
La ONPE ya procesó todas las actas, pero el resultado final depende de documentos observados que deben resolver los jurados electorales.

Keiko Fujimori quedó al frente del conteo provisorio de la segunda vuelta presidencial en Perú por una diferencia mínima frente a Roberto Sánchez. El margen informado hasta las 17.45, hora argentina, era de 18.478 votos, una distancia estrecha para una elección nacional. La definición quedó atada a la validación de actas observadas antes de que las autoridades electorales comuniquen el resultado final.
La Oficina Nacional de Procesos Electorales registró el 100% de las actas procesadas, aunque no todas pasaron todavía al cómputo definitivo. Las actas contabilizadas alcanzaban el 98,59%, según los datos difundidos para la segunda vuelta presidencial de las Elecciones Generales 2026. Esa diferencia técnica explica por qué el conteo muestra una ventaja parcial, pero todavía no permite cerrar la elección.


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Fujimori, candidata de Fuerza Popular, reunía 9.075.519 sufragios y llegaba al 50,051% de los votos computados. Sánchez, postulante de Juntos por el Perú, sumaba 9.057.024 votos y alcanzaba el 49,949%. La brecha entre ambos quedó reducida a una fracción del padrón contado, en una segunda vuelta marcada por la paridad.
El punto decisivo está en las actas que no ingresaron aún al cómputo final por presentar observaciones. Entre 1.300 y 1.500 documentos quedaron bajo revisión por inconsistencias numéricas, datos ilegibles o falta de firmas. Esas actas fueron derivadas a los Jurados Electorales Especiales, que deberán resolver su validez antes de que los votos puedan sumarse al resultado oficial.
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El escrutinio quedó dividido entre dos etapas que suelen confundirse en la lectura pública. Una cosa es que la ONPE procese las actas recibidas y otra distinta es que todas queden contabilizadas después de superar controles formales. En este caso, el sistema ya incorporó la totalidad de documentos para revisión, pero una porción sigue pendiente de validación legal.
Las actas contabilizadas representan más del 98,3% del total general y corresponden a documentos que superaron el control de calidad. Esas actas no presentaron errores que impidieran computar sus votos y ya forman parte del conteo oficial. Las observadas, en cambio, deberán esperar la resolución de los órganos electorales competentes.
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La ventaja parcial de Fujimori no alcanza para despejar la incertidumbre política. La diferencia de 18.478 votos puede ser sensible frente al número de actas observadas y al volumen de sufragios que podrían incorporarse después de las decisiones de los jurados. Por eso, la atención quedó concentrada menos en el porcentaje ya difundido que en la revisión documental pendiente.
La ONPE continuará publicando los porcentajes actualizados a través de su plataforma oficial de resultados. Ese sitio permite seguir el avance del conteo y la situación de las actas de la segunda vuelta presidencial. En paralelo, el Jurado Nacional de Elecciones mantiene el seguimiento del estado técnico de expedientes, impugnaciones y resoluciones de los jurados.
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El escenario electoral peruano quedó así en una etapa de espera institucional. Ninguno de los dos candidatos puede considerar cerrado el proceso mientras las actas observadas no reciban una decisión definitiva. La diferencia entre Fujimori y Sánchez es estrecha, pero el mecanismo de revisión todavía conserva peso suficiente para sostener la expectativa.
La elección también expone la importancia del control formal en comicios de margen mínimo. Cuando la distancia entre dos candidaturas queda por debajo de unas pocas décimas, cada acta observada adquiere un valor político y jurídico mayor. La validación de firmas, números y legibilidad pasa a tener impacto directo sobre la lectura nacional del resultado.
Perú ingresó en la fase más delicada del conteo con todos los documentos procesados y una porción menor pendiente de definición legal. Fujimori lidera de manera parcial, Sánchez permanece cerca y el desenlace depende de resoluciones electorales que todavía deben completarse. El límite inmediato será conocer cuántas actas observadas se incorporan finalmente al cómputo y qué efecto tendrán sobre una diferencia mínima.
















