
Temen que un cambio para los congeladores termine golpeando el trabajo en tierra
Actualidad04/06/2026
Sergio BustosLa disputa por el futuro de la industria pesquera volvió a instalarse con fuerza a partir de la propuesta para ampliar el porcentaje de colas de langostino que pueden procesarse a bordo de los buques congeladores. Mientras algunos empresarios sostienen que la medida mejoraría la rentabilidad de la actividad, distintos sectores vinculados al procesamiento en tierra advierten sobre las consecuencias que podría generar en el empleo y en las economías regionales.

El planteo surgió luego de las declaraciones del empresario Fernando Álvarez, titular de Conarpesa, quien impulsó una mayor flexibilización para que parte del trabajo que actualmente se realiza en plantas industriales pueda desarrollarse directamente en los barcos. Desde sectores de la industria pesquera rechazaron esa visión y cuestionaron que se minimicen los posibles efectos sobre los trabajadores.
“Decir que esta medida no pone en riesgo el empleo es desconocer cómo funciona la actividad pesquera y la industria en tierra”, sostuvieron referentes del sector al referirse al debate que comenzó a tomar volumen en los últimos días.


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La preocupación principal se concentra en la pérdida de tareas dentro de las plantas de procesamiento. Cada etapa que se traslada al buque implica menos actividad en tierra, menor demanda de mano de obra y una reducción en la contratación de trabajadores temporarios que participan durante las temporadas de mayor producción.
El impacto, aseguran, no se limita únicamente a los puestos de trabajo directos. La operatoria de los fresqueros de altura moviliza una extensa cadena de servicios vinculados al transporte, la logística, el frío, el estibaje y distintas actividades comerciales que dependen de la actividad portuaria. Cuando el valor agregado se realiza en alta mar, parte de esos recursos dejan de circular en las comunidades donde se desembarca la captura.
Otro de los cuestionamientos apunta a las diferencias de costos entre ambos modelos productivos. Las plantas radicadas en tierra deben afrontar gastos asociados a infraestructura, energía, descarga, transporte y personal, mientras que los congeladores procesan el producto sobre el mismo recurso capturado y con una estructura operativa diferente.
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Desde este sector consideran que esa situación genera una competencia desigual que podría afectar la viabilidad económica de muchas industrias instaladas en las ciudades portuarias. Además, advierten que los barcos tienen la posibilidad de incrementar volumen de captura para compensar eventuales variaciones de precios, una herramienta que las plantas terrestres no poseen.
Las críticas también se apoyan en experiencias previas registradas dentro de la actividad pesquera argentina. Según recuerdan, durante la década de 1990 distintas flexibilizaciones favorecieron procesos de concentración económica que terminaron afectando el empleo y debilitando el entramado industrial asociado al procesamiento de productos pesqueros.
Quienes rechazan la propuesta sostienen que avanzar hacia una mayor elaboración a bordo consolida un esquema orientado principalmente a la extracción y comercialización del recurso, dejando en segundo plano la generación de valor agregado en las localidades donde opera la industria. En ese contexto, reclaman una participación más activa de los distintos actores políticos para impedir modificaciones que consideren perjudiciales para el conjunto del sector.
La discusión también involucra el espíritu de la legislación pesquera nacional y provincial. Desde los sectores críticos recuerdan que las normas vigentes promueven la industrialización en tierra y el agregado de valor en las regiones donde se realizan los desembarques. Por ese motivo entienden que cualquier cambio en sentido contrario podría afectar no sólo los puestos de trabajo actuales, sino también las posibilidades de desarrollo productivo de las ciudades portuarias en el largo plazo.














