Una cosecha de algas rinde diez kilos por metro y busca abaratar costos agrícolas

Actualidad26/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La Fundación Por el Mar obtuvo resultados máximos en la bahía de San Julián. El proyecto apunta a sustituir insumos químicos caros y crear pellets ovinos.

Cosecha de algas. Imagen ilustrativa Magnific
Cosecha de algas. Imagen ilustrativa Magnific

La primera recolección de la macroalga Macrocystis pyrifera en la bahía de Puerto San Julián arrojó un rendimiento de 10 kilos por metro cultivado, un número que se posiciona de forma directa en el techo de las estimaciones científicas. Los manuales bibliográficos de la actividad proyectaban un rinde variable de entre 6 y 12 kilos para las experiencias iniciales en aguas australes, por lo que el resultado colmó las expectativas del equipo técnico. Este hito productivo habilita de forma inmediata el diseño de una escala industrial superior, planificando la expansión desde una línea piloto de 200 metros hacia una unidad comercial mínima de una hectárea de superficie marina.

El apuro por consolidar esta materia prima surge en un momento complejo para el agro debido a que los fertilizantes químicos tradicionales afrontan costos internacionales elevados y una fuerte dependencia de hidrocarburos. Las algas obtenidas se destinarán al desarrollo de bioestimulantes capaces de mejorar de forma natural la absorción de nutrientes y aumentar la resistencia de las plantas frente al estrés hídrico crónico. El proceso requiere todavía etapas estrictas de certificación y validación agronómica, pero se presenta como una alternativa logística independiente para los productores rurales de la región.


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El circuito biológico de esta tecnología requiere una coordinación estricta que comienza en la época estival con la recolección de esporas dentro de la propia costa santacruceña. Los científicos realizan las tareas de criadero en instalaciones de laboratorio sobre hilos especiales enrollados en carretes hasta que los ejemplares alcanzan un tamaño milimétrico. El trasplante definitivo se ejecuta durante el otoño, fijando las líneas de cultivo llamadas longlines a unos 9 metros de profundidad, donde la especie aprovecha la luz del sol y los nutrientes naturales del Mar Argentino.

La notable capacidad de adaptación del cachiyuyo representa una ventaja económica decisiva porque se trata de uno de los organismos que más rápido crece en el planeta. Las pequeñas plántulas de apenas tres milímetros superan con holgura los tres metros de longitud en un lapso estimado de seis a ocho meses de permanencia en el océano. Este ritmo de estiramiento acelera de forma notable los ciclos productivos comerciales, permitiendo concentrar el desarrollo de la biomasa durante la primavera para ejecutar las tareas de recolección mecánica durante el verano subsiguiente.


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Las actividades en la bahía operan bajo un nuevo marco de control ambiental establecido por la Ley Provincial 3995, una normativa que regula la explotación de algas marinas en las playas y el mar territorial santacruceño. Diversas entidades públicas sostienen la operatividad del proyecto, incluyendo al gobierno provincial con apoyo logístico de acceso a los sitios y a la Universidad Tecnológica Nacional mediante instrumental específico para registrar variables oceanográficas. Los técnicos confían en sumar próximamente los servicios especializados del INTA para perfeccionar los análisis sobre los derivados agrícolas que se aplicarán en los suelos productivos.

La diversificación de esta materia prima costera contempla una segunda línea de comercialización orientada directamente a mitigar las crisis históricas de la ganadería ovina tradicional de la Patagonia. El equipo científico evalúa la factibilidad técnica de transformar la biomasa seca en un formato de pellet compacto y duradero para la alimentación de las majadas en zonas áridas. El coordinador de Santa Cruz de la Fundación Por el Mar, Mariano Bertinat, ratificó esta alternativa productiva al explicar que "estamos estudiando si es posible producir un suplemento alimentario en forma de pellet, como suplemento alimentario para ganado".


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El modelo ensayado en el sur del país busca de forma activa diferenciarse de una industria global de algas que genera dividendos por 17.000 millones de dólares anuales pero provoca severos daños ecológicos en los ecosistemas marinos. El crecimiento de los mercados internacionales coincidió de manera histórica con un retroceso crítico de las praderas sumergidas debido a los esquemas de extracción directa de los recursos naturales. La propuesta de cultivar las líneas en el mar rompe esa inercia comercial, demostrando que es viable abastecer la demanda de bioinsumos sin alterar el equilibrio de las especies costeras.

La preservación de los fondos marinos nativos se sostiene como la premisa ética que valida los esfuerzos tecnológicos aplicados en los laboratorios de la provincia. El cultivo controlado evita la deforestación de los bosques submarinos de algas, espacios que funcionan como refugios vitales para la biodiversidad y reguladores del calentamiento de las aguas costeras. Mariano Bertinat detalló la estrategia de conservación que adoptó la organización ambiental: "El objetivo es proteger los bosques de macroalgas tanto en Santa Cruz como en Tierra del Fuego, por eso proponemos sembrarlas en el mar, y así preservar los bosques".


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La consolidación de esta cadena económica regional depende ahora de la capacidad de los productores para estabilizar el volumen y homogeneizar la calidad del producto final para el mercado. El éxito obtenido en la bahía de Puerto San Julián comprobó la viabilidad biológica del sistema en el riguroso Mar Argentino, superando los obstáculos de las mareas amplias y las corrientes del atlántico sur. El límite operativo inmediato consistirá en transformar este laboratorio a cielo abierto en una actividad estable, rentable y normada que permita a las familias costeras vivir dignamente de las granjas marinas sin degradar la naturaleza.

Fuente: LA NACION.

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