
Trump retiene los fondos de Teherán para forzar el control del uranio enriquecido
Actualidad25/05/2026
REDACCIÓNLa comitiva de Teherán busca liberar activos en Doha mientras la Casa Blanca condiciona la tregua en el estrecho de Ormuz al control del uranio.

El desembarco del gobernador del Banco Central iraní en la ciudad de Doha junto al jefe negociador Mohamad Bagher Qalibaf expone la urgencia financiera que asfixia a Teherán en medio de las discusiones diplomáticas. Las máximas autoridades de la banca persa integran la comitiva oficial conducida por el canciller Abbas Araqchi para intentar destrabar los fondos retenidos por las sanciones occidentales. La delegación asiática pretende subordinar la reactivación del comercio logístico a un alivio monetario inmediato, intentando esquivar las exigencias de supervisión militar que pretende imponer la Casa Blanca.
La posibilidad concreta de reabrir el estrecho de Ormuz mediante un plan progresivo de desminado provocó un derrumbe automático en las cotizaciones internacionales del petróleo Brent. Las pizarras de las bolsas asiáticas clausuraron sus operaciones con marcadas alzas debido a la expectativa de un enfriamiento definitivo en los costos de la energía global. Este comportamiento de los mercados financieros internacionales responde al diseño de un marco técnico de sesenta días de tregua que discuten de forma secreta los delegados de Washington y Teherán.
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El expresidente Donald Trump pretende capitalizar esta ventana de negociación marítima para forzar una reconfiguración estructural de las alianzas políticas en Medio Oriente. Su propuesta de máxima exige la incorporación simultánea de Qatar, Pakistán, Egipto, Jordania y Turquía a la arquitectura de los Acuerdos de Abraham. Esta estrategia internacional busca edificar un bloque de contención regional alineado de forma explícita con los intereses de Washington y de Israel, ligando el fin de las hostilidades comerciales con un pacto de normalización geopolítica continental.
El verdadero núcleo de la disputa bilateral radica en el destino final de las reservas de uranio altamente enriquecido que Teherán conserva en sus instalaciones militares. La administración norteamericana rehúsa convalidar cualquier tipo de asistencia crediticia o levantamiento de embargos sin la ejecución de inspecciones internacionales severas sobre el material atómico. Los funcionarios estadounidenses describen esta inflexible posición diplomática como una variante extrema de la doctrina de “confiar, pero verificar”, inmovilizando las tratativas comerciales hasta que se verifiquen pasos concretos en la materia.
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El mandatario republicano utilizó su plataforma digital Truth Social para enfriar las expectativas bursátiles y advertir que no aceptará un borrador intermedio que debilite su posición de fuerza. El jefe de Estado norteamericano sentenció que “el acuerdo con Irán será grandioso y significativo, o no habrá ningún acuerdo”, marcando una línea de tolerancia sumamente delgada para los negociadores persas. La advertencia escaló de inmediato hacia el plano estrictamente militar al asegurar que “volveremos al frente de batalla y a los disparos, pero más grandes y fuertes que nunca. Y nadie quiere eso”.
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, aportó una dosis de cautela institucional a las frenéticas gestiones bilaterales desde la ciudad de de Nueva Delhi. El jefe de la diplomacia estadounidense ratificó que la Casa Blanca sostiene una propuesta bastante sólida para liberar el tránsito de buques petroleros de forma segura. De todos modos, el funcionario aclaró que el cese general de las operaciones militares en frentes como el Líbano no anulará las facultades operativas de su principal aliado continental, aseverando de forma categórica que “Israel siempre tiene derecho a defenderse”.
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La diplomacia de Teherán resiste de forma sistemática la pretensión de entregar sus inventarios atómicos como una concesión condicionante durante esta primera etapa de acercamiento. Las delegaciones persas afirman de manera interna que la discusión sobre el combustible nuclear debe postergarse para una fase posterior de las tratativas internacionales. Esta discrepancia metodológica fundamenta por qué el interés compartido en normalizar el paso de cargueros no alcanza para sellar un tratado definitivo entre las potencias, exponiendo las severas contradicciones de la negociación actual.
El componente más inestable del acercamiento radica en la profunda brecha política que separa las necesidades domésticas de ambos mandatarios. La administración de Donald Trump urge la exhibición de un triunfo diplomático verificable y de rápido impacto sobre el abastecimiento energético occidental para consolidar su frente interno. Por el contrario, el régimen teocrático de Irán prioriza la recuperación urgente de sus activos líquidos y el levantamiento de los bloqueos aduaneros sin quedar expuesto ante sus facciones políticas internas como un gobierno propenso a la capitulación de sus recursos estratégicos.
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Las comisiones técnicas de las potencias concentrarán sus esfuerzos semanales en resolver los detalles del documento de tregua transitoria antes de que expiren los plazos fijados por los mediadores. El éxito en la firma del armisticio abrirá un canal formal de debate atómico con plazos predeterminados, aliviando de forma permanente los costos logísticos de los consumidores mundiales. El fracaso de las deliberaciones técnicas reactivará el peligro de un desenlace bélico masivo de alcance regional, dejando a las economías importadoras bajo el yugo de una inestabilidad militar latente en los principales pozos de aprovisionamiento del planeta.
Fuente: LA NACION.
















