
Keiko Fujimori busca romper una marca que persigue a la política peruana desde hace 15 años
Política06/06/2026
REDACCIÓNLa dirigente vuelve a disputar la Presidencia luego de tres derrotas en balotajes consecutivos. Llega con una estructura partidaria consolidada, un escenario social distinto y causas judiciales que ya no condicionan el centro de su campaña.

Tres elecciones presidenciales perdidas no alcanzaron para sacarla de la escena política peruana. Keiko Fujimori volverá este domingo a competir por la Presidencia y enfrentará a Roberto Sánchez en una segunda vuelta que puede modificar una historia electoral marcada por derrotas ajustadas y regresos permanentes. A los 51 años, llega otra vez a una instancia decisiva con una base de apoyo firme en Lima y mayores dificultades para expandirse en gran parte del interior del país.
La campaña encuentra a Perú atravesado por preocupaciones diferentes a las que dominaron otros procesos electorales recientes. El crecimiento de las extorsiones, los homicidios y las actividades vinculadas al crimen organizado desplazó a la economía del centro de las demandas ciudadanas y empujó el debate hacia cuestiones asociadas a la seguridad pública. Sobre ese terreno, Fujimori construyó buena parte de su propuesta política.


La candidata promete endurecer la respuesta estatal frente a la delincuencia, impulsar cambios en el sistema judicial y penitenciario e incorporar medidas inspiradas en la experiencia aplicada por el presidente salvadoreño Nayib Bukele. Al mismo tiempo, plantea acelerar inversiones mineras, reducir trámites burocráticos y ampliar proyectos ligados a la agroexportación, una combinación que busca responder tanto a las demandas de seguridad como a las expectativas económicas.
La posibilidad de volver a competir en igualdad de condiciones apareció luego de un cambio significativo en su situación judicial. Durante años, el caso Odebrecht condicionó su carrera política y derivó en períodos de prisión preventiva que sumaron cerca de dieciséis meses. Sin embargo, el Tribunal Constitucional anuló el juicio en octubre de 2025 y un juez archivó el proceso en enero de 2026, pocas semanas antes del inicio formal de la campaña electoral.
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Ese giro judicial eliminó el principal obstáculo que enfrentaba para regresar a una disputa presidencial. Aunque todavía permanece imputada por cargos menores relacionados con declaraciones falsas ante organismos electorales, la cuestión dejó de ocupar el lugar central que tuvo durante elecciones anteriores y permitió que la discusión política girara hacia otros temas.
La persistencia electoral de Fujimori también se explica por la fortaleza de la estructura que dirige. Mientras Perú atravesó años de fragmentación política y una sucesión de gobiernos marcada por la inestabilidad, Fuerza Popular conservó presencia parlamentaria y capacidad de influencia institucional. Sus críticos sostienen que el fujimorismo participó activamente de las crisis que derivaron en la salida de varios presidentes, una acusación que ella rechaza al argumentar que las decisiones adoptadas por su espacio se ajustaron a los mecanismos previstos por la Constitución.
Detrás de esa construcción política aparece una trayectoria singular. Antes de convertirse en dirigente partidaria, ocupó un lugar inusual en la vida pública peruana cuando asumió funciones de primera dama con apenas 19 años. Durante seis años acompañó a Alberto Fujimori en actividades oficiales, reuniones diplomáticas y viajes internacionales, una experiencia que la acercó al funcionamiento cotidiano del poder mucho antes de iniciar su carrera electoral.
Aquella cercanía con el expresidente continúa siendo uno de los factores que más influyen en la percepción pública sobre su figura. Para muchos simpatizantes representa la continuidad de un modelo asociado al crecimiento económico y al restablecimiento del orden frente a la violencia que golpeó al país durante la década de 1990. Para otros, sigue ligada a una etapa que dejó cuestionamientos por violaciones a los derechos humanos y por aspectos controvertidos de aquella gestión.
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Las definiciones sobre ese legado nunca quedaron del todo resueltas dentro del propio movimiento. Algunos dirigentes hablaron durante años de un “fujimorismo 2.0” e incluso de un “keikismo”, intentando destacar una identidad política propia. Sin embargo, Fujimori jamás tomó distancia de la figura de su padre ni cuestionó públicamente los aspectos centrales de su administración, una decisión que terminó moldeando su perfil político.
La elección también presenta una dimensión personal distinta respecto de campañas anteriores. Llega sin la presencia de Alberto Fujimori, fallecido en 2024, y después de su divorcio de Mark Vito, con quien tuvo dos hijas. En paralelo, busca dejar atrás una secuencia de derrotas que comenzó en 2011 frente a Ollanta Humala, continuó en 2016 ante Pedro Pablo Kuczynski y volvió a repetirse en 2021 contra Pedro Castillo.
Esa sucesión de caídas electorales construyó una paradoja difícil de encontrar en otros líderes latinoamericanos. Fujimori logró mantenerse durante años entre las figuras más influyentes de la política peruana sin alcanzar el principal objetivo que persigue desde hace más de una década. La votación de este domingo definirá si esa serie continúa o si finalmente consigue transformar su peso político en una victoria presidencial.














