
El último reporte sanitario expone que Salta y Tucumán absorben el grueso de los contagios autóctonos, en una temporada donde el dengue quedó estancado.

El mapa sanitario de la Argentina muestra una grieta geográfica insalvable cuando se analiza la distribución de las fiebres tropicales. Cuatro provincias septentrionales sostienen casi en soledad el impacto de un brote que apenas roza a las grandes urbes de la región central. Los efectores públicos del Noroeste argentino (NOA) asumen la atención médica de una población expuesta a la proliferación del mosquito vector en patios y terrenos baldíos.
Las estadísticas oficiales reflejan que el 96% de los casos acumulados de la temporada se localiza de manera exclusiva en esa franja norte del territorio nacional. La dinámica del brote actual demuestra que la transmisión local consolidó sus raíces en las comunidades vulnerables antes de que las temperaturas invernales enfriaran los reservorios de agua. Salta encabeza la nómina histórica del período con 1.329 diagnósticos procesados entre confirmados y probables por los comités de emergencia provinciales.
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El sistema de salud tucumano absorbe otra porción sustancial de la epidemia con 661 pacientes registrados en sus planillas de control epidemiológico. Santiago del Estero contabiliza 230 personas afectadas por el virus, mientras que la provincia de Jujuy completa el cuadrante crítico sumando 197 casos hasta el momento. Las intendencias de estas localidades coordinan operativos de descacharrado intensivo para bloquear la reproducción del insecto en áreas periurbanas.
La situación en los grandes conglomerados del centro productivo del país se mantiene en niveles residuales a pesar de la alta densidad demográfica que caracteriza a esos distritos. La provincia de Buenos Aires registra apenas 46 casos confirmados y probables, la provincia de Córdoba computa 36 personas afectadas y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires cierra la estadística con 13 infectados. Esta dispersión menor demuestra que la circulación comunitaria no logró replicar en el cemento porteño la intensidad que ostenta en las provincias norteñas.
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El origen del brote bianual, que abarca desde mediados del año pasado hasta la actualidad, desnuda la preponderancia absoluta de la transmisión local frente a la importación por turismo. El registro consolidado de la temporada llegó a 2.547 casos confirmados y probables, de los cuales 2.393 corresponden enteramente a infecciones de carácter autóctono dentro de los barrios habitados. Los viajes internacionales aportaron una cuota marginal de 154 pacientes que ingresaron al territorio con la dolencia en incubación tras visitar regiones endémicas americanas.
Los laboratorios de referencia registraron cero nuevos positivos de dengue durante la confección del reporte de la semana epidemiológica 20, un dato que expone el comportamiento dispar de las dos arbovirosis más vigiladas del país. El dengue quedó estancado en un acumulado estacional de 66 infectados, una cifra sumamente baja si se la compara con los miles de damnificados por la chikungunya. El 59% de los portadores de dengue contrajo la enfermedad en sus lugares de residencia habitual, evidenciando que el mosquito local también transporta este virus aunque con menor efectividad biológica.
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Los pacientes con antecedentes de viajes al exterior completan el 41% restante de la estadística de dengue tras regresar de destinos americanos tradicionales. El Boletín Epidemiológico Nacional consigna itinerarios hacia Brasil, Paraguay, México, Colombia, Cuba, Venezuela y República Dominicana dentro de las fichas médicas de los ingresados. Las planillas oficiales también incorporan destinos remotos como Pakistán, Indonesia, Sri Lanka y Maldivas dentro del mapa de origen de los vectores importados.
Las planillas del Ministerio de Salud de la Nación registraron 160 casos nuevos de chikungunya en el último corte quincenal de datos biológicos. Esta cifra marca una desaceleración notable de la velocidad de contagio si se toma como referencia el pico histórico alcanzado durante la semana 16, cuando los efectores cargaron 430 diagnósticos en el sistema centralizado. La caída de las notificaciones recientes alivia la presión cotidiana sobre las guardias periféricas, pero los médicos rurales advierten que el peligro persiste debido al stock de personas que aún transitan la etapa de convalecencia.
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La reducción progresiva del impacto semanal abarca de igual manera a los registros de pacientes clasificados como confirmados, probables y aquellos que todavía figuran bajo estudio de laboratorio. La consolidación de 2.393 casos autóctonos representa una base de circulación local extendida que no se borra con el descenso temporario de la curva de contagios. Las autoridades sanitarias recuerdan que el invierno detiene la actividad del insecto, pero la presencia de larvas vivas en recipientes resguardados condiciona el punto de partida del próximo ciclo ambiental.
Fuente: NA.

















