
La reducción operativa de la pista principal podría provocar cancelaciones, escalas técnicas, menos frecuencias y la pérdida provisoria de casi 100 mil asientos.

Las obras en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza encendieron una fuerte preocupación en la industria turística y aerocomercial. Entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre de 2026, la pista principal operará con una longitud reducida de 1.850 metros, frente a los 3.300 metros habituales, lo que obligará a varias aerolíneas internacionales a modificar sus vuelos de larga distancia.
La intervención es considerada necesaria por razones técnicas y de seguridad operacional, pero el momento elegido generó malestar entre compañías aéreas, agencias de viajes, hoteles y operadores receptivos. El principal temor es que la reducción de capacidad llegue justo en una etapa clave para el turismo internacional, cuando Buenos Aires y la Argentina intentan recuperar competitividad y atraer visitantes de mercados estratégicos.


El impacto más fuerte se sentirá en los vuelos operados con aeronaves de fuselaje ancho, especialmente en rutas hacia Estados Unidos, Europa, Medio Oriente y Asia. La menor longitud disponible de pista puede obligar a despegar con menos carga, realizar escalas técnicas para reabastecimiento o directamente suspender operaciones durante el período afectado.
En la conectividad con Estados Unidos, el recorte podría superar los 68 mil asientos entre ida y vuelta. Actualmente, el mercado entre ambos países opera alrededor de ocho vuelos diarios directos hacia destinos como Miami, Atlanta, Nueva York, Dallas y Houston. Con una capacidad promedio de 250 pasajeros por vuelo, la reducción durante los 17 días de obras representa un golpe significativo para una ruta clave del turismo y los viajes corporativos.
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Las restricciones ya impactan en decisiones de compañías como American Airlines, Delta Air Lines, United Airlines y Latam Airlines, que comenzaron a cancelar vuelos, reducir frecuencias o rediseñar sus operaciones. En paralelo, varias aerolíneas europeas analizan esquemas alternativos para sostener parte de la conectividad sin resignar completamente su oferta.
Iberia será una de las empresas más afectadas. La compañía reducirá frecuencias y reemplazará parte de su operación por aviones de menor capacidad, con una pérdida estimada de unos 60 asientos por vuelo. Además, dejará de operar 18 tramos durante el período de obras, lo que llevaría su oferta a una reducción cercana al 50% de la operación habitual.

También habrá cambios en British Airways, que suspenderá el tramo entre Buenos Aires y Río de Janeiro, por lo que los vuelos provenientes de Londres finalizarán en Brasil. Level mantendrá solo uno de sus dos vuelos diarios y lo operará vía Montevideo, mientras que Air Europa mantendría su oferta con una escala técnica, posiblemente en Asunción o Montevideo.
En el caso de Aerolíneas Argentinas, la empresa confirmó que mantendrá su programación internacional, aunque con ajustes operativos puntuales. Las rutas a Madrid y Roma realizarán escalas técnicas en Río de Janeiro para reabastecimiento de combustible, mientras que los vuelos a Miami, Cancún, Punta Cana y Aruba se sostendrían sin modificaciones sustanciales.
Otras compañías también recurrirán a escalas regionales. Lufthansa mantendría su oferta hacia Frankfurt con una parada en Brasil; ITA Airways analiza operar hacia Roma vía Río de Janeiro o San Pablo; KLM evalúa mantener vuelos a través de Santiago de Chile; y Plus Ultra podría utilizar Montevideo como escala antes de continuar a Madrid.
El escenario será más complejo para aerolíneas que directamente suspenderán su operación hacia la Argentina. Emirates cancelará temporalmente sus vuelos a Ezeiza y llegará solo hasta Río de Janeiro, mientras que Air Canadafinalizará sus servicios en San Pablo. A ellas se suman Ethiopian Airlines y China Eastern Airlines, que también suspenderán operaciones durante el período.
La utilización de aeropuertos alternativos aparece como una solución parcial, pero no exenta de costos. Referentes del sector advierten que un pasajero obligado a pasar por Montevideo, Río de Janeiro o Rosario puede perder medio día entre migraciones, conexiones y traslados. Esa complicación afecta la experiencia de viaje y puede terminar inclinando la decisión hacia otros destinos.
El turismo receptivo es el segmento que más preocupa. Los operadores advierten que el visitante internacional planifica con mucha anticipación y suele elegir destinos con conectividad clara, horarios previsibles y menor riesgo operativo. En mercados como Europa y Estados Unidos, cualquier señal de incertidumbre puede impactar directamente sobre reservas, eventos y viajes de alto gasto.
El presidente de Destino Argentina y CAT Baires, Daniel Manzella, advirtió que el problema puede exceder la pérdida puntual de vuelos. “El daño más grande puede ser reputacional. Cuando un destino empieza a asociarse con incertidumbre operativa, el impacto excede al vuelo cancelado”, sostuvo. Su preocupación apunta a la imagen del país como destino confiable para viajes de larga distancia.
Desde el sector hotelero también cuestionan la falta de previsibilidad. Camilo Suárez, presidente de Ahrcc, señaló que lo que genera malestar no es la obra en sí, sino la forma en que fue comunicada y coordinada. “Lo que faltó fue diálogo. Queremos estar en la mesa de trabajo”, reclamó, al pedir mayor articulación entre autoridades, aerolíneas y privados.
El segmento corporativo y de eventos también encendió alertas. Adrián Pastine, director general de Venturance y secretario de Faevyt, sostuvo que el impacto será negativo para viajes de negocios, congresos, incentivos y encuentros internacionales. Septiembre, octubre y noviembre suelen concentrar movimiento corporativo, congresos médicos y actividad de empresas con casas matrices en Europa y Estados Unidos.
Las tarifas también podrían sentir el impacto. Referentes del mercado estiman que el aumento del combustible por la guerra en Medio Oriente, sumado a las restricciones operativas, escalas técnicas y reducción de frecuencias, podría derivar en incrementos de hasta 30% en determinados tickets internacionales durante las semanas afectadas. Algunas compañías calculan pérdidas de entre US$ 20 millones y US$ 30 millones por las alteraciones.
Detrás de la tensión aparece un plan de modernización importante. Las obras ejecutadas por Aeropuertos Argentinademandan una inversión superior a US$ 100 millones e incluyen la rehabilitación de la pista secundaria 17-35, la remodelación de su intersección con la pista principal 11-29, nuevas áreas operativas, ampliación de plataformas, biometría, sistemas self bag drop y una conexión vial directa con la Autopista Riccheri.
El desafío será atravesar esas semanas sin que la obra necesaria derive en un daño comercial más profundo. Aerolíneas, agencias, hoteles y autoridades trabajan ahora en estrategias de mitigación para sostener conectividad, ordenar reprogramaciones y evitar que el ruido operativo golpee las reservas internacionales. Para el turismo argentino, la clave será que Ezeiza se modernice sin perder confianza en plena temporada alta.














