Una red de hongos de 110 billones de kilómetros captura carbono bajo tierra

Enfoques12/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un mapa global reveló la escala de los hongos micorrícicos, aliados del suelo y del clima que pierden densidad en zonas de agricultura intensiva.

Los investigadores Toby Kiers y Merlin Sheldrake, durante un muestreo en las montañas de Bután.
Los investigadores Toby Kiers y Merlin Sheldrake, durante un muestreo en las montañas de Bután.

Una red viva de hongos subterráneos se extiende bajo los suelos del planeta con una escala difícil de imaginar: unos 110 billones de kilómetros de filamentos microscópicos. Esa infraestructura natural sostiene el intercambio de agua, nutrientes y carbono entre plantas y suelo, y ahora fue mapeada por primera vez a nivel global. El hallazgo muestra una dimensión oculta del equilibrio climático, pero también expone una señal de deterioro en las zonas más transformadas por la actividad agrícola.

Los protagonistas son los hongos micorrícicos arbusculares, organismos que viven asociados a las raíces de las plantas. A cambio del carbono que reciben de la fotosíntesis, ayudan a las plantas a absorber nutrientes y agua. Esa relación silenciosa funciona como una red de abastecimiento bajo tierra y resulta decisiva para la fertilidad de los suelos, la salud de los ecosistemas y la producción de alimentos.

El trabajo fue realizado por un equipo internacional de investigadores liderado por la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas. Para construir el mapa, los científicos analizaron más de 16.000 muestras de suelo tomadas en distintos puntos del planeta. Luego utilizaron herramientas de inteligencia artificial, aprendizaje automático y modelos de datos para estimar la densidad de estas redes en ecosistemas que no habían sido muestreados directamente.

La magnitud del sistema ayuda a entender por qué los investigadores lo describen como una especie de “sistema circulatorio” de la Tierra. Sus filamentos, conocidos como hifas, operan como autopistas microscópicas por donde se mueven recursos esenciales para la vida vegetal. Bajo pastizales, bosques, humedales, tundras y desiertos, esos canales conectan raíces y hongos en una trama que hasta ahora no tenía una representación global precisa.


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El mapa también permite medir su peso climático. Según el estudio, estas redes transportan alrededor de 4.000 millones de toneladas de dióxido de carbono hacia los suelos cada año. Esa cifra equivale a una porción relevante de las emisiones humanas directas, lo que ubica a los hongos micorrícicos como actores centrales en la captura de carbono y en la regulación del clima.

La masa de esta infraestructura subterránea también sorprende. Los cálculos indican que las redes contienen aproximadamente 300 megatones de carbono, una cantidad equivalente a entre cuatro y seis veces la masa de todos los seres humanos vivos. La comparación no busca exagerar, sino mostrar que una parte decisiva de la vida planetaria se sostiene en estructuras invisibles para la mayoría de las personas.

Los pastizales aparecen como zonas de enorme importancia dentro de este sistema. El mapa muestra que concentran cerca del 40% de la infraestructura de los hongos micorrícicos arbusculares más abundantes. Entre las áreas con mayor densidad se mencionan los pastizales inundados de Sudán del Sur, los Everglades de Florida y la meseta tibetana, regiones donde el subsuelo conserva una actividad biológica excepcional.

Red de hongos
Red de hongos

La señal más preocupante surge en las grandes extensiones agrícolas. El estudio advierte que las tierras sometidas a agricultura intensiva presentan densidades mucho menores de estas redes subterráneas. La labranza, el uso de fertilizantes, los pesticidas y la simplificación de los ecosistemas reducen la capacidad del suelo para sostener esos vínculos entre hongos y plantas.

Esa pérdida no afecta solo a los hongos. También puede debilitar la fertilidad del suelo, alterar el reciclaje de nutrientes y reducir la capacidad de los ecosistemas para almacenar carbono. En un contexto de cambio climático, la degradación de esta red invisible agrega presión sobre sistemas naturales que ya cumplen funciones decisivas para amortiguar el impacto de las emisiones.


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El valor del nuevo mapa está en que convierte una estructura casi imposible de observar en una herramienta concreta para tomar decisiones. Los investigadores buscan que la información sirva para orientar políticas de conservación, restauración de suelos y prácticas agrícolas menos destructivas. Proteger el subsuelo implica mirar más allá de bosques, ríos y especies visibles, porque buena parte del equilibrio ambiental se define en capas que no aparecen en el paisaje cotidiano.

La investigación deja una advertencia clara para la agenda ambiental. Bajo los campos, los pastizales y los bosques existe una red que alimenta plantas, captura carbono y ayuda a regular el clima. Su deterioro no se ve a simple vista, pero puede modificar la capacidad del planeta para sostener suelos fértiles y ecosistemas estables.

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