Argentina mejora en transición energética, pero la infraestructura limita el salto

Actualidad18/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El país subió un puesto en el índice del Foro Económico Mundial, sostenido por el acceso y la asequibilidad, pero con demoras en redes e inversión.

La infraestructura, que presentó una caída de 2,4 puntos, fue el principal factor de deterioro, derivado de una desaceleración en la incorporación de capacidad renovable
La infraestructura, que presentó una caída de 2,4 puntos, fue el principal factor de deterioro, derivado de una desaceleración en la incorporación de capacidad renovable

Argentina logró una mejora en el Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial, aunque el resultado deja una lectura doble para el sector. El país pasó de 55,6 puntos en 2025 a 57,4 en 2026 y escaló del puesto 57 al 56 entre 120 economías relevadas. El movimiento muestra una mejora moderada, pero también confirma que el salto pendiente depende menos de los recursos disponibles que de la infraestructura, el financiamiento y la capacidad de ejecución.

El indicador del Foro Económico Mundial evalúa la situación de los sistemas energéticos nacionales a partir de tres dimensiones principales: seguridad, sostenibilidad y equidad. Además, mide la preparación de cada país para sostener una transición energética en el tiempo, con variables vinculadas a regulación, inversiones, innovación, educación e infraestructura. En ese marco, la Argentina aparece con fundamentos sólidos en el sistema actual, pero con debilidades marcadas en los factores que deberían permitir una transformación más profunda.

Uno de los principales respaldos para la posición argentina es el nivel de acceso a la energía y el costo relativo para los usuarios. Según el análisis del WEF, el país conserva un perfil fuerte en materia de equidad energética, “gracias a una amplia cobertura de acceso a la energía combinada con costos relativamente favorables”. Esa condición permitió que el desempeño del sistema energético alcanzara 69,7 puntos, una de las puntuaciones más altas dentro de América Latina.

La mejora más visible apareció en la asequibilidad energética, que sumó 5,7 puntos respecto del año anterior. El Foro Económico Mundial vinculó ese resultado con una baja en el precio mayorista del gas y con valores de electricidad que se mantuvieron relativamente estables para hogares e industrias. “Esta subdimensión explica la mayor parte del incremento de la puntuación de Argentina”, señaló el organismo al describir el factor que más empujó la suba general del país.


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También hubo una mejora en la dimensión de regulación y compromiso político, que aumentó dos puntos. En ese caso, el avance estuvo asociado a una mayor estabilidad política y a una leve mejora en los indicadores de libertad económica. A su vez, el apartado de desarrollo económico subió un punto, principalmente por la reducción de los subsidios energéticos como proporción del PBI, aunque ese efecto fue limitado por una menor competitividad relativa en tecnologías bajas en carbono.

El principal retroceso apareció en infraestructura, que cayó 2,4 puntos y se convirtió en el mayor factor de deterioro del desempeño argentino. La baja se explicó por una desaceleración en la incorporación de capacidad renovable, junto con retrocesos menores en transporte e infraestructura digital. Para el WEF, la modernización de la red eléctrica y la simplificación de los procesos de autorización aparecen como prioridades inmediatas para evitar que la transición quede limitada por cuellos de botella físicos y regulatorios.

En seguridad energética, la Argentina muestra una posición más favorable por la disponibilidad de recursos domésticos y la diversificación de sus fuentes de abastecimiento. El país figura entre los ocho mejores del mundo en el subpilar de suministro, una señal vinculada al peso creciente de sus recursos energéticos y a la capacidad de sostener la oferta interna. Además, el nuevo indicador de minerales críticos ubica a la Argentina entre los 16 países mejor posicionados, por su lugar dentro del Triángulo del Litio y su relevancia potencial en cadenas globales de tecnologías limpias.


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Sin embargo, la solidez del suministro convive con un problema creciente: la pérdida de flexibilidad del sistema. Ese componente retrocedió 2,1% interanual y acumula una caída del 15% en la última década, lo que refleja dificultades para equilibrar oferta y demanda y absorber perturbaciones en un sistema con mayor presencia de generación variable. “Fortalecer la flexibilidad mediante almacenamiento energético, gestión de la demanda y una red eléctrica más adaptable debería ser una prioridad”, advirtió el WEF.

La mayor debilidad estructural sigue estando en la preparación para la transición energética, que obtuvo apenas 38,9 puntos en 2026. “Las limitaciones en ese sentido provienen de déficits en infraestructura, innovación, educación y financiamiento”, resumió el organismo. Aunque la Argentina tuvo un desempeño relativo mejor que el promedio regional, todavía se ubica por detrás de Brasil, Perú, Costa Rica, Chile y Uruguay, y necesita mejorar el acceso a crédito, la capacitación técnica y la formación de trabajadores especializados para convertir sus recursos energéticos en una ventaja sostenida.

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