¿Los autos argentinos soportan etanol? Lo que puede pasar si avanzan los motores “flex”

Actualidad25/05/2026Sergio BustosSergio Bustos

La idea de que los autos argentinos puedan funcionar con más etanol ya dejó de ser solamente una discusión técnica y empezó a instalarse como un posible cambio de fondo para el mercado automotor y energético. Después del proyecto impulsado por el Gobierno nacional para habilitar vehículos “flex fuel”, apareció una pregunta inevitable entre conductores y talleres: si los motores actuales realmente soportan este tipo de combustible.

motores flex
Motores flex.

La respuesta no es absoluta. En la mayoría de los casos, los autos modernos vendidos en Argentina ya funcionan con mezclas de bioetanol sin que sus propietarios siquiera lo noten. Actualmente, las naftas contienen alrededor de un 12% de etanol mezclado y gran parte de los vehículos fabricados durante los últimos años pueden tolerar porcentajes algo más altos sin inconvenientes graves.

El escenario cambia cuando se habla de mezclas elevadas o directamente de etanol puro, como ocurre en Brasil con los motores “flex”. Ahí empiezan a aparecer diferencias técnicas importantes que podrían afectar a muchos vehículos que hoy circulan en el país.


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Los especialistas señalan que modelos relativamente nuevos, equipados con inyección electrónica y sistemas modernos de gestión del motor, podrían adaptarse mejor a cortes del 15% o incluso algo superiores. La electrónica permite corregir parámetros de combustión y reducir parte de los problemas que generan los combustibles con mayor contenido de alcohol.

Sin embargo, los riesgos aumentan en autos más antiguos, especialmente aquellos fabricados antes de los años 2000 o vehículos con tecnologías menos preparadas para este tipo de mezclas. El etanol tiene propiedades distintas a la nafta tradicional y puede provocar corrosión en ciertos componentes, deterioro de mangueras, problemas de arranque y fallas en sistemas de alimentación.

También influye la calidad de los materiales utilizados en cada vehículo. Bombas de combustible, inyectores, juntas y conductos diseñados para nafta convencional pueden sufrir desgaste acelerado cuando trabajan con porcentajes altos de etanol durante períodos prolongados.


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Brasil resolvió ese problema desarrollando motores específicamente preparados para operar con distintos tipos de mezcla. Los vehículos flex brasileños detectan automáticamente la proporción de etanol y ajustan la inyección y el encendido según el combustible cargado. Además, utilizan componentes resistentes al alcohol y configuraciones mecánicas distintas.

La diferencia con Argentina es que aquí la infraestructura todavía no está preparada para una transición masiva. Más allá de los motores, sería necesario adaptar estaciones de servicio, definir nuevas normas técnicas y garantizar una producción suficiente de bioetanol para abastecer un mercado mucho más grande.

Aun así, dentro de la industria automotriz consideran que el cambio podría ser más rápido de lo que parece. Muchas terminales instaladas en Argentina ya fabrican modelos compatibles con tecnología flex para exportar a Brasil, donde este sistema domina el mercado desde hace más de veinte años.


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Otro punto que aparece en la discusión es el consumo. El etanol tiene menor poder energético que la nafta, por lo que los motores necesitan utilizar más combustible para recorrer la misma distancia. En promedio, un vehículo funcionando con etanol puro puede gastar entre un 25% y un 30% más.

Sin embargo, en países como Brasil esa diferencia se compensa cuando el etanol cuesta considerablemente menos que la nafta. Ahí es donde el debate empieza a mezclarse con otra discusión mucho más amplia: el precio de los combustibles, la producción agrícola y el rol que podrían tener los biocombustibles dentro de la economía argentina.

Por ahora, el proyecto recién inicia su recorrido legislativo y todavía quedan muchas definiciones pendientes. Pero mientras el Congreso comienza a debatirlo, la posibilidad de ver autos funcionando con mucho más etanol ya dejó de parecer una idea lejana. Y la gran incógnita pasa por saber si el parque automotor argentino está realmente listo para ese cambio.

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