
La manzana argentina pierde terreno en el mundo y toca su piso exportador en diez años
Actualidad08/06/2026
Sergio BustosLas exportaciones de manzanas argentinas atraviesan uno de sus momentos más delicados de la última década. Los datos correspondientes a los primeros cinco meses de 2026 muestran una fuerte retracción de los envíos al exterior y reflejan un escenario que preocupa a productores, empacadores y exportadores de una de las economías regionales más importantes del país.

Entre enero y mayo, Argentina exportó poco más de 24.900 toneladas de manzanas, según estadísticas oficiales del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). El volumen representa una caída del 39% respecto del mismo período de 2025 y se ubica muy por debajo de los registros históricos de la actividad.
El deterioro se vuelve más evidente al comparar los números actuales con los de años anteriores. Mientras que en 2018 las exportaciones superaban las 57.000 toneladas durante los primeros cinco meses de la campaña, en la actualidad apenas alcanzan la mitad de aquel volumen. Además, el resultado de 2026 se ubica 30% por debajo del promedio registrado en las últimas cinco temporadas.


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Detrás de la caída aparecen varios factores que afectan simultáneamente al sector. Uno de los más importantes es la menor disponibilidad de fruta, producto de una cosecha que registró mermas significativas. A esto se suma un contexto de mercado interno que ofrece valores atractivos para los productores, reduciendo el incentivo para asumir los costos y riesgos que implica exportar.
La combinación de menor oferta y mejores precios domésticos modificó las decisiones comerciales de muchos operadores. En lugar de destinar la fruta al exterior, una parte importante de la producción encontró mejores condiciones dentro del mercado argentino, especialmente en un contexto donde la rentabilidad exportadora enfrenta crecientes dificultades.
Pero el problema no se limita a los volúmenes. La composición de los destinos también refleja una transformación profunda. Brasil continúa siendo el principal comprador de manzanas argentinas, con más de 7.300 toneladas adquiridas en lo que va del año. Detrás aparecen Paraguay y Bolivia, tres mercados que en conjunto concentran más del 60% de las exportaciones.
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Esta concentración genera preocupación porque se trata de destinos que suelen ofrecer valores más bajos que los obtenidos en otros mercados internacionales. En países de Asia, Estados Unidos y Europa las cotizaciones son considerablemente superiores, permitiendo mejores márgenes para los exportadores que logran acceder a esos nichos de mayor valor.
La diferencia con el escenario de años anteriores es notoria. En 2017, Rusia lideraba las compras de manzanas argentinas y compartía protagonismo con Estados Unidos y otros mercados extrarregionales. La cartera de destinos era más amplia y permitía distribuir la oferta en diferentes regiones del mundo. Hoy, en cambio, la dependencia de América Latina es cada vez mayor.
Los empresarios atribuyen esta situación a un problema estructural de competitividad. Los costos de producción, empaque, logística y comercialización continúan siendo elevados en comparación con otros países exportadores, dificultando el acceso a mercados exigentes donde la competencia internacional es intensa.
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A ese escenario se suma otro desafío que aparece con fuerza en los análisis del sector: la renovación varietal. Los consumidores de los mercados premium demandan nuevas variedades con características específicas de sabor, color, textura y presentación. Sin embargo, gran parte de la producción argentina continúa concentrada en variedades tradicionales, especialmente Red Delicious.
Esta realidad limita las posibilidades de expansión hacia destinos de alto valor agregado. Mientras países como Chile, Nueva Zelanda y Australia avanzan con estrategias orientadas a nuevas variedades y mercados asiáticos, Argentina sigue encontrando dificultades para posicionarse en esos segmentos que hoy concentran buena parte del crecimiento mundial del negocio.
La campaña 2026 deja así una señal de alerta para toda la cadena frutícola. Con menos fruta disponible, exportaciones en retroceso y una creciente dependencia de mercados regionales de menor rentabilidad, el sector enfrenta el desafío de recuperar competitividad para volver a ganar espacio en un comercio internacional cada vez más selectivo.







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