
El mendocino que juntó más de 500 álbumes y convirtió las figuritas en una comunidad
Otros Temas27/05/2026
REDACCIÓNRodrigo López Lapira mantiene viva una pasión mundialista que mezcla nostalgia, paciencia, canjes y encuentros entre coleccionistas.

Rodrigo López Lapira tiene 39 años, es mendocino y guarda una colección que para cualquier fanático del fútbol funciona como un viaje por la historia de los mundiales. Atesora más de 500 álbumes y se convirtió en uno de los mayores coleccionistas de figuritas del país. Lo que para muchos aparece cada cuatro años como una emoción pasajera, para él es una forma de vida.
La pasión de Rodrigo no se limita a completar álbumes. También está atravesada por el encuentro con otros fanáticos, los canjes, las búsquedas difíciles y la memoria afectiva que despiertan las figuritas. En diálogo con Radio Sudamericana, resumió ese costado social con una frase simple: “El intercambio de las figuritas, volver a juntarse, es lindo el proceso”.


El Mundial 2026 volvió a encender esa fiebre coleccionista. Según explicó, esta edición llega con una diferencia importante respecto de años anteriores: la cantidad de figuritas. Mientras otros álbumes rondaban entre 600 y 630, el nuevo tiene 980 figuritas. Además, cada sobre viene con 7 unidades, en lugar de las tradicionales 5.
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Para Rodrigo, el secreto para completar un álbum no está en la ansiedad ni en comprar sin medida, sino en sostener una estrategia paciente. “Siempre digo que el secreto está en la paciencia y en juntarse con gente y tener la tranquilidad que en algún momento se va a llenar”, aseguró. Su receta combina tiempo, redes de intercambio y una mirada menos desesperada sobre el proceso.
El coleccionista también distingue entre la parte técnica y la parte emocional. “Si hablamos de tecnicismos, el canje es la mejor forma de llenar y si hablamos de emoción hay que estar tranquilos y hacerlo con paciencia”, explicó. En esa idea aparece una clave de su vínculo con las figuritas: completar importa, pero el camino también tiene valor propio.
En 2014, López Lapira creó una comunidad de coleccionistas que desde entonces creció junto con cada Mundial. Ese espacio se convirtió en punto de encuentro para quienes buscan cambiar repetidas, conseguir faltantes o simplemente compartir una pasión común. Para la edición 2026, la expectativa es que la concurrencia rompa récords.
Rodrigo también observa un cambio generacional. Recordó que en 2014 y 2018 muchos padres llevaban a sus hijos a las plazas para participar de los encuentros de canje. Pero en 2022 y 2026, según contó, son los chicos quienes piden volver. Ese detalle muestra que la tradición no solo se mantiene, sino que vuelve a encontrar fuerza entre los más jóvenes.
Su colección también incluye piezas anteriores al dominio de Panini. Rodrigo conserva reliquias de épocas en las que las figuritas llegaban dentro de cigarrillos, chocolatines o golosinas. Para los mundiales de Suiza 1954 y Suecia 1958, por ejemplo, existían álbumes europeos de tapa dura, con formato de libro y fotografías coleccionables.
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Entre sus tesoros aparece también el álbum de Chile 1962, que consiguió en 2016 mediante un intercambio con un coleccionista chileno. Otro caso especial es Uruguay 1930, el primer Mundial FIFA. Allí no hubo álbum como se lo conoce hoy, sino un libro con fotografías impresas. Rodrigo tiene uno de los 3.000 ejemplares originales, identificado con el número 117.
A pesar de semejante archivo, todavía quedan piezas que persigue desde hace años. Entre los faltantes más deseados están Italia 1934, Brasil 1950 y México 1970. Algunas aparecieron en internet, pero con precios millonarios. Rodrigo no se resigna y mantiene la búsqueda abierta, con la misma paciencia que recomienda para llenar cualquier álbum.
La historia de este coleccionista mendocino muestra que las figuritas no son solo papel impreso con caras de jugadores. Son memoria, infancia, Mundial, reunión y espera. En tiempos de pantallas y consumos veloces, Rodrigo López Lapira sostiene una pasión que todavía necesita manos, sobres, repetidas y mesas compartidas para sentirse completa.














