
Murió el Indio Solari a los 77 años: se apagó la voz que transformó el rock en un rito popular
Actualidad05/06/2026
REDACCIÓNEl exlíder de Los Redondos falleció en Buenos Aires a los 77 años. Su legado independiente abarca desde la génesis platense hasta la máxima distinción de la UBA.

La máxima distinción académica de la Universidad de Buenos Aires llegó de forma tardía a la vida de un artista que edificó su carrera en los márgenes de los salones oficiales. El rectorado otorgó el título de Doctor Honoris Causa a Indio Solari poco antes de que su residencia de Parque Leloir se convirtiera en el escenario de su fallecimiento a los 77 años. Este reconocimiento institucional marcó una de las últimas apariciones públicas de la voz más influyente del rock argentino, cerrando un ciclo de aislamiento deliberado y producción estrictamente controlada.
El declive físico del cantante estuvo signado por una batalla silenciosa contra el mal de Parkinson, una condición neurológica que transformó por completo su rutina de trabajo y sus apariciones públicas. La dolencia irrumpió con fuerza en el discurso ricotero durante el masivo concierto que la banda brindó en la ciudad de Tandil en la temporada 2016. Arriba de las tablas, el músico pronunció una frase cruda que anticipó su retirada progresiva del cuerpo escénico: "el Parkinson me anda pisando los talones".
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La imposibilidad de sostener las exigencias físicas de los espectáculos presenciales obligó al compositor a clausurar definitivamente las misas ricoteras tras el caótico show de Olavarría en 2017. Lejos de abandonar la producción estética, el exlíder apeló al uso de técnicas holográficas en un recordado concierto virtual emitido durante el año 2020. Esta salida tecnológica le permitió interactuar de manera remota con su masa de seguidores, consolidando una modalidad inédita de permanencia artística sin necesidad de exponer su deteriorada salud en un escenario convencional.
El anuncio formal de su retiro definitivo de los escenarios en vivo ocurrió en 2023, obligándolo a concentrar todas sus fuerzas creativas puertas adentro de su estudio de grabación privado. Desde ese refugio bonaerense, Solari administró los hilos de su obra tardía a través de libros, grabaciones de estudio y mensajes digitales celosamente dosificados. Su bajo perfil se volvió severo con el paso de las temporadas, transformando cada declaración esporádica en un acontecimiento central para los medios de comunicación y los músicos locales.
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La etapa solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado sirvió para canalizar una catarata de composiciones que rompieron el silencio discográfico en 2004 con el lanzamiento de El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel). A esa producción inicial le siguieron placas de gran factura lírica como Porco Rex, El perfume de la tempestad y Pajaritos, bravos muchachitos. La discografía oficial de este tramo solista concluyó su registro en 2018 mediante la publicación de El ruiseñor, el amor y la muerte, un álbum que expandió el universo estético del cantante más allá de los límites de su antigua banda.
El quiebre definitivo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota aconteció en el año 2001, dejando huérfana a una comunidad de oyentes que transformó la identidad de la banda en un estilo de vida. La sociedad artística editó nueve álbumes de estudio que reconfiguraron la matriz del cancionero popular argentino mediante una lírica cargada de imágenes herméticas y una sonoridad de trinchera. Discos fundamentales como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado y Luzbelito integran ese catálogo histórico que sobrevive a las modas de la industria musical.
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La semilla de este movimiento cultural germinó en la ciudad de La Plata hacia 1975, cuando el vocalista se asoció con el guitarrista Skay Beilinson para dar vida a un proyecto contracultural sin precedentes. La agrupación adoptó la independencia absoluta como bandera comercial y rechazó sistemáticamente los contratos leoninos de las compañías discográficas multinacionales. El grupo demostró que era posible llenar estadios de fútbol prescindiendo de los canales de difusión tradicionales, forjando un pacto de fidelidad directa con su público.
Las composiciones poéticas de Solari eludieron las pautas publicitarias convencionales y circularon de boca en boca a través de casetes, pintadas callejeras y banderas militantes. Las letras de las canciones mutaron rápidamente en consignas políticas y sociales que adoptaron las barriadas populares de todo el territorio nacional. Esta mística colectiva garantizó que la identidad ricotera conservara su vitalidad y magnetismo mucho tiempo después de que el cuerpo del cantante perdiera la capacidad de resistir los embates de una gira presencial.
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La partida del cantante altera la fisonomía del mapa contracultural y deja un vacío logístico difícil de llenar en el circuito del rock independiente. La masa de seguidores tramita ahora el duelo de una voz que funcionó como refugio identitario frente a las lógicas estandarizadas del entretenimiento global. El destino de sus archivos inéditos y el rumbo de su banda de apoyo configuran un escenario de profunda expectativa para una feligresía musical que deberá sostener la vigencia de su mitología sin la presencia física de su máximo conductor.
Fuente: Infobae.
















