
El tesoro oculto de la Patagonia donde los árboles se transformaron en roca
Turismo16/06/2026
REDACCIÓNEn el sur de Chubut existe un escenario capaz de desconcertar a cualquier visitante. A simple vista parece un paisaje árido, moldeado por el viento y el paso del tiempo. Sin embargo, al avanzar por sus senderos aparece una de las mayores singularidades geológicas de la Argentina: árboles gigantescos que sobrevivieron millones de años transformados completamente en roca.

El Bosque Petrificado Sarmiento guarda vestigios de un mundo muy distinto al actual. Mucho antes de que la Patagonia adquiriera las características que hoy la identifican, la región estaba cubierta por extensas áreas de vegetación, humedales y ambientes favorables para el crecimiento de enormes especies arbóreas.
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Los especialistas estiman que el proceso que permitió la conservación de estos restos vegetales comenzó hace alrededor de 65 millones de años. Con el paso del tiempo, los troncos quedaron sepultados por sedimentos y cenizas volcánicas, mientras los minerales reemplazaban lentamente la materia orgánica original hasta convertirla en piedra.
El resultado puede observarse hoy en una extensa área protegida ubicada a unos 28 kilómetros de Sarmiento y a aproximadamente 156 kilómetros de Comodoro Rivadavia. La reserva abarca cerca de 300 kilómetros cuadrados y constituye uno de los principales atractivos naturales del interior chubutense.
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Lo que más sorprende a quienes recorren el lugar es el nivel de conservación de los fósiles. Muchos troncos mantienen formas, texturas y detalles que permiten identificar con claridad estructuras que pertenecieron a árboles que dominaron estos territorios en tiempos remotos.
El paisaje no solo está definido por los fósiles. El entorno combina suelos arenosos y arcillosos, depósitos de ceniza volcánica, rocas basálticas y una amplia variedad de colores que convierten al recorrido en una experiencia visual muy particular. En distintos sectores, el relieve adquiere formas que recuerdan escenarios cinematográficos o superficies de otros planetas.
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Entre los elementos más destacados aparece el Cerro Abigarrado, una formación que aporta tonalidades intensas al paisaje y se convierte en uno de los puntos más fotografiados de la reserva. Desde distintos sectores del parque es posible apreciar contrastes de colores que cambian según la luz y las condiciones climáticas.
Los senderos habilitados permiten observar restos fósiles de antiguas coníferas y palmeras que alguna vez formaron parte de un ecosistema completamente diferente al actual. A medida que avanza el recorrido también resulta frecuente el encuentro con especies representativas de la fauna patagónica.
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Guanacos, zorros grises, piches, águilas moras y aguiluchos forman parte de las especies que habitan el área protegida. La combinación entre patrimonio paleontológico y vida silvestre convierte al lugar en un destino atractivo tanto para quienes buscan conocer la historia natural de la región como para quienes disfrutan de la observación de fauna.
Uno de los momentos más impactantes de la visita suele llegar en los miradores ubicados frente al denominado Valle Lunar. Desde allí se observa una inmensa superficie cubierta por fragmentos vegetales fosilizados de tonos rojizos, amarillos y marrones. La escena ofrece una ventana abierta hacia un pasado remoto que sigue emergiendo desde el suelo patagónico millones de años después.















