la crisis heredada. La duda que recorre los despachos oficiales es si el oficialismo ya tocó su piso o si la caída continuará hasta comprometer seriamente la gobernabilidad legislativa.
La comparación con el arranque de 2026 es elocuente. En aquel entonces, la discusión política giraba en torno a si el Presidente podía lograr su reelección en una primera vuelta. Hoy, ese escenario parece quedar en el olvido y la Casa Rosada debe conformarse con una ventaja mínima que solo se sostiene por la fragmentación de sus rivales. La capacidad de resiliencia del Gobierno está atada, ahora más que nunca, a que la economía logre finalmente arrancar.
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El cierre de esta etapa de encuestas deja un interrogante abierto sobre la profundidad del desgaste. Con una desaprobación que orilla el 60%, el oficialismo depende de que el 6,3% de indecisos o desencantados no se vuelque definitivamente hacia la oposición. Sin un líder claro del otro lado, Milei conserva la iniciativa, pero con un margen de error que se reduce a medida que las expectativas económicas se tiñen de pesimismo.
















